TELEGRAMA //Héctor Barragán
La paz podría ser el camino a la justicia, el progreso, la solución de cuanto problema tienen los países y la mayoría de los individuos que constituyen la humanidad. Pero no solamente como lo postulara Don Benito Juárez, el respeto al derecho ajeno, sino el respeto al prójimo y comenzando por cada individuo, cada uno de los seres humanos.
Pudiera ser que el orgullo sea el embrión la semilla de las diferencias y problemas, por cuanto con la niñez aflora el egoísmo, la envidia, la presunción por lo que es cada uno, su familia, hermanos, padre, fortuna, bicicleta, automóvil, en fin sabiduría fuerza, casa, cuanto se pueda ocurrir, color de piel, belleza y deficiencia ajena que inspira demoledoras burlas.
La mayoría de las diferencias, por no decir todas, imposibles de salvar superar, perqué no se analizan en la misma niñez y se aprende a superarlas justamente por ser irrealizable hacerlo dejar de considerarse per carecer de importancia.
Con bondad, buena fe, es como se pasa por encima de las carencias propias, que solamente con el tiempo y el trabajo se superan y logran sin violencias ni fatigas importantes.
Pero en el mismo camino se percibe la importancia de las fortunas gigantescas, imposibles de manejar y absurdas en el proceso de obtenerlas, con lo cual se evitará caer en la dictadura del dinero, en la esclavización del trabajo hasta subordinarse a él, dejando que otros trabajen para adquirir la parte que en rigor corresponde a sus necesidades, a su capacidad.
Que los terrenos son caros, las construcciones lo mismo, les alimentos encarecen constantemente, es resultado del afán desmedido de atesorar sin medida dejando millones de personas sin oportunidad de procurar ganar el pedazo de pastel que en justicia le corresponde.

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