La Casita

casitaEs la pura verdad que no faltan personas que consideran privilegiados y por ello dignos de envidia, a quienes se arriesgan a contraer créditos a largo plazo y pagar en abonos fáciles (?) una modesta propiedad, como que no cuenta más que 40 metros cuadrados. Así de pequeña que no debe costar más que 300 mil pesos, pero pagará en mucho más.
Y esto es así porque cientos de miles de mexicanos no tienen capacidad económica para hacerse del compromiso, no reúne los puntos para el crédito, carecen de empleo formal, carecen de trabajo alguno o no tendrían dinero para cubrir otras necesidades más importantes.
Por lo que resulta increíble que con propósitos ignorados y méritos lo mismo, hubo una empresa generosa y muy agradecida se permite el lujo de obsequiar una residencia un poco más grande que la citada, porque vale algunas decenas de millones de pesos. El como la empresa eludió a los fiscalizadores de ingreso para hacer un regalo tan valioso, quizá lo llegue a saber algún día el Secretario de Hacienda, el titular del Sistema de Administración Tributaria, sus revisores, las contralorías internas la Secretaría de la Función Pública, el IFAI en cuanto a quien recibió el presente, la Contaduría Mayor de Hacienda, algún periodista investigador, pero ¿ Y qué?.
Lo anterior da materia para platicar un tanto más, quien recibiera la dádiva o supuesto crédito, que es otra posibilidad, debió hacer algo importante o dejar de hacerlo, dado que un regalo de tal magnitud es inconcebible sin motivación suficiente, además que resulta insultante; si fuera financiamiento estará fuera del control oficial y su legislación y otorgarlo a un particular no cabe en el juicio (según decían los antiguos).
La empresa dadivosa debió cavilar bastante para ocultar la fuga millonaria a los accionistas, por mucho que gane dinero, por supuesto que primeramente al fisco, a sus contadores y empleados de la propia compañía, porque no se trata de un regalo navideño de pocos salarios mínimos. Pero es el caso de que la casita se construyó y fue adjudicada.
Naturalmente que surgió el escándalo, que no era para menos por su tamaño y más tratándose de una persona prominente o relacionada con ella y la nota roja es capaz de vender más periódicos, revistas, tiempo en medios electrónicos, a pesar de que no se había filtrado malestar alguno de tantas personas referidas en el apartado anterior.
Los empleados de la propia empresa, menos favorecidos con su generosidad, quizá no dijeron algo por temor a perder su empleo, que ahora vale más, los empleados hacendarios y fiscalizadores de todo tipo, no se habían percatado antes de la nota que salió de un periódico, que son varios miles y solamente algunos pudieron conocer el grave asunto, pero no se distinguieron por su probidad.Desde otro ángulo, las casitas de soborno, producto de la confiscación a narcotraficantes, criminales organizados, secuestradores, extorsionadores, provienen o afectan el patrimonio nacional, por lo que es de justicia regresarlos a su legítimo dueño.
Que sería en rigor, darles una utilización precisamente de servicio público, culturales, educativos y semejantes, ya que por sus características no resultan aptas para uso unifamiliar.
Y por otra parte, se considera remota la posibilidad de que los empleados encargados de que se paguen con honradez y oportunidad los impuestos, Hacienda, administración tributaria, fiscalías federal y locales, contadurías mayores y menos aún su consignación por falta de probidad y celo en el desempeño de su importante labor. Si bien debería asignárseles responsabilidades donde fuera sus propios vigilantes y su productividad fuera importante.
Las casitas confiscadas y vendidas, en todo caso podrían ser fondos para financiar a los trabajadores que pudieran pagarlas, en función del monto salarial y su probable permanencia en el empleo (asunto olvidado hace años por el gobierno y empresarios mexicanos desde hace décadas) Pero por supuesto, con mayor espacio y comodidades que las modelos INFONAVIT.
DEUDAS DEL PUEBLO.
Tales son las que adjudica el gobierno a sus gobernados, para adelantar la construcción de obras, la realización de trabajos urgentes, para cubrir emergencias y cosas por el estilo, de acuerdo con las explicaciones tradicionales, aunque algunos pensadores, que los hay sobre esta materia, consideran que lo más sano es sujetarse los gastos conforme a los ingresos.
