Ni la gente del sistema confía en su propio sistema

¿Por qué no se presenta Gerardo Garza Melo, si es tan inocente como dice ser, y a lo valiente, sin amparos ni nada, a demostrar que él y el Mono no eran como mugre y mugre?

BAILE Y COCHINO.-

Escribe: Horacio Cárdenas Z.

México es un estado de derecho, no se cansan de repetir esta frase los políticos mexicanos, quienes se ufanan de que en este país, ultra re contra burocratizado, absolutamente todo lo que se hace y deja de hacer, está contemplado en las leyes, supervisado por las oficinas gubernamentales encargadas de hacerlas cumplir,  castigado por el poder judicial a cargo de que no se vaya uno vivo, de quienes incumplen así sea el más nimio de los ordenamientos de la República, y para cerrar con broche de oro tras los gruesos barrotes de cualquiera y todas las prisiones, están las autoridades penitenciarias para hacerles la vida de cuadritos a los reos que cayeron en la tentación de burlarse de la ley.

Bueno, eso es lo que dicen los políticos, aunque la verdad es que en los documentos no tan secretos y que tan fácilmente se dejan filtrar de las agencias de inteligencia de una docena de países, México está catalogado con el ofensivo mote de “Estado fallido”, que durante el sexenio de Felipe Calderón les cayó casi como en las escuelas confesionales donde estudiaron los hubieran tildado de mariquitas. En otros papeles que pegan en los aeropuertos y que reparten en las agencias de viajes simplemente se recomienda no ir a México, porque es un país donde las leyes no se observan, para muchos somos un sitio exótico, salvaje, peligroso, literalmente una tierra de nadie, incluido en los destinos turísticos de alto riesgo como en su momento Kosovo, Tiblisi o Sarajevo, aunque no es de extrañar que precisamente por eso los aventureros gustan de venir a donde está la mera mata… de la droga y la violencia.

¡Qué complejidad de país, caray!, en el discurso somos el país de la más moderna, humanista y democrática de las legislaciones mundiales, en la práctica… cada quien para su santo.

No es raro entonces que los políticos, esos mismos que se llenan la boca hablando del imperio de la ley, sean los primeros en violarla y de hacer con ella cera y pabilo. A sabiendas que los índices de impunidad, que para la mayoría de los crímenes del orden común y del federal sobrepasan el 99%, en el caso de los delitos relacionados con la función pública, este se dispara hasta proporciones escandalosas.

Tan sencillo como que en este país, quienes están encargados de cumplir la ley… son los primeros, no solamente en faltar a su deber y obligación, sino en aprovecharse de los resquicios de la ley, en capitalizar las oportunidades de jinetear, malversar fondos públicos, aunque eso se considera cosa de raterillos y carteristas, porque lo verdaderamente grande, lo que deja dinero por carretadas, es hacer negocios a la sobra del poder, allí sí que hay oportunidad de salir de pobre… permanentemente… por generaciones…

Pero también los políticos saben, o si no lo saben lo intuyen, que el sistema político del que forman parte privilegiada, tampoco es que lo perdone absolutamente todo. Claro que se deja estirar, mucho, demasiado, pero también tiene su límite. Por demás está decir que un político de éxito, convertido en millonario o multimillonario al concluir “su encomienda como servidor público”, debe tener como uno de sus objetivos esenciales en su existencia, el conocer esos límites, porque las consecuencias del exceso van más allá de los que enfrenta un borracho manejando, un diabético después de atacarse de dulces, o un infartado después de abusar más allá de lo que el cuerpo aguanta, acá las consecuencias son pasar de ser la estrellita marinera del espectáculo local, estatal o nacional, a ser un apestado entre los que se decían sus cuates, a ser un prófugo de la justicia sin posibilidad de dar la cara en público, no sea que lo reconozca un cuico de cualquier municipio perdido, un federal, un marino con puño de hierro, o uno de la Interpol con guante de seda, todos ellos más que listos a colgarse la medallita de haberlo capturado.

