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ENSEÑANZAS DEL CONEJAZO

Baile y Cochino.-

Por Horacio Cárdenas.-

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No de balde Miguel Ángel Riquelme Solís, gobernador del estado de Coahuila, busca llevarse la capital de la entidad de su asiento actual, Saltillo, a Torreón, en tan solo un mes Riquelme se ha venido a dar cuenta de que aquella sentencia histórica de su antecesor en el cargo, Eliseo Mendoza Berrueto era cien por ciento cierta: pinches coahuilenses enredosos… mejor tratar con laguneros, que sí, son como la “Refregada”, pero por lo menos tiene uno perfectamente claro quiénes son amigos y quienes son enemigos, en cambio en Saltillo… los que no son enemigos son traidores… y “ai te encargo” tener que gobernar seis años con esta clase de gente.

Bueno, lo de la cambiada de la capital es un rumor que están propalando precisamente los saltilleros, encantados de tener alguien de quien hablar mal, de preferencia un “fuereño”, y como eso de chalear todas las tardes desde hace veinte años de lo que hace y deshace el obispo Raúl Vera López, ya terminó por aburrir a la gente más aburrida del planeta, pues encantados de colgarle el sambenito a Riquelme de que quiere despojar a Saltillo de su  más preciado bien: el derecho de mantenerse y de pasada mantener a todo Coahuila en el más abyecto atraso decimonónico al estorbar cualquier iniciativa de desarrollo. Que sí sí, o  si no lo del borrego de cambiar la capital, nadie lo oyó de primera mano, pero de lo que no hay duda es de que alimenta el chismerío saltillero para regusto de esta gente enferma.

Pero así de odiosos  como son los saltilleros, también tienen lo suyo de hipócritas, de allí las “muestras de consternación” que han dado con el vergonzoso, incómodo pero picosito asunto de la detención de uno de sus hijos dilectos, saltillense de toda la vida y descendiente de una de las mejores familias de la aristocracia comarcana, Alejandro Gutiérrez Gutiérrez, mejor conocido para escarnio de todos, como La Coneja. Primero el escándalo de su detención, no solo por tratarse de uno que se pensaba intocable, integrante de la clase política, del grupo gobernante y de la élite priista,  si la echaban el guante de la justicia a Alejandro ¿Quién podría considerarse a salvo de las venganzas entre partidos políticos?… ¡nadie!, y es que se operó a velocidad del rayo su captura sin darle “chance” de treparse a uno de sus aviones y poner distancia de por medio, luego su encierro en el penal de más “caché”, el de Chihuahua, y el dictamen del juez de la causa de atorarlo por seis meses de prisión preventiva, y ya cuando comenzaba a morir el chisme preocupón, zúmbale, que le dan otro año, ya no por otra cifra escandalosa como los 250 millones que detonaron su aprehensión,  sino por tristes millón 700 mil, con lo que en la mente de los chihuahuenses y de los políticos que mapachean en aquel estado de la República ha echado raíces la idea de que Corral y sus panistas no están perdonando ni al que se roba un chicle. Si la cosa para allí, y no surten efecto los desesperados esfuerzos de sus abogados, La Coneja pasará dieciocho meses en el bote, luego de los cuales seguro saldrá políticamente reivindicado como víctima de las venganzas del sistema, y rejuvenecido como la Gloria Trevi, otra célebre inquilina de aquel Spa penal. Año y medio de tema para que los saltilleros chismeen a su gusto a costa del pelaje trasquilado de uno de los suyos.

Pero de lo que no se habla, y que debería hablarse, es de los montos del supuesto desvío de recursos de la Secretaría de Educación del Estado de Chihuahua que habrían ido a parar a la campaña del Partido Revolucionario Institucional a la gubernatura de la entidad, y de lo que para acabarla de regar, habría habido conocimiento y anuencia de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público del gobierno federal. Dicho así, 250 millones y 1.7 millones, suena a poco o mucho dependiendo de lo que cada quien traiga en la cartera, por eso es importante tratar de poner las cosas en perspectiva y es allí donde radica la verdadera enseñanza del Conejazo.

Viene a resultar que desde el día 3 de marzo del año 2016, el Instituto Electoral del Estado (de Chihuahua), estableció como límite para el gasto de la campaña de gobernador la cifra de 48 millones 393 mil pesos. Esto quiere decir que el dinero desviado de la Secretaría de Educación y supuestamente inyectado a la campaña del candidato del PRI a gobernador Enrique Serrano Escobar equivale a más de cinco veces el tope máximo a gastar… más todo lo demás que haya provenido de otras fuentes, incluyendo la asignación del IEE a su partido, cabiendo aquí la acotación de “y ni aun así” le pudieron ganar a Javier Corral Jurado, artífice de esta debacle económico político electoral, que si se alimenta con cuidado, puede incendiar tanto al gobierno de Enrique Peña Nieto como la campaña del candidato del PRI a sustituirlo José Antonio Meade.

Todavía no se apaga en Coahuila el eco de los problemas poselectorales que casi le cuestan a Miguel Riquelme Solís la posibilidad de ocupar la gubernatura ganada en las urnas el 4 de junio de 2017. El meollo del problema fue el rebase del tope de campaña de gobernador era de 19 millones 242 mil 478.57 pesos, apenas dos quintas partes de lo que autorizó para Chihuahua su instituto electoral, pero si recordamos que hubo por allí una acusación en contra del candidato del PAN Guillermo Anaya Llamas ante la Fiscalía Especializada en Delitos Electorales por haber supuestamente usado recursos por setenta millones de pesos en tarjetas bancarias para compra y coacción del voto, nos damos cuenta que los números de las instituciones electorales son una mera burla para los candidatos, para los partidos políticos y los grupos de poder que están detrás de ellos, que se pitorrean no solo de aquellas, sino del pueblo al que pretenden gobernar.

Seguramente los 251 millones 700 mil pesos son solo la proverbial punta del iceberg de la corrupción que imperó en la elección de Chihuahua en el año 2016, si se sigue indagando seguirá saliendo mugre, y todo se lo debemos a Alejandro Gutiérrez, distinguido saltillense víctima expiatoria (hasta ahorita) del Conejazo. Pero no nos quedemos con eso solo, la misma fórmula se usó, según fuentes, en las elecciones de otros cinco o más estados, y bueno, de allí solo queda deducir que proceso electoral limpio… no ha habido ni uno solo. Cuando se dé una vuelta por el penal de Chihuahua agradézcale a La Coneja haber acabado de un solo trancazo con la inocencia del pueblo mexicano y la credibilidad del sistema electoral vigente.

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