Por: Dr. Eugenio Deister Mateos.
Con una sentida dedicatoria a los mineros y familias de la producción del carbón y minerales de hoy y siempre en México.
Durante toda mi vida desde que tengo memoria, desde los 4 años hasta hoy que tengo 81, pues residí en San Francisco del Oro, Chihuahua, por 23 años en una colonia de una compañía minera, me he preguntado ¿en dónde reside la maldad que redunda y es causa de desigualdad social que enajena de por vida al ser humano?
Hasta hace unos días encontré la respuesta al ver una película sobre los juicios de Nüremberg para los criminales Nazis de la 2a Guerra Mundial, pues me había quedado insatisfecho con la premisa llamada «la banalidad de la maldad» que quería decir, la trivialidad y desidia del ser humano definida así, por la filósofa pensadora e historiadora, Hannah Arendt que asistió al juicio en 1961 del criminal Adolf Eichmann, alto directivo Nazi del Holocausto Judío de 1933 a 1945, en su juicio de 1961 en Tel Aviv.
Y como antes he apuntado, hace unos días leí y me convenció una mejor definición de la maldad: la maldad es la ausencia de empatía y compasión del ser humano para sus semejantes, o sea eso que pienso yo al igual que Don Quijote; «eso que caracteriza de forma tan usual al hacendado, empresario, jerarca eclesiástico y al político, que entre más dinero y poder, más grotesco y mezquino, al igual mayor abdicación de su dignidad, a pesar de mayor alcurnia y nobleza social.
Ya venia yo leyendo desde hace mes y medio la excelsa, reveladora e inspiradora obra, El Verano de Cervantes de Antonio Muñoz Molina que en mi muy personal opinión, constituye una novela dentro de la novela de Don Quijote de la Mancha, pues la descifra para el lector de manera por demás fascinante y amena, para mi Don Quijote es la novela de la vida, nos podemos ver e identificar todos en ella, al igual nuestras vidas, sin importar en qué etapa de ella nos encontremos, sobre todo sí leemos primero, El Verano de Cervantes.
Un ejemplo cito a Antonio Muñoz Molina:
» Como bien decía Cervantes, hay que tener mucho cuidado con la ficción, porque puede invadir incontroladamente la realidad, además de trastornar las conciencias. Sin duda para nuestro bien al ubicarnos en esa supuesta ficción para despertar nuestra realidad y tomar conciencia para activarnos y pensar por nosotros mismos en total libertad.
Otra cita que me estremeció en esta novela fue una del gran literato, Góngora sin duda enajenado en ese momento de represión histórica, al afirmar; «Gloria me ha dado hacerme oscuro», esto ante los deplorables hechos de la Santa Inquisición a inicios del siglo XVII, es decir cuando decayeron España y sus Colonias en lo eclesiástico y escolástico, al adoptar la filosofía equivocada de Santo Tomás de Aquino, al afirmar que los judíos eran seres inferiores y retomar siglos después la opinión de Aristóteles, pues este señalaba que la mujer era un género subhumano.
Derivado de este asumido oscurantismo, las universidades españolas perdieron un prestigio que aún no recuperan, todo inició en 1492 la monarquía y la Iglesia española habían exiliado a todos los judíos de España y posteriormente, en 1613 (siglo XVII) en sus albores, dio inicio de los abominables juicios de la » Santa Inquisición» expulsaron a los más de 300,000 Moriscos de España y por si fuera poco, Franco y la Iglesia expulsaron en 1939 a 465,000 republicanos españoles.
Yo por mi parte apreciable lector, más que protagonista al igual que Don Quijote quisiera ser testigo, testigo del despertar de la población al deplorable oscurantismo que tanto enalteció Góngora, y tanto daño ha causado a México, por causa de esos dogmas religiosos, concatenados mentalmente con los dogmas de incondicionalidad de apego, por los partidos políticos.
Reside en nosotros, amable lector, tomar en cuenta que la vida es breve y furtiva, por ende debemos ser activos en cada etapa de ella.
Termino con otra cita, modificada a una de Antonio Muñoz Molina: «Sola la vida humana corre a su fin ligera más que el viento» .

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