BAILE Y COCHINO…
Por Horacio Cárdenas Zardoni.-
Ideada por él o recopilada de alguna fuente indudablemente acreditada, una de las frases más sabias y regla de hierro del sistema político mexicano de César ‘El Tlacuache’ Garizurieta, es aquella que dice: en política, ni un paso ni un peso propios.
Solamente quienes han estado hasta adentro de la grilla, en el nivel que sea, desde la más modesta alcaldía del estado más abandonado, hasta la presidencia de la república, pasando por todo, sabe lo que esto implica. Una campaña política ganadora, cuesta dinero, mucho dinero, es más, cuesta una verdadera fortuna, llevado a otro terreno, es como cuando una familia queda en la ruina después de cubrir los gastos de una enfermedad de esas costosísimas de uno de sus integrantes, sin siquiera tener la seguridad de que el tratamiento o la cirugía haya resultado efectivo, de todos modos hay que pagar las cuentas. Sí, nada más que una enfermedad no se la puede uno endilgar a otros que no sean la propia familia… salvo claro las excepciones de rigor… en cambio una campaña política siempre se le puede pedir a otros que la costeen, que ya llegará el momento de retribuir el favor con creces.
De todo ha habido en la viña del señor, dice el axioma, y en el sistema político mexicano nos hemos topado con gente ingenua, auténticamente ingenua que quiere llegar a ocupar un cargo de elección popular con sus propios y únicos medios, sin recibir apoyo económico de absolutamente nadie, con lo que tampoco crean compromisos a futuro, caso de ganar. Estos políticos son un peligro para un sistema que se basa desde siempre en componendas, yo te doy para que cuando llegues, me des, así que no desestime la posibilidad de que las decenas de candidatos asesinados en los procesos electorales, sean de estos.
Dentro de estos políticos “autofinanciables”, están aquellos a los que recurren varios partidos políticos que tienen un manejo, llamémosle extraordinario, de sus recursos. En efecto, se les contacta para ofrecerles una candidatura, con el requisito único de que ellos la paguen, ah y también que hagan como que profesan la misma ideología y comparten el plan de trabajo del gobernante, que no den lata pues, y que se dediquen el tiempo que les toque legislar o gobernar a llenarse las alforjas de lo que puedan echar mano, que como sabemos en la política a la mexicana, suele ser bastante.
Por allí cuentan que de estos políticos es el actual senador por Coahuila y antes candidato a gobernador, Armando Guadiana Tijerina, hombre de medios económicos muy por encima de la media de la clase política, que sabe para qué sirve el dinero y así lo usa. Baste recordar que para la celebración de su último informe de actividades legislativas, organizó tres o cuatro bailongos en distintas ciudades del estado. A la hora que comenzaron a escucharse las críticas del gasto que representó la contratación de los grupos musicales que amenizaron el evento respondió más que soberbio, pero con toda razón ¿qué?, es mi dinero… y sí, si él se gasta el dinero de su dieta como senador, el de las partidas de apoyo legislativo, las utilidades de sus empresas o sus ahorros en que la gente se divierta bailando, no es asunto de nadie más que de él.
También están aquellos políticos a los que no les interesa ganar, que no se sienten que puedan lograrlo y cuando lo hacen, no es por nada que hayan hecho durante la campaña, sino por otros factores, básicamente el descontento con el gobierno actual o con los otros candidatos, literalmente les cae el triunfo en las manos, pero ellos por lo que venían era por la lana: que para la campaña el INE o el IEC otorgan tantas decenas de miles de pesos?, pues vengan, se los llevan íntegros, más lo que contribuyan algunas amistades o simpatizantes, de lo cual no gastan ni para pintar una barda, mandar hacer unas camisetas o unas gorras, de estos hay bastantes, se presentan a cada elección vestidos de los colores del partido que los acepte.
Y en fin, están los candidatos que se apegan de forma estricta a la regla de El Tlacuache: ni un paso ni un peso propios. Claro que en todo proceso electoral se apuntan uno o varios pobres diablos, que no van a obtener votos suficientes ni para mantenerle el registro a su partido, son los que andan de gritones y quemando suela recorriendo el distrito o el municipio acompañados de su alma y alguno que otro despistado. Pero también están los que tienen posibilidades de ganar, incluyendo aquí al que trae las cartas marcadas por quien tiene la posibilidad de marcar las cartas en la compleja sociedad mexicana: el sistema político, los empresarios, los narcotraficantes, el crimen organizado… allí es donde el dinero desborda las campañas políticas, donde los límites al gasto impuestos por la autoridad electoral se convierten en un chiste que provoca una risa amarga, cuando mucho.
Ahora que en Guadalajara ocurrió el asesinato de un fulano de nombre Salvador Llanas Urbina, salieron a relucir una serie de turbiedades que pegan por debajo de la línea de flotación la precampaña… la campaña, que no es otra cosa, de Ricardo Mejía Berdeja en sus pretensiones de hacerse de la nominación de coordinador de la defensa de la cuarta transformación, léase candidato a gobernador del estado de Coahuila, resurgen las muchas dudas que ha despertado este aspirante durante los meses que tiene de recorrer el territorio estatal, sin una fuente de financiamiento creíble.
Mejía Berdeja tiene un salario que debe ser bastante decoroso, por encima de los cien mil pesos mensuales, que es lo que la cuarta transformación paga a quienes detentan el puesto de subsecretario dentro de la estructura del gobierno federal. Tampoco es mucho, recordemos la pobreza republicana y la austeridad franciscana ¿o cómo era?, a eso quedó reducido el ingreso de quien ocupa el segundo puesto en importancia en la secretaría de seguridad y protección ciudadana.
En otros tiempos habría suculentos bonos por los riesgos en el empleo, pero se supone que en este sexenio nada, pues de ese salario decoroso tendría que estar sufragando Mejía Berdeja sus gastos de campaña, pero por más que haya hecho ahorros durante los primeros tres años de la administración, y durante el tiempo que fue diputado federal, como que no salen las cuentas, dirían los clásicos, baja el cero y no contiene.
Pues resultó que este señor Llanas, el que mataron en Guadalajara, la giraba de coordinador de gabinete del ayuntamiento morenista de Puerto Vallarta, ocupaba la dirección del sistema de agua y saneamiento, área descentralizada y por lo general poco supervisada de donde se suele perder mucho dinero, era consejero nacional de MORENA, y… los fines de semana se dedicaba a apoyar a su cuate Ricardo Mejía en sus pretensiones de ser gobernador de Coahuila, y por apoyar la gente mal pensada entiende financiamiento.
Se puede pensar que hay allí hasta una cofradía, pues este cuate traía entre ceja y ceja ser candidato a gobernador de Jalisco, como Mejía de Coahuila, su anterior jefe Alfonso Durazo de Sonora, y al que le salió mal el tiro, Manuel Espino Barrientos, da la impresión que cierta gente con ciertas relaciones poco claras andaba, y sigue andando tras las gubernaturas, para lo cual gastan a manos llenas dinero que nadie sabe de dónde sale ¿o sí?

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