El otro Saltillo

LA QUIMERA DE PEP.-

Escribe: JL Cuevas.-

derramadero1

Una ciudad como la nuestra, tan pequeña si la comparamos con los grandes monstruos metropolitanos del país como Monterrey o la CDMX, pero tan polifacética como pocas. Una ciudad que lo mismo es amable que mal encarada, igual hay una prolongación de la quinta avenida de Nueva York o te sientes en los más “pesados” barrios centroamericanos. Un lugar que posee un museo en el que lo mismo hay osos en cautiverio que fósiles de dinosaurios. Una ciudad que lo mismo tiene gente consciente o personas que arrojan basura por la ventanilla del auto; que organiza carreras deportivas cada fin de semana pero aprovecha las promos de cheve y licor.

Saltillo no es ajeno a las dualidades nacionales, el bien y el mal, el diablo y diosito, los tacos con mucho chile del que pica y los dulces regionales. Pero como dice el propio argot nacional, a falta de pan, tortillas. Una nueva dupla se ha ido gestando, si nos ponemos estrictos, desde los años setenta, cuando la vocación industrial de la localidad comenzó su acentuación: derramadero. Si bien el Grupo Industrial Saltillo tenía sus sedes en la ciudad (hoy día muy céntricas), el polo opuesto era la planta Chrysler que se localizaba a más de veinte kilómetros de distancia hacia el sur, con rumbo de la carretera a Zacatecas, en los terrenos del ejido Derramadero, hoy considerado el otro Saltillo.

Por entonces los planes de desarrollo apuntaban un clúster industrial en el futuro, uno que hoy día es más que una realidad y se ha ido consolidando en los últimos años. De ahí el comentario de esta semana, en el que la prensa comienza a llamarle “el otro Saltillo”, un lugar que hoy día ya cuenta con hoteles, pero que se espera también sea sede de fraccionamientos para quienes decidan encaminar el desarrollo de su vida ahí. La industrialización haciendo de las suyas. Parece que no importa que la carretera sea precaria e insegura, y que los accidentes vehiculares los podamos agrupar por “cuántos ha habido esta semana o la pasada”, cuántos han muerto, cuántos camiones de transporte de personal se han involucrado o cuántas familias han quedado laceradas.

El otro saltillo florece y conforme pasen los años se acercará al Saltillo que habitamos. La industrialización está pasando una cuenta muy alta.

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