De las cuestiones radicales: el primer cuestionamiento y el segundo nacimiento

(primera parte)

Por: Dr. Ramsés Leonardo Sánchez Soberano

ramses.sanchez@ulsa.mx

hegel

Hegel.

Si pensar radicalmente es una liberación de lo más familiar entonces debemos preguntarnos ¿qué hace pensar el pensamiento? Hubo un tiempo en el que esa búsqueda fue propiedad del sabio, pero hoy, cuando las ciencias del espíritu, resguardadas en las universidades y calificadas de profundidad inútil, se hacen cargo del problema del hombre, nos encontramos en aporía. En esta situación se testifica el uso de una lengua independientemente de los acontecimientos. Ese es el sentido de la debilidad del pensar y aquello que señala que, muy a pesar de las apariencias, el presente no tiene espacio para el asombro original ni para la sorpresa si está erigido en un modo de ser que, a través de la distracción y del consumo, pretende sobrepasar las diferentes caras de lo ‘establecido’: habitamos un pensar que debe fingir que todo nace de una originaria conmoción.

La fragilidad del pensamiento actual consiste en que, como recordaba Hegel, nos hemos olvidado de lo originario y nos alimentamos de «cieno y agua», como el «gusano»[1]. Este precario alimento se exhibe cuando en la vida cotidiana se acepta que el mundo es tal y como aparece. Que no hay y no puede haber nada por hacer para su transformación sino buscar únicamente autosatisfacción. Esta es la naturaleza de una vida que ya no escucha: una vida «sin orejas, como vientre con hambre»[2]. He aquí el fondo de la divinización de nuestros cuerpos: vida pragmática apegada a una sórdida revolución. Esta sujeción corresponde a un existir que ha interiorizado que la realidad es tan obvia que no hay por qué ponerla en cuestión y que la óptica mercantil, solipsista, autocomplaciente, en tanto que lógica del presente, consiste en mostrar la orientación eficiente de una clase social que intenta estar a tiempo. Así, en un presente administrado por la cuantificación y la medición, las preguntas que cuestionan originariamente huelen al hedor del antiguo hombre culto.

Para pensar un saber originario, anterior a la teorización o autosatisfacción de sí, hay que retrotraernos a un horizonte previo a cualquier tipo de representación. Los filósofos han confundido este movimiento primordial con aquel donde se presenta, al interior del mundo, el anuncio de la muerte[3]. Pero, frente a los profetas del nihilismo, mantenidos en la disputa entre el ser y la nada, la Epístola a Meneceo de Epicuro haría irrisoria aquella situación[4]. El acontecimiento originario en el que un ser seguro de sí mismo se cuestiona inicialmente por su sentido, para entonces convertirse en una cuestión y volverse a sí mismo un problema, consiste en abrir la posibilidad de abandonar por vez primera su ingenuidad, ésta es la situación fundamental. Ella se revela como la búsqueda por evitar la violencia, como la comprensión de la unidad trascendental de la intersubjetividad, como la búsqueda de lo que está fuera de la mismidad. La situación fundamental consiste en comprender cómo superar el egoismo. Sin embargo, en tanto que su acceso es patético, no es una situación destinada para todos. Esta requiere la mayor responsabilidad[5]: comienza con el advenimiento de lo otro para mí, con el cuestionamiento originario, con la confrontación con lo que realmente se es.

Lo anterior señala que es posible repensar lo que hemos sido. Esto nos conduce al sentido del nacer. Si nacer significa no ser la medida del acontecimiento que nos está dirigido sin mediación previa, entonces ser es estar de antemano constituido. No obstante, el nacimiento se distingue de cualquier otra situación humana en tanto que acceso originario a otros acontecimientos. Abre lo posible a través de una vida que dice yo[6]. El existente realiza sus quehaceres sin prestar atención al otorgamiento del mundo que le fue dirigido y trata lo mundano, las cosas, las personas, los asuntos, etc., como verdaderos, válidos y efectivos a partir de los valores establecidos por su núcleo familiar. Cuando se dirige atentamente a sus obras lo hace con el conjunto de concepciones que conforman su mirada. Extiende esa óptica a los hechos a juzgar y llega, gracias a los significados judicativos de los que dispone, al mismo punto de partida. Así, si el yo quiere superar la visión que determina sus prácticas, aceptadas como correctas y verdaderas en el interior de su mundo familiar, debe tomar franca conciencia del cautiverio en el que se encuentra en tanto que haber nacido «allí». En el nacer, la existencia es acogida en un mundo que ya cuenta con intereses peculiares. Y, de cara a ellos, el existente despierta su anhelo de reconocimiento y de los prestigios que circundan su comunidad. Sus proyectos están referidos al horizonte original que le constituye en lo familiar. Ellos son puestos en juego en la lucha entre los valores que se apoderan del existente y el deseo humano de libertad. Así, con anterioridad al advenimiento de la comprensión de su finitud, el hombre merece saber si está atrapado por lo que cree poseer o si ha comenzado a ser realmente libre. Este autocuestionamiento, que resulta de esta confrontación, sugiere el abandono de la condición en la que está de antemano implicado.