Pero esa preferencia no existe desde la formación de un gobierno mexicano, porque se pidió prestado por vez primera para los gastos de coronación del emperador Iturbide, sin que se haya dejado de aumentar el endeudamiento ni se utilizara para los efectos señalados el dinero.
El respeto del aplicar el dinero prestado a emergencia o cosas de importancia fundamental no siempre se respeto; lo peor es que no se ha pensado en reducir los gastos, por una parte, ni las inversiones se efectúan en las mejores condiciones de costos. Es decir, la deuda no se trata de pagarla o reducirla y por el contrario, cada año el Congreso autoriza nuevos endeudamientos. Y los créditos cuestan, hay que pagar comisiones (que en ocasiones se han elevado por encima del 50% de lo prestado y las cobran por adelantado) y si no se amortizan a tiempo, si hay que renegociar, además de los intereses que se aumentan, generan nuevas comisiones y a los bancaos les encanta eso de renegociar, porque aunque rebajan los intereses, aumentan el plazo en que persiste la deuda.
Cabe llamar la atención que el malestar, la molestia popular por esto de la deuda pública, son pasajeros, a sabiendas de que su origen, el de la deuda gubernamental, es en buena parte, producto de los lujos que están a la vista, del despilfarro, de la sobrepoblación burocrática, de filtraciones y demás lacras bien conocidas, aunque parte de ese pueblo se muestra feliz, aunque no todos sean mexicanos, son los bancaos que ven su negocio en crecimiento constante.
La deuda significa que una parte de la producción nacional o de cada entidad federativa, se entrega a los financieros a cambio prácticamente de nada, esto cuando hay renegociación.
Y los contribuyentes dejan de sufrir por la deuda, para molestar por las alzas de impuestos, nuevos impuestos, o alzas de cuotas, que los aumentos adoptan diversas modalidades.
Y el tamaño de la deuda en este año del 2014 es tal que no merece el nombre de mega deuda, que significa que se deberían millones, que en el caso de Coahuila son nada menos que 34 mil y algo más de millones que se denominan como giga deuda y en el dato de la federación es una cifra superior, más de 100 mil, pero en aquel caso son pesos y en el federal la giga deuda está en dólares.
INVERSION EXTRANJERA.
A diferencia del gobierno chino que hace una década comenzó a intensificar el fomento de su mercado anual cercano al 9% de su producto interno bruto, México sigue preocupándose por atraer inversiones extranjeras, que como los productores nacionales, tratarán de ganar terreno en el mercado internacional, que en general se halla deprimido.
Pero la mayor crítica al aumento de la inversión extranjera se encuentra en que genera desocupación interna, es decir que sus empleados no compensan la desocupación que generan con su alta tecnología. Y los empresarios nacionales no han podido contrarrestar el desempleo, mediante al producción del elemento demandados por las nuevas empresas extranjeras, sino que por el contrario abandonan sus actividades, venden sus compañías y los insumos de aquellas deben importarse o traerán a sus filiales alimentadoras.
El mercado interno se debilita por esa desocupación adicional, que tampoco compensan los extranjeros, llegados tras la baratura de la mano de obra y sus menores exigencias de prestaciones promovidas por las reformas.
Es válida la suposición original a favor de la inversión de otros en el país, de que mejoran la calidad y productividad de los trabajadores, pero la población que ocupan es de baja significación, aunque los capacite económicamente, no serán capaces de sostener la economía de los no laborantes.
El gobierno mexicano lo mismo que sus empresarios, vale repetirlo hasta que surta efecto, parecen ignorar que es la fuera de trabajo la creadora de la riqueza, pero antes, de los satis factores de necesidades y en medio, de los ingresos que constituyen el mercado interno.
Para mantener un mercado fuerte necesitan pagar bien a los trabajadores, los agentes activos del aparato económico, lo mismo que abrir constantemente fuentes de ocupación, las cuales no interesan mayormente a los extranjeros, sino en la medida que los salarios en el país, sigan siendo bajos, atractivos a los inversionistas por ser menores a los de otras latitudes.
Su gobierno, el nacional, debe facilitar las inversiones con los medios a su alcance y los extranjeros tomarlos solamente a manera de complemento, siendo válido recalcar esto, porque en las décadas recientes los importante ha sido el capital extranjero y el marginal es de los nacionales y ambos han sido insuficientes para lograr un desarrollo económico aceptable y una ocupación importante.

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