fbpx

Mejía, la antesala de una época de oscurantismo

BAILE Y COCHINO…

Por Horacio Cárdenas Zardoni.-

Cuando Manuel Bartlett Díaz era secretario de gobernación, y durante muchos años previos a este punto de quiebre (del sistema), lo que se solía hacer en política era amedrentar a aquellos grillos que se sentían con méritos para obtener una nominación a un cargo de elección popular, o un puesto en alguna estructura burocrática.

Alguna vez lo expresó Carlos Sansores Pérez, el papá de “la jaguara” en términos clarísimos: el que la anda buscando es porque la trae perdida. Esto para expresar la triste realidad de los que en efecto, no habían salido premiados en el siempre escaso sorteo de la política a la mexicana, por el contrario, el que sí era, lo sabía, y si era cuerdo y respetuoso de las formas, no lo andaba presumiendo, y si no lo era, andaba regando el tepache por todos lados, no siendo pocos los que corroboraron en carne propia el dicho popular aquel de que, del plato a la boca, se cae la sopa, pero en su caso particular, se había caído por andarle  embarrando en la cara a propios extraños, lo que debía mantenerse en secreto hasta el último momento.

Llegó a haber casos extremos, de aspirantes que de plano desaparecían, no se volvía a saber nada de ellos. No hubo demasiados de estos, solo los suficientes para que sirvieran de ejemplo al resto de la tropa, de cómo funcionaba el sistema, que efectivamente podía llegar alguna vez a señalarlos con el dedo elector, pero si no, les agradecía cumplidamente el seguir participando. Relatos de terror de aquellas épocas se han venido apagando en la memoria de los políticos, priístas que eran los únicos que contaban en ese tiempo, de cómo los secuestraron, de cómo los iban a tirar de un avión, de cómo los acercaban con la cabeza tapada a un tráiler a toda velocidad, de revelar los secretos contenidos en su expediente de Gobernación, siempre actualizado, con fotos, señales, datos y una que otra exageración y chisme que pasaban por reales, y que podían acabar no solo con una carrera política, sino con la reputación del susodicho.

Pero por lo general no había que llegar a esos extremos, la gente sabía a lo que podía aspirar, y aunque no les tocara la grande, sí podían seguirse defendiendo con lo que el partido y el gobierno les concedían, todos en paz.

El PRI y el gobierno emanado del PRI eran criticados por la oposición de derecha y de izquierda por ser lo que, creo que fue Mario Vargas Llosa, como una dictadura perfecta. Lo era en cuanto que a diferencia de las de países centroamericanos y sudamericanos, no tenía a militares como presidentes, y sí a civiles que llegaban al poder mediante procesos democráticos no muy edificantes, pero que de alguna manera resolvían la cuestión sucesoria sin grandes problemas. Ah, pero de que eran duros, eran duros, y de que no perdonaban nada y a nadie, también bien cierto.

Luego ya vinieron los panistas y de regreso el “nuevo PRI” que salió mil veces peor de lo que jamás fue el antiguo PRI, para llegar al momento actual, en el que gobierna un gobierno salido de MORENA, un movimiento político que juró y perjuró que jamás se convertiría en partido político, ¿y qué creen?, que se convirtió en partido y de movimiento solo conservó el nombre, porque al parecer, en él no se mueve nada que no tenga la anuencia del supremo poder presidencial.

La cuarta transformación, como se ha dado en llamar al movimiento de Andrés Manuel López Obrador, cumple con el requisito socialista de creer, sentir y lo que es peor, andarlo diciendo, que con ellos se acabó la historia, con la 4T ya no hay para donde pueda avanzar la política mexicana, el pueblo encumbró a este grupo y a este partido para que les diera bienestar, usando los recursos públicos que jamás se volverían a malversar, y en eso estamos, o deberíamos estar, en un creciente bienestar del conjunto de la población…

Hay gente que ha acusado a la cuarta transformación de carecer de un sustento ideológico ya no digamos firme y establecido, sino siquiera identificable. Fuera de algunas frases hechas de lo más simplonas, no hay una espina dorsal que le de soporte al movimiento, que por lo mismo carece de direccionalidad, a qué más que la verdad, eso de decir “no somos iguales”, no es suficiente para convencer a la población de que todos los gobernantes anteriores fueron malos, como tampoco que todos los que trae en el morral López Obrador son buenos.

Y bueno, toda esta larga introducción es para dar, ahora sí, sustento a la tesis de que Ricardo Mejía Berdeja, subsecretario de seguridad y protección ciudadana del gobierno federal, y aspirante a la candidatura a gobernador del estado de Coahuila por MORENA está más sesgado a la forma de ser y de actuar “de los de antes”, que a las de los de ahora, y eso es algo preocupante. Preocupante porque si tiene la posibilidad de convertirse en el sucesor de Miguel Riquelme Solís, anticipa para Coahuila una época de oscurantismo, que vendría de la mano de la instalación de un estado policiaco.

Mejía Berdeja es el encargado por el presidente de la república del “programa cero impunidad”, programa que no existe más que de dientes para afuera, porque no tiene ni presupuesto, ni personal, ni objetivos, ni reglas de operación, ni nada. Pero eso sí, cada mañanera en que se presenta Mejía, sale a relucir esto como si hubiera cadenas de reos de los más diversos delitos con rumbo a los tribunales y a las cárceles para purgar pena por los delitos en que incurrieron, nada más alejado de la realidad, lo suyo es un recuento, una medio explicación de lo que ocurrió en la más reciente masacre en cualquier parte del país, y rarísima vez, el reporte de una detención, de una consignación y una condena.

Pues bien, la mano de Mejía se deja ver detrás de las acusaciones contra el senador, también morenista, Armando Guadiana, según esto por la Fiscalía General de la República y la Unidad de Inteligencia Financiera por supuestos delitos cometidos por allá en el año 2007. No son cosas de ahora, que Guadiana sus pecaditos y pecadotes tiene, sino cosa vieja, resuelta o caduca, pero que a la hora de sacarlos a relucir no van a llevar al senador a juicio, pero sí probablemente dañar sus pretensiones de hacerse de la candidatura de MORENA, carrera en la que va puntero para muina del acapulqueño policía.

Si no somos iguales, estas prácticas de Mejía, identificables con sexenios idos, no tendrían lugar. La lid sería entre pares, entre correligionarios, entre amigos y compañeros de lucha y partido, no es así, a los rivales hay que hacerlos pedazos, de manera que no solo no estorben en el proceso de selección, tampoco lo molesten cuando se siente a gobernar. Lo que se ve en el proceso preelectoral en Coahuila es de vergüenza ajena, no solo no son amigos, sino que tampoco guardan las formas de la enemistad, odio y fanatismo que traen dentro, hablo en plural pero es uno el enojado, los otro mal que bien la llevan más políticamente.

Que tristeza que los críticos sean los que tienen razón, estos de la 4T no son iguales, son mucho peores, pues ni siquiera la elegancia de la rudeza priísta pueden presumir.

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Powered by WordPress.com. Tema: Baskerville 2 por Anders Noren.

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: