Esas venganzas políticas

BAILE Y COCHINO.-

Por: Horacio Cárdenas Zardoni.-

venganza2

La verdad no sabemos si está allí, si lo vimos en el catecismo ya se nos olvidó, así de mucha atención pusimos en la salvación del alma, pero tanto si está como si no, la venganza califica perfectamente para ser uno de los pecados capitales, y en un descuido para ser el primero de ellos, pues como dicen los abogados en los programas de Netflix, no es algo del instante, una reacción descontrolada contra algo o alguien, sino que lleva las agravantes de premeditación, alevosía y ventaja.

Los que presumen de intelectuales, de literatos, pero que también tienen un pozo de ponzoña allí donde deberían tener instalado el corazón, dicen que la venganza es un plato que sabe mejor cuando se sirve fría, han de tener razón, pues para esta clase de gente es un disfrute el estar rumiando su odio durante semanas, meses o años, y sí, un placer incomparable cuando finalmente descargan su venganza contra quien se las hizo, o contra quien creen que se las hizo, porque también, para eso de odiar basta con haber imaginado la afrenta, siendo irrelevante haberla sufrido en carnita propia.

Pero una cosa es la venganza que puede alimentar cualquier mortal, de esas que incluso le sirven para pasar el rato en una existencia por lo demás aburrida, y que de tanto recocerse, terminan mal, reseñadas puntualmente por los colegas de la página policíaca, quienes las recogen como “viejas rencillas”, que duran a veces toda una vida, e incluso hasta varias generaciones, pero hay otra clase de venganzas, las de los políticos, que estas suelen tener implicaciones mucho más amplias y profundas que la muy focalizada puñalada o balazo.

El buen político sabe esperar, esperar por lo bueno, y también esperar para lo malo. Así como puede esperarse sexenios, varios, para ver cumplido su sueño de gobernar o administrar, así también no le cuesta demasiado trabajo esperar para vengarse, con el agravante de que siendo como normalmente son, fríos y calculadores, aguardan el momento en que su acción sea más espectacular, más dañosa, y de ser posible, tan contundente, que no de espacio para que el otro se levante, porque hay que tener presente, como decía El Tlacuache Garizurieta, que entre gitanos no se leen la buena fortuna, pues tan vengativo es uno como el otro, si no es que todavía más, pues sabrá reconocer a un enemigo jurado.

Acá en Coahuila tuvimos un caso clásico de venganza política, digno de figurar en los manuales, Enrique Martínez y Martínez, uno de los gobernantes más soberbios, soberbio de pecado se entiende no de que fuera digno de admirarse por nada, se vanagloriaba de dos obras realizadas durante su sexenio, los distribuidores viales Venustiano Carranza, en Saltillo, y el Revolución, en Torreón. Él mismo o alguno de sus alelotes con su aplauso, llegó a decir que era una obra que se veía desde la Luna, ¿así de modesto o más?, pues bien, Enrique fue un gobernante que se hizo odiar, como pocos, de sus colaboradores, ojo, no de sus cuates que llevó a la administración pública, sino de los que empleó en el gobierno, y a quienes trató con la punta del pie. Uno de ellos fue quien se habría de convertir en su sucesor, Humberto Moreira Valdés, que allí donde lo ve de simpático y bailador, también tiene su corazoncito sufridor, quien además no gusta de quedarse con nada atorado, así que a la hora que fue él mismo gobernador… se vengó exquisitamente de Enrique Martínez.

¿Dónde le pegó?, en su ego, que es donde más le podía doler, Humberto dio seguimiento, quizá con un poquito más de acuciosidad de la que merecía, a las acusaciones de que el Distribuidor Vial Revolución estaba mal hecho, de que era peligroso de transitar y que en el corto plazo podía venirse abajo.

En la memoria está lo que pasó después, se dictaminó la obra y se decidió demolerlo, con tan mala suerte que a la hora de dinamitarlo… no se cayó, hubo que tirarlo a picazos, para muchos este solo hecho demostró que no, el Distribuidor Vial no se iba a caer, probablemente nunca, y de que se trataba de eso, de una venganza política, cuyo saldo fue más o menos este: 400 millones de pesos para edificarlo, 400 millones para tumbarlo y otros 400 millones para ejecutar el proyecto vial que Humberto Moreira tenía para la entrada de la capital de La Laguna, grueso, 1,200 millones de pesos, ¿por unas palabras pronunciadas con especial despotismo?

Usted diga si valió la pena.

Ahora que, luego de una consulta más mal hecha que una votación para reina de la secundaria 4, el “pueblo sabio” decidió que se suspendiera la obra del nuevo aeropuerto internacional de la Ciudad de México, y que el proyecto se sustituyera con el de la ampliación de la base aérea de Santa Lucía, y la rehabilitación de los aeropuertos Benito Juárez y el de Toluca, tres aeropuertos para hacer el trabajo de uno. A nadie se le escapa que para todos los efectos prácticos se trató de una venganza de Andrés Manuel López Obrador, presidente electo de la República Amorosa, contra el sistema político y económico que se opuso durante tres elecciones a que llegara al poder.  Que sí, se utilizó al pueblo, y se aventó la muy candorosa puntada de él no emitir su voto, cuando hasta en el mismo infierno se sabía que era, es y será cosa de él y de nadie más. Haciéndose el más demócrata de todos los demócratas, López Obrador disfruta en lo privado de una venganza como las ha habido pocas en la historia política de este país.

Ahora a las cuentas, entre lo que ya se había gastado, las obras ya emprendidas, los materiales ya comprados, se calcula que la cancelación del aeropuerto de Texcoco costará así bajita la mano, 120 mil millones de pesos, eso más lo que cueste la rehabilitación de los tres aeropuertos en juego, con lo que el precio de la venganza se irá al doble o más de lo que originalmente hubiera costado el Texcocopuerto.

Detrás de toda acción de un político hay una motivación detrás, que puede ser lo mismo sana y legítima, que baja y sucia, lo que no debería estar permitido es que esto se haga a costa del pueblo, uno que se reconoce pobre, y que con sus mendacidades se empobrece todavía más, en este caso, 120 mil millones más.

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s