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Maldito tránsito

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Por: Héctor Barragán.-

(Foto de el Periódico de Saltillo)

Ocurre en la capital coahuilense lo que en otras urbes, desde que crecen lo bastante para que sus pobladores sean tantos que saturan las vías de tránsito disponibles. En un principio eran pocos, sus medios de transporte suficientes y principalmente como viandantes, luego con autobuses y antes por bicicletas, que en tiempos modernos se trata de que sirvan para descongestionar las calles y avenidas de tanto automóvil.

Puede decirse que fue demasiado pronto que se hizo necesario ampliar la capacidad de las calles, pero no fue posible sino en contados casos con elevados y crecientes costos, y aún construir vías elevadas y subterráneas, para conseguir la movilización de tanto auto. Se vieron saturadas las vías a poco de haber sido terminadas.

Tal es la densidad y frecuencia de la saturación que hicieron exclamar a conocido mentor su brillante expresión de que Saltillo había sido mal planeado. La verdad es que no se planeó nunca, sino que se fue’ construyendo poco a poco, con calle angosta para el acceso de pocos vehículos, al principio de tracción animal y reducidas dimensiones, luego aumentó la gente ante el establecimiento de cada vez más grandes y poblados centros de producción.

Luego de 4 siglos la situación se volvió insoluble, callecitas angostas, insuficientes, para atender lo mismo necesidades de tránsito o transporte, que para estacionamientos, por supuesto que no previstos sino en proporción ridícula construidos y ante la imposibilidad del gobierno de proveer o facilitar los transportes rápidos, baratos, suficientes para evitar que la gente tuviera que sacrificar parte importante de su presupuesto en adquirir auto y sostener los altos y crecientes gastos de mantenimiento, reparaciones y combustibles y neumáticos. Pero así se ha hecho y hay demasiados autos para la realidad económica de la mayoría de los habitantes. De esta población, pero para cualesquiera otra de que se trate de mencionar.

Los segundos pisos son soluciones para corto plazo, demasiado caros en construcción y mantenimiento, técnicamente dificultosos y el transporte masivo lleva sus dificultades pero requeriría la contribución elevada de los particulares, que debería comenzar por sacrificar el orgullo de andar en auto y contribuir, sin poder evitarlo, a congestionar más el tránsito cada día y envenenar el aire con los gases de desecho y favorecer el consumo de combustibles al tiempo más escasos y onerosos.

Paralelamente los particulares y el gobierno deberán aportar los autobuses adecuados, necesarios y suficientes, reducir su inventario particular de autos y construir los estacionamientos que desahoguen las calles y los recorridos inútiles también crecientes, a falta de organización vial en cuanto a circulación y aparcamiento.

Como ejemplos de organización pobre se tienen costumbre y reglamentos que permiten parar los autos por muchas horas durante el día, a veces en doble fila, estacionarse lo mismo en dos o tres filas para el ascenso y descenso de estudiantes de todas las escuelas, la persistencia de que algunas calles sean utilizables en ambos sentidos y por encima estacionarse largamente, debido a que hay algún establecimiento escolar o de tipo abundante en clientela y de persona influyente.

Así que planear Saltillo u otra urbe importante resultará difícil o imposible, sin la contribución amplia, suficiente de los habitantes, la convicción de que la responsabilidad sobre los habitantes, sus recursos económicos y los de sus gobiernos, e inclusive de las inversiones económicas, de todos y casa quién de los integrantes de una comunidad que aspira a la comodidad, la tranquilidad, el saneamiento del medio ambiente, el medio más inteligente de aplicar sus recursos para su bienestar y también indirectamente de toda la sociedad.

El cambio climático se podría combatir eficientemente con la reducción, por lo menos, de la mitad de los contaminantes generados por tantos automóviles sobrantes y los ahorros gigantescos que representaría el no tener que comprar y mantener cientos de miles de autos particulares.

El mejoramiento del ambiente sería palpable desde el momento en que los autobuses en servicio dejarán de transitar va  en grandes tramos, con lo que les propietarios tendrían ahorros para invertir en más y mejores autobuses, para cubrir más rutas y con más eficiencia; permitiendo que los usuarios de sus propios autos, dejarán de utilizarlos en grado importante. El carácter de miles de ciudadanos se vería serenados, apacibles, más inteligentes y razonables.

Los bolsillos de todos los participantes volverían a estar tan ocupados como antes de la explosión inflacionaria. La gasolina que tuvieron a comprar sería mucho menos y su costo bajaría como consecuencia de que no sería tan escasa y no se tendría que comprar al extranjero en proporciones tan elevadas como sucede desde hace años y cada mes.

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