A ver: si saben que el sistema permite el robo, para dejarlo en un solo término genérico que lo abarca casi todo, más allá de la decencia y del escándalo; si saben que el sistema permite la impunidad de entre quienes fueron sus favoritos y consentidos, por no decir que también contribuyeron a alimentar las posibilidades del saqueo, ¿Por qué a la hora buena de que caen en desgracia, no confían en la más que proverbial, estadística ineficiencia del sistema?

Solo por hacer un corte en el tiempo, ya que políticos ratas los ha habido antes y después, el primero que se dio a la fuga desde antes de terminar como gobernador de Quintana Roo, fue el célebremente triste Mario Villanueva Madrid, alias “El Chueco”, este cuate, omnipotente en su estado, también sabía que el gobierno mexicano no podía dejar pasar las exigencias de la DEA norteamericana para detenerlo por narcotráfico y lavado de dinero, el mismísimo día en que perdiera el fuero constitucional, así que “se chispó” como los meros machos. El otrora consentido del sistema en aquel lejano pero cada vez más rico territorio, fue a dar con su osamenta al penal que todavía se llamaba Almoloya, donde fue contemporáneo de otro caído en desgracia, el general de división Rafael Gutiérrez Rebollo, excomandante de la V y XV Regiones militares que comprendían Jalisco y Sinaloa, en los buenos tiempos del cártel de Amado Carrillo Fuentes. Nomás para que se de color de la desconocida que le puede dar el gobierno a quienes dejan de ser sus favoritos, Gutiérrez Rebollo murió de cáncer, mientras cumplía su sentencia de 40 años por delincuencia organizada, a Don Chueco no solo lo hicieron purgar condena en México, sino que en una violación, en esos entonces, a la regla no escrita de no extraditar a ciudadanos mexicanos… lo mandaron a Estados Unidos, donde fue sentenciado y sigue embotellado a ver si así se endereza.

En estos días que corren, el escenario estatal en Coahuila y el federal están llenos de noticias sobre gente que, digamos que se excedió en sus abusos. Allí tiene a Javier Duarte, ex de Veracruz, de quien se dice con bastante mala leche, que salió huyendo en la cajuela de un carro, para evadir la acción de la justicia que iba por sus carnes, ingenuo él, todavía se creyó que debía solicitar licencia y hacer la faramalla de que amaba a su estado… más le hubiera valido hacer lo mismo que Villanueva, mandar todo a la porra. Otro caso, el de Guillermo Padres Elías, este panista y exgobernador de Sonora, quien resultó una ficha que nada le pide a los priístas, al contrario, unas clasecitas podría darles en eso de la corrupción. Este de plano ni a la asamblea del PAN se presentó, donde pudieran, mínimo, hacerlo pasar vergüenzas, como Duarte, hasta el momento de teclear estas líneas, anda a salto de mata.

Y en lo local Gerardo Garza Melo, quien haciendo gala de su capacidad para organizar sus ideas, volvió a negar “categóricamente” por ser absolutamente falso, el hecho de que se le señale como socio de Juan Manuel Muñoz Luévano, detenido en España por delincuencia organizada, venta de gasolina robada y narcotráfico, entre otras muchas lindezas. Sí, pero Gerardo lanza estas declaraciones desde la comodidad y seguridad de quién sabe dónde, donde se halla escondido por si las moscas… y es que entre que sí y que no se prueba la culpabilidad que le sospecha el ministerio público federal, al grado de andarlo buscando por todo el mundo, y en la ciudad montar operativos con personal de la Marina, este mejor prefiere mantenerse cómodamente en salvo.

¿Pues no que confían en el sistema Duarte, Padrés y nomás por ser un caso para la chacota local, Garza Melo?, gracias al sistema se enriquecieron cada quien más allá de sus fumarolas de opio u otros estupefacientes, ¿Por qué no confía Gerardo en que su nombre quedará limpio de cualquier sospecha gracias al atingente esfuerzo del sistema del que él se honró en formar parte? ¿Por qué no se presenta si es tan inocente como dice ser, y a lo valiente, sin amparos ni nada, a demostrar que él y el Mono no eran como mugre y mugre?, que triste ejemplo, señoras y señores, que ni la gente del sistema confíe en el propio sistema… que triste.

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