Por un puñado de puercos pesos

BAILE Y COCHINO.-

Por: Horacio Cárdenas.-

leones

Si nuestros recuerdos preparatorianos no están errados, era Platón el que decía que no había invención humana que no so corrompiera, si era la democracia, devenía en demagogia, si era autocracia, se convertía en dictadura, y así por el estilo cuanta forma de organización social se planteara, traía en sí misma el gen de su decaimiento y putrefacción. Eso en la antigua Grecia, lo triste es que un par de miles de años después, las cosas sigan exactamente igual, si no es que todavía peor, los mismos sistemas políticos, formas de gobierno y de organización, se publicitan como ideales, como las soluciones a las necesidades del pueblo, y más temprano que tarde, demuestran que tenían un objetivo totalmente distinto, el del hacerse del poder político y económico, de controlar cualquier disidencia, aplastándola hasta dejarla en cero.

Ojalá que las cosas fueran diferentes, que la evolución de las sociedades, de las instituciones y de las personas, siguiera una ruta en espiral siempre ascendente, pero desgraciadamente es más probable que ocurra lo contrario. Ejemplos sobran, uno que jamás pensamos tocar periodísticamente, si no por otra cosa porque no hubo nunca motivo malo, puros buenos, fueron los clubes de servicio y sociedades mutualistas, que en Saltillo tienen una larga, larguísima historia y tradición. Pero allí también se aplica la norma socrática, de que se corrompen porque se corrompen.

Allí tiene sin ir más lejos el triste caso del Club de Leones de Saltillo, una organización humanitaria, así con todas sus letras, que durante décadas cumplió con la misión de ayudar, simple y llanamente ayudar, a quienes tuvieran necesidad de ello. Todos recordamos las campañas de lentes, de sillas de ruedas, de bastones, las grandes, de operaciones quirúrgicas realizadas gratuitamente por médicos norteamericanos altamente especializados, que le devolvieron la calidad de vida a mucha gente aquí de la capital de Coahuila y del interior del estado.

El Club de Leones se mantenía de las aportaciones de sus miembros, además de la renta del famoso local que tuvieron durante muchos años en boulevard Venustiano Carranza, donde lo mismo se organizaban aquellos concurridos bailes del recuerdo, que toda clase de eventos sociales. De allí salía, tenía que salir, para todos los proyectos del Club.

Realmente no era demasiado dinero el que se juntaba, pero entre las ganas de trabajar por el bien de los demás, hacía que los socios cubrieran con su tiempo aquello que hubiera menester. Así funcionó muy bien, lamentablemente la membresía comenzó a hacerse vieja, sin ninguna intención peyorativa, los socios de mucho tiempo allí siguieron, pero cada vez había menos solicitudes para integrarse al club. ¿resultado?, pues que aquellas juntas semanales comenzaron a menguar en asistencia, había también mucho menos dinero y también menos capacidad para participar en los proyectos.

Lo de la Feria de Saltillo era un triunfo solo para cubrir todo el turno, y en fin, comenzó a hablarse de renovación, de invitar a más miembros, pero entonces surgió el más grande de los proyectos que hubiera enfrentado el Club, uno no orientado al servicio, en los que siempre habían sido exitosos, sino de orden económico.

En efecto, no sabemos si surgió del Club, de algún socio o fue idea de algún particular, que se acercó para proponer que allí, en la sede de los Leones, sobre Venustiano Carranza, ese local que había dejado de ser atractivo para bodas y quince años, ¿Qué tal si se hacía una plaza comercial y se rentaban los locales?, así como se lo expusieron a los socios, la cosa sería un negocio redondo, para una organización que requiere de mucho dinero para apoyar a los demás, aquello sonó como dinero contante y sonante. Para luego es tarde, se le dio visto bueno al proyecto y se comenzó con el derribo del viejo local para construir varios espacios al gusto de los clientes, que al parecer ya se tenían apalabrados.

La promesa al Club es que ellos no tendrían que desembolsar un solo centavo. Sería una empresa la que tirara, edificara y administrara los locales en renta. Hasta de conseguir los clientes se haría cargo, a los Leones les correspondería cobrar mensualmente una cantidad nada despreciable de dinero, que ahorita vale decir, no entra en sus arcas, y a la vuelta de 20 años o algo así, retomarían su terreno con lo construido. Redondo el negocio.

A los de buenas intenciones, se les conmovió el corazón de todo lo que podrían comprar en apoyos para la gente necesitada… y a los otros les brilló el ojo de lo que “manejarían”.

Aquello que había sido todo concordia durante cincuenta años, de repente se convirtió en una cena de leones negros. Nada más les faltó llamar a la fuerza pública… no es cierto, sí la llamaron, nada más les faltó desconocer al presidente, no es cierto, sí lo desconocieron. Y si le cuento que vaciaron las cuentas de cheques, para chisparse lo que había, alrededor de doscientos mil pesos, también créamelo. Aquellos, que habían sido puros hombres de bien, gente de buena voluntad, exitosos cada quien en su desempeño profesional y laboral, de repente se los encuentra trenzados de la melena, por un puñado de billetes.

De los billetes actuales que no eran muchos, y de los que van a granear mes con mes, rondando los varios cientos de miles de pesos cada treinta días, y con los que ya uno que otro quiere que se paguen las comidas, las cenas, las bebidas, esas que siempre corrieron por cuenta de cada quien, para no tocar lo que era para AYUDAR.

No le platicamos el final de esta lastimosa historia, porque todavía está en proceso, y antes que termine seguro que más de uno va a salir con la melena desgreñada.

Normalmente no platicamos de esta clase de cosas de las pocas instituciones que habían logrado mantenerse por encima de las corruptelas de otros sitios, pero precisamente por eso ponemos el dedo, para que les de vergüenza y traten, logren regresar a lo que alguna vez fueron, un sitio decente para servir a los demás.

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