BAILE Y COCHINO…
Por Horacio Cárdenas.-
Pese a todo el sobredorado y oropel con el que suelen arroparse los hechos de armas, no hay una guerra buena. Nunca la ha habido y lo más probablemente no la vaya a haber jamás.
Se suele hablar de honor, de patriotismo, de misiones humanitarias, que no humanistas y menos humanas, de defender la democracia y otros altos valores, pero eso no es más que aire caliente de los discursos que no tiene otro objeto que convencer a los hombres y mujeres propios, de que vayan a matar sin ningún pensamiento ni ningún sentimiento a los hombres y mujeres del enemigo, pero no hay bandera, uniforme, medallas, que no se manchen con sangre, la de los contrarios, y muy probablemente también la de los nuestros.
Tan sacrificables hemos sido siempre, que el mismísimo himno nacional mexicano le ofrece a La Patria un soldado en cada hijo, y a cada uno de estos muertos en combate, un recuerdo de gloria, que cuando fue cantado por primera vez, como ahora, sigue siendo nada.
No ha habido guerra buena, pero seguramente hay unas que son peores que otras, una de las peores en los tiempos recientes fue la así llamada Guerra de los Balcanes, la segunda, porque a principios del Siglo XX ya hubo otra con el mismo nombre, por haberse desarrollado en aquella misma región de Europa y que duró entre 1991 y 2001, es una de las peores que se hayan registrado en la era moderna, esto por lo sanguinario del conflicto, como solo puede darse entre antiguos paisanos y compatriotas que dejan de serlo.
De las ridículas Guerras Yugoslavas, como también se llama a la segunda guerra de los Balcanes, se recuerda uno de los inventos más crueles de todos los conflictos armados recientes, lo que los reporteros de guerra bautizaron como “sniper alley”, el callejón de los francotiradores, o en Bosnio Snajperska aleja, refinado mecanismo de guerra urbana destinado no solo a acabar con el enemigo, sino minar su moral, hacer polvo sus emociones, y elevar la presión de su capacidad operacional.
¿En qué consistía lo de Sniper Alley?, ah pues muy simple y muy cruel, sobre los altos edificios ubicados sobre el Bulevar Mese Selimovica, una céntrica avenida de Sarajevo, se apostó un grupo de francotiradores servios, quienes durante semanas se dedicaron a disparar sobre quien fuera que pasara por allí, no necesariamente tenían que ser soldados enemigos, claro que no, sino civiles, y dentro de estos, no importaba si eran ancianos, mujeres, niños, vamos nadie era objeto de respeto o por su debilidad real o aparente era dejado de ser considerado un blanco… al contrario.
Ahora, no que no hubiera habido francotiradores en otras guerras, claro que no, la diferencia acá era que en algún momento los sanguinarios soldados servios decidieron que era más pernicioso para el enemigo dejar heridos a sus víctimas, que matarlas. Con la finura de su habilidad, los francotiradores pudieron haber matado de un solo disparo a las mil treinta personas que se contabilizaron luego como víctimas del Alley, pero eso no duele, o no duele todo lo que puede doler, pero tirándoles a las piernas o a la columna, dejándolos dolorosamente heridos, conscientes y quejándose a gritos, obligaban a otras personas a intentar rescatarlos, siendo a su vez blanco de la misma clase de disparos de cruel precisión, aunque a veces la maldad era llevada al extremo, pues los francotiradores permitían que se llevaran a los heridos, quienes sufrían atrozmente ante la falta de atención médica y de medicamentos para mitigar el sufrimiento, con lo que se lograba el objetivo de desmoralización, aunque también se lograba exacerbar el odio de los enemigos. Así de honorable la guerra.
Esta anécdota del horror viene a cuento porque ni más ni menos que en Villa Unión, Coahuila tenemos nuestra propia versión de Snajperska aleja, en la forma de los sicarios que participaron en el ataque perpetrado contra aquel pequeño y lejano municipio coahuilense el sábado 30 de octubre. Se han ensayado algunas explicaciones de qué es lo que pasó, porqué y para qué, sin haber hasta donde sabemos, llegado a una definitiva que aclare de una vez por todas quienes fueron los autores intelectuales y el objetivo que perseguían, y a partir de este conocimiento, si lo lograron o no.
De los muertos ni quien se acuerde, los sicarios no alcanzaban ni siquiera el status calderonista de “daños colaterales”, eran “expendable”, sacrificables desde el momento en el que alguien decidió enviarlos como parte del convoy de ataque a Villa Unión, la última cuenta era 19 sicarios fallecidos en el sitio o de sus heridas. Pero los que pesan son los otros, según fuentes de la Fiscalía General de Coahuila, había hasta hace horas 67 detenidos en torno al caso Villa Unión, de los cuales diez habían sido ya trasladados a un CEFERESO, el cual se mantenía en secreto, para evitar cualquier intento de rescate, que acá entre nos, somos de la idea que no va a ocurrir, pues no pasaron de ser carne de cañón para el cartel, que sin embargo pesan y pesan mucho para el estado, pues tiene que mantenerlos, si usted quiere en calidad de reos, pero un interno en prisión, sobre todo en las de alta seguridad, no son nada baratos.
Según la Fiscalía y el propio gobernador Miguel Riquelme ya se habían girado diez órdenes de aprehensión contra presuntos autores intelectuales del ataque a Villa Unión, bueno sí, el gobierno no puede rebajarse al nivel de las bandas criminales, tiene que batirse con las armas de la legalidad… donde a veces, muchas veces, casi todas las veces, está en desventaja frente a los recursos legales de sus enemigos.
Parece un contrasentido pero no lo es, a la luz del concepto de Snajperska aleja, a los participantes en el ataque a Villa Unión los mandaron sin siquiera lo elemental, mapas o alguien que conociera las brechas de entrada y huida del sitio, tampoco se dispuso la llegada de refuerzos o de medios para extraerlos de la zona luego de la misión, que podría calificarse de suicida, ah pero una vez que se separan los muertos de los vivos… hay que hacer hasta lo imposible porque estos pongan en entredicho, si no es que en ridículo, la capacidad jurídica del estado mexicano para procesarlos, condenarlos y castigarlos.
Hace un par de días se dio a conocer que los sicarios no están dejados de la mano de dios, no, cuentan con abogados con larga experiencia, quienes de entrada interpusieron un amparo sobre la presunción de su inocencia, ¿habiéndolos agarrados con las manos sobre los fusiles de asalto, las subametralladoras y las granadas, y hay quien los quiera vender como inocentes?, pues sí, tal cual.
Imagínese por un momento que los sueltan por cualquier omisión a esa sandez que es el “debido proceso”, bueno sí, de esa manera se ahorra el gobierno y el pueblo la obligación de mantenerlos a cuerpo de reo durante los siguientes cincuenta años, pero piense en lo que le hará eso a la moral de las corporaciones policiacas, quienes ven salir libres, saludando y burlándose a quienes mataron a sus compañeros.
Dijimos al principio que no hay guerra buena, la que se está comenzando a librar en tribunales en torno al caso Villa Unión pinta para una especialmente sucia, dolorosa y afrentosa para los coahuilenses. Veremos de qué cuero salen qué correas.

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