La libertad que supone el removimiento de un ser que se lanza hacia otra visión solo es pensable como un movimiento que pertenece a la naturaleza de la existencia. Comienza con la liberación de la mirada en tanto testimonio de un yo que se sabe atrapado. Así, con la toma de conciencia de un ser inicialmente cautivo, esta liberación de lo que se ha sido es comprensible en los términos de un «segundo nacimiento». Él señala la primera situación en la que sí se decide hacerse cargo de existir. De este modo, ¿de qué se siente orgulloso un ser que piensa de acuerdo con el sistema de significaciones que le deja pensar? La respuesta es un misterio. La mitificación de las tragedias del hombre actual es la prueba del dominio de una cosmovisión sobre la ingobernable aventura de la vida, pues una vez que se mira libremente ningún valor está asegurado.

Lo abierto en el pensar soberano, la experiencia radical de un ser que se vive originariamente, es la asistencia primerísima al modo de ser de la existencia. Ella comienza, en un mundo que no se ha elegido, como desconocimiento de sí y como alienación. Coincide con la naturaleza oculta del existir que se ha mantenido en una servidumbre inmemorial y con ella nos es dado el primer rasgo de humanidad. El descubrimiento de esta alienación se opone al modo de ser de un existir que está sometido a lo que le circunda. Solo así puede comenzar a deliberar. Un ser que ha abandonado su servidumbre inicial es una vida que se libera. Y la violencia de esa liberación, infligida sobre sí y su vida, es una vivencia absoluta, un padecimiento más verdadero que toda verdad. En él se vive el derrocamiento de los valores que mediaban entre el mundo y ese primer desvelamiento que se vive en soledad. Así, tal como a los griegos les fue dada la tikhé, a partir de aquí el yo es el artífice de su propia historia.

nietzsche1

Nietzche.

Con todo, si el «segundo nacimiento» comienza con el drama de un ser que desampara lo que le tenía secuestrado, él ya no responde a la moral aristocrática, tan cara a Nietzsche y sus comentaristas, antes bien, acude a la muestra de la dificultad de alcanzar una verdadera libertad. Ésta no es cuestión de meras apariencias, revela el acontecimiento primerísimo del ser. Un hombre libre no puede decidir retornar al periplo dramático del sujeto cándido y mantenerse, a pesar de los agravios, en los mismos principios. La familiaridad con la que un ser se entrega a la comodidad y al placer es desde ahora, una vez comprendido el primer adiestramiento, el artificio que dramatiza la cobardía de una existencia ocupada en cuidar lo que le protege. Coincide con la oscura intuición de «ver» que más allá de las protecciones familiares ya no hay nada. De manera que, una vez que se ha captado un evento tal, regresar a casa coincide con el temor, con el horror de descrubrir que no se tiene nada.

Si la violencia que padece un ser ante lo inhóspito, lo no familiar, lo Otro en tanto que otro, es vivida como abismo, como anonadamiento, como puro terror, entonces el regreso a casa revelaría su cansancio. La nada se llenaría, finalmente, de familiaridad y sosiego. Este retorno testifica que la vida ordinaria debe ser comprendida como lo que goza ser dominado por el sentido establecido y las significaciones fijadas de antemano en los mundos familiares. De donde estas predeterminaciones conducen a la paz en la que un ser puede mantenerse inalterable y satisfecho. Un ser que ha terminado de adaptarse a la moral circundante se pregunta por qué hay quienes descansan con quietud, sin tedio, con serenidad y dicha. Su mirar solo podrá ver que esa felicidad, nacida de la ignorancia y el goce, solo pide indiferencia y continuidad en los goces de los placeres propios a la alienación. Pero un ser que ha terminado, que se ha asentado en principios que no ha conquistado desde sus vivencias, ha perdido toda posibilidad para alcanzar lo que todavía se encuentra más allá de lo de sí. Él se ha prohibido radicalmente acudir a nuevos y más profundos acontecimientos.

 

[1] Cf., W. G. F. Hegel, Phänomenologie des Geistes, Werke 3, STW, 1970, p. 17.

[2] Cf., Emmanuel Levinas, Totalité et infini, p. 142.

[3] Cf., Martin Heidegger, Sein und Zeit, Max Niemeyer Verlag Tübingen, 2001, pp. 234-237, 240-251.

[4] Cf., Epicuro, «Epístola a Meneceo» en Obras completas, Cátedra, Madrid, 1995, p. 88.

[5] Cf., Emmanuel Falque, Le Passeur de Gethsémani. Angoisse, souffrance et mort. Lecture existentielle et phénoménologique, Cerf, Paris, 2004.

[6] Cf., Claude Romano, L’Événement et le Monde, París, PUF, «Épiméthée», 1998, p. 32.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s