JAQUE AL GRUPO SALTILLO

BAILE Y COCHINO.-

Por: Horacio Cárdenas.-

blasito8

De izquierda a derecha, Blas José Flores, exrector de la UAdeC; el exgobernador Rubén Moreira y el extesorero Jesús Ochoa, todos inmiscuidos en el saqueo a la UAdeC.

El territorio de Coahuila es grande en extensión, aunque no demasiado en población, lo que sí, pero si algo es característico de la entidad son los regionalismos, exacerbados quizá por las largas distancias y escasas comunicaciones que hacen que los habitantes de aquí o de allá se sientan abandonados y con derecho a hacer lo que les venga en gana, sobre todo porque con todo lo anterior ¿Quién viene a decirnos que esto o aquello está mal hecho?, y cuando llegan a venir a regañar, ya pasó el suficiente tiempo como para que ya no tenga remedio.

Como producto natural de los acendrados regionalismos, por lo demás con los que están muy a gusto cada quien en su pedazo de Coahuila, están los grupos políticos regionales, que si bien pueden y de hecho se cobijan bajo los colores y el emblema de este o aquel partido político, lo cierto es que primero se reconocen como coterráneos que como correligionarios, y como coahuilenses solo cuando hay que ir a enfrentarse con los de otros estados o con el siempre visto como injusto y abusivo, poder central, al que se le cargan todas las tragedias nacionales, regionales, locales, familiares y hasta los dolores de muelas.

Acá en Coahuila se pueden identificar todos los grupos políticos que usted guste, se pueden contabilizar tantos como las casas de Alcohólicos Anónimos, los clubes de servicio, los de jardinería, los grupos de amigos de los martes, los de los jueves, o todos los anteriores sumados. Así es la grilla, cada quien se siente líder y a sus cuates los hace formar parte, a veces sin siquiera enterarlos, de su “grupo político”. Pero bueno, de los que sí tienen trascendencia, en cuanto a que han tenido el control político, lo tienen o esperan regresar a él, están básicamente el Grupo Laguna, uno con fuerte tendencia endogámica y con visos declaradamente secesionistas,  y el Grupo Saltillo, con raíces seudo aristocráticas, que de repente da entrada a candidaturas como las de Humberto y Rubén Moreira, solo para dar impresión de que hay cambio, de que hay democracia, aunque en el fondo la intención es de que sus intereses permanezcan intocados, ellos tienen la idea de que el gobierno está para servirlos, lo cual no ha estado demasiado alejado de la realidad durante por lo menos un siglo; está también el motejado por sus malquerientes como los Barbaros del Norte, que tuvieron su época de gloria en el sexenio de Rogelio Montemayor Seguy, y que viven al acecho de regresar por sus fueros en cuanto los otros se descuiden.

Está perfectamente claro que el grupo dominante en este momento es el comandado por el gobernador Miguel Ángel Riquelme Solís, de pura cepa torreonense, pero con fuertes vínculos con la política saltillera, quien encontró en él no solamente alguien que mangoneara la grilla en la región, sino suficiente afinidad como para designarlo su delfín. Con la llegada de Riquelme a la gubernatura de Coahuila se esperaba una avalancha de laguneros, que habrían de invadir si no todos, la mayoría de los mandos altos y medios en la administración estatal, concediéndole a las otras regiones apenas lo suficiente para que no se alebrestaran y comenzaran a querer hacerle la vida de cuadritos.

Pero el estilo del gobernador no es el de avasallar, lo que no quiere decir que no tenga las riendas firmemente sujetas. Los no demasiados laguneros que han sido llamados a colaborar con la administración estatal, no están en el primer nivel, allí donde suelen llover los catorrazos a cambio del muy cuestionable y menos duradero honor de presidir cuanta ceremonia cívica hay, que encima caen en día feriado, ¡Qué flojera! Sí, hay gente que le encanta estar bajo los reflectores, salir en la foto, pero el control real, lo tienen otros que ocupan las subsecretarías y las direcciones generales.

Dicen las malas lenguas que en la oficina de la Secretaría de Finanzas no firman nada que no vaya con la antefirma de este o aquel subsecretario. Esto que puede parecer un procedimiento normal, de que el subordinado ya revisó la documentación y la encontró correcta, funciona exactamente al revés, la antefirma es la orden de que el de arriba firme, pues para eso lo pusieron, para que aparezca como responsable, pues efectivamente lo es… aunque en este sexenio, el tiempo que consideren que debe ocupar el cargo, su excesiva pasividad y fidelidad de tapadera, puede salirle extremadamente costosa.

Desde el domingo de esta semana se ha estado ventilando alguna información de algo que no fue ninguna novedad durante el sexenio pasado, las operaciones de desvío de recursos presupuestales a empresas fantasma, creadas con el propósito de emitir los comprobantes fiscales que dieran aparente legitimidad a las compras y asignación de contratos, en una práctica que cuando se reveló a finales del sexenio de Rubén Moreira, le costó el puesto a María Esther Monsiváis, si bien el asunto no pasó a mayores, o no ha pasado, pues por allí los morenistas en el Congreso de la Unión quieren que esto no se quede así.

El punto no es que haya ocurrido recurrentemente lo de la asignación directa de compras y contratos, que según, sumarían cuatrocientos millones de pesos en la primera contabilidad, pero que podría ser bastante más dinero, la cuestión es ¿Por qué sale a relucir en este preciso momento?, claro, los periódicos hacen su luchita, pero como que en este caso huele a que la campaña trae dedicatoria, una no focalizada en la persona que se ha señalado y que hoy detenta el cargo de secretario de finanzas, sino contra todo el grupo Saltillo, pues a nadie le escapa que Blas Flores siempre ha sido un peón en las fichas blancas (no podrían ser las negras) que de un tiempo a esta parte controla José María Fraustro, desde las diversas posiciones que ha ocupado y mediante las alianzas que ha ido forjando, que lo han proyectado hasta aquellas.

¿Cuál es la lectura?, ¿la gente del grupo Laguna ya se cansó de estar como segundones y quieren salir en la foto, en todas las fotos?, ¿considera el gobernador y su equipo que el “gabinete de desgaste” ya rindió, ni siquiera a un año de haber asumido sus cargos?, ¿hay algo más de fondo que el regionalismo político del que hablábamos al principio, que quieran reemplazar a los grillos locales, pese a su utilidad para con la nada fácil, más bien terriblemente difícil sociedad saltillense?

Sea lo que sea, no hay reversa, los señalamientos están allí, las supuestas pruebas parecen sólidas a reserva de ser verificadas, está el antecedente de que a Blas Flores se le había llamado desde principios de año para solventar unas observaciones nada encomiables de su gestión como tesorero… ni siquiera como rector.  Quien sea que echó a andar la maquinaria, lo hizo a sabiendas que sería luego difícil o imposible detenerla, ¿Dónde parará esto?, todavía está la partida a medias, sin embargo de momento el grupo Saltillo está en jaque.

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