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En el mundo actual, no es suficiente una profesión para asegurar empleo toda la vida

FRACTALIDADES

Por: Salvador Hernández Vélez.-

Mi abuelo, Enrique Hernández, y mi papá apenas terminaron hasta el segundo de primaria. Mi abuelo vivió su niñez al inicio del siglo 20, creo que en San Juan de Guadalupe, Durango, un pueblo minero al sureste del estado de Durango, que colinda con el suroeste de Coahuila, en particular con el municipio de Viesca. Con esa educación supieron enfrentar las circunstancias que la vida les deparó. La familia de mi abuelo fue numerosa, más de diez. De sus hijos e hijas, sólo mi tío Francisco Hernández Cuevas estudio una carrera profesional, fue egresado del Instituto Politécnico Nacional (IPN). Los demás, si acaso, apenas terminaron la primaria. Mi papá nació en Miguel Auza, Zacatecas.

A mi abuelo paterno le tocó sacar adelante a su familia, entre la primera y la segunda guerra mundial. Se dedicó a la agricultura de temporal, la minería, a la explotación del guayule, la candelilla y la lechuguilla. Con estas actividades productivas, logró que su familia se desarrollara. Cada uno de sus hijos e hijas adquirió un oficio, aprendieron habilidades y destrezas, participando en las actividades productivas que impulsaba mi abuelo. Mis tías Daria y Patrocinio aprendieron con sus tías corte, diseño y confección de ropa para mujeres. Todos ellos con esas competencias sacaron adelante a sus familias.

En el caso de mi mamá, sus papás tampoco lograron la educación primaria. Mi abuelo Santiago fue un pequeño agricultor en Viesca, en ese tiempo había manantiales. Y mi abuela María fue partera. La mayoría de mis tíos y tías, por la vía materna, no terminaron la educación primaria. Cada quien aprendió algún oficio que les enseñaron sus familiares. Entre los años veinte y sesenta del siglo 20, la economía mexicana fue principalmente agropecuaria. Una economía cerrada, con exportaciones de materias primas.

A partir de los sesenta del siglo pasado, los que somos hijos de estas familias, cuya educación apenas llegaba a la primaria, fuimos orientados por nuestros papás para formarnos como profesionistas. Estudiamos en los sesenta y los setenta una carrera profesional, con esos estudios, hicimos frente a la vida. Ya no era suficiente sólo con educación primaria, ni siquiera con secundaria o preparatoria. Nosotros, como profesionistas, nos convencimos de que nuestros hijos, para enfrentar sus circunstancias, no sólo deberían contar con una carrera.

Tenían que estudiar una maestría, además de ser médicos, ingenieros, licenciados, profesores, administradores u otra profesión. De igual manera, sabíamos la importancia de hablar otro idioma. Y los que estudiaron alguna carrera técnica, tenían que seguir preparándose para salir adelante con sus familias. En estos años, ya en los ochenta del siglo 20, la economía se fue abriendo al mundo, se globalizó. Pasamos de economías que dependían de las fuerzas internas, a depender de fuerzas externas. Y ya no se podía estudiar una carrera que asegurara bienestar para toda la vida. Con lo que habías estudiado en tu carrera profesional o de técnico, o con las habilidades o destrezas adquiridas en tu trabajo, no aseguras en este siglo 21 un empleo para toda la vida.

Hoy, la economía está interconectada mundialmente, es globalizada, y es una realidad que hay que aceptar, no se puede luchar localmente contra esa realidad. Los puestos de trabajo se ofertan para cualquier persona del mundo y la economía sufre un profundo cambio a velocidades inimaginables. Además la pandemia aceleró los procesos de automatización y de digitalización en el mercado laboral, y el campo educativo no se puede quedar atrás. Los bienes y servicios que requerimos los terrícolas no se producen en un solo país. Zygmunt Bauman, en su libro “Mundo Consumo”, sostiene: “La vida parece moverse hoy demasiado deprisa como para que la mayoría de nosotros seamos capaces de seguir sus giros y sus vueltas, cuánto más, preverlos. Planificar una manera de proceder y ceñirse a ese plan es un empeño lleno de riesgos, pero planificar a largo plazo constituye ya un peligro total y absoluto”.

Hoy, en la época del conocimiento, contar con una carrera profesional no es suficiente, hay que estudiar una maestría, saber idiomas, tecnologías de la información, conocer otras culturas, tener una gran capacidad de adaptabilidad y estar convencido de que hay que capacitarse toda la vida.

jshv0851@gmail.com

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