Por el Dr. Eugenio Deister Mateos
Amables lectores, agradezco su paciencia, debido a la interrupción que hice al relato de esta historia, ocasionado por dos relevantes temas de salud pública recientemente surgidos, evidencias científicas que en mi opinión salvan vidas.
2a Parte.
Una vez que Lauro quedó debidamente instalado en casa de su tía, había que buscarle escuela primaria en Fresnillo, para continuar su formación educativa en el nivel de cuarto año, tarea nada sencilla, ya que no contaba con comprobante alguno, pues su madrastra tiró a la basura todas sus pertenencias incluyendo, acta de nacimiento, y de bautismo, al igual constancias de sus calificaciones en cada nivel escolar previo, amén de los registros de la SEP de su inscripción a la escuela a la que había acudido estos cuatro años. La solución propuesta por la directora de su nueva escuela fue presentar un examen de conocimientos correspondientes a un alumno de cuarto nivel, ante ésta opción Lauro acepta y lo presenta con éxito, obteniendo un siete de calificación; así las cosas, a Leandro le causó mucha alegría, ya que valora mucho la educación, cuando opina que resulta fundamental para toda persona, independiente de la profesión, actividad u oficio que se escoja desarrollar.
Durante las semanas que transcurrieron para que Lauro se instalara y lograra aclimatarse a su nuevo entorno y circunstancias le deben haber causado y constituido un gran sufrimiento más profunda angustia sobre todo para un niño de diez años, circunstancia que únicamente el que lo vive sabe en verdad lo que se siente, todo este tiempo Leandro fue preparando y buscando apoyo para el desarrollo musical de Lauro; inició solicitando al gerente de la Minera Fresnillo, donde Leandro ahora trabaja en calidad de empleado de confianza, le permita utilizar un espacio en el » club» casino de la colonia para empleados de manera que en ese lugar pueda ensayar obras para violín con Lauro, en un definido día de la semana y horario que no comprometa las actividades cotidianas del casino.
Para alegría de Leandro, Lauro y su tía, el gerente accedió y lo autorizó, por ello conversan y deciden, de mutuo acuerdo, iniciar tocando sonatas y piezas sueltas para violín.
Leandro propone sean las compuestas por el gran violinista de la época Fritz Kreisler, desde luego que su propósito es evaluar las aptitudes innatas de Lauro, técnica aprendida y, algo aún más importante, su capacidad de expresión sentimental plasmada a través del violín al interpretar esas piezas, pues a pesar de ser composiciones románticas de las que apenas entiende dada su escasa edad, respecto a la relación hombre mujer, aunque no debemos perder de vista que ya ha vivido y sufrido lo equivalente a alguien de cuarenta años cuando menos.
La pregunta es qué lo conduce por darle esa importancia al traslado de expresar el sentir personal al interpretar una pieza y más aún el darle ese énfasis de impacto sobre el sonido emitido por el instrumento y para quiénes lo escuchan, la razón de poseer esa visión fue que el primer profesor de Leandro en Filadelfia había sido discípulo de Leopold Auer violinista húngaro, compositor, director de orquesta y distinguido profesor fallecido en ese 1930 y quién tuvo al igual como alumnos a posteriores muy famosos intérpretes como lo fueron: Mischa Elman, Jascha Heifetz, Efrem Zimbalist y Nathan Milstein, ya que Auer se instaló de manera permanente en Manhattan, Nueva York en 1918 donde fue docente de violinistas hasta su fallecimiento.
El concepto didáctico de Auer era, que a pesar de valorar mucho la técnica también le daba su debido espacio al valor de la estética musical, es decir a la expresión personal del intérprete que cautiva o no a su audiencia.
A pesar de que Auer fue discípulo de Joseph Joachim, austro-húngaro que anteponía la técnica a la estética, restando importancia a lo espectacular.
Leandro era más afín al concepto equilibrado de la pedagogía de Leopold Auer, de hecho por esta razón admiraba y disfrutaba las composiciones e interpretaciones de Fritz Kreisler, y así se lo transmitió a Lauro, el cual no tuvo empacho en entender, pues compartió importantes momentos en ese ámbito y el valor sentimental plasmado en la música, al ser testigo mudo pero sensible, cuando su padre que era un famoso músico y compositor mexicano que 4 años antes, es decir cuando Lauro tenía 6, compuso La Negra Noche y Lindo Michoacán, recordemos que en esos años fueron muy cercanos como padre e hijo, los cuales vieron un abrupto y triste rompimiento en 1928 cuando falleció su madre y su padre contrajo nuevas nupcias.
El primer día que tocaron juntos fue espectacular, a pesar de no tener audiencia, el espacio del » Club» de la Minera Fresnillo prestado por el gerente de la unidad minera era muy adecuado, sin que hubiese sido diseñado y construido para ese propósito, sucede que el piso y paredes eran de madera, el exterior del recinto era de adobe y piedra, el techo de madera y adobe, lo cual retenía el sonido de los instrumentos como también sucedía en las iglesias donde se colocaban los órganos de música en las plantas altas, lugar donde también se instalaba el coro, la soprano o el tenor para interpretar el «Ave María» durante las misas de «Gallo», a la medianoche de la Noche Buena, vispera de Navidad, como era y es la costumbre y tradición en todas las Iglesias de México y Latinoamérica al ser entonces construidas con el mismo tipo de materiales (hoy son palacetes construidos con las promesas de los ricos y el dinero de los pobres) para un mismo fin.
Desde luego este espacio ubicado en “el Club» no contaba con la bóveda de las iglesias que ayudaban a emitir el sonido de manera más extensa y permitir menos dispersión obteniendo mayor fidelidad de su transmisión, sin embargo cumplía bien con el objetivo; para ensayar piezas y conciertos, Leandro deseaba presentar periódicamente estos recitales de música interpretados por Lauro en los clubes Rotario y 20-30 de Fresnillo, Zacatecas y Aguascalientes, ya que contaban con espacio para una mayor audiencia.
En este primer día de interpretación conjunta, tocaron composiciones de Fritz Kreisler: Liebesleid, Pena de Amor, que es lo opuesto a Liebeslied, Canción de Amor, ambas para violín y piano, además Caprice solo para violín, en las dos melodías para violín y piano, los acompañó una concertista mexicana que por coincidencia residía en Fresnillo era originaria del lugar, viuda de un médico militar que ejerció durante años la medicina en Fresnillo y poblaciones aledañas, pero falleció joven a los 54 años de un infarto, ella: Esperanza Valdés, fue alumna, en el Conservatorio Nacional, del pianista y compositor Manuel M. Ponce a su regresó a México; de sus primeros estudios en el Conservatorio Stern de Berlin de 1906 a 1908, o sea los años anteriores a su partida al «Normal School of Music de Paris» de 1925 a 1932 para estudios de Especialidad.
Ella propuso incorporar a su programa de interpretaciones, Estrellita de Manuel M Ponce, aseguró que ella podía elaborar el arreglo para dos violines y acompañamiento de un piano, obvia mencionar que ambos lo aceptaron con gusto. De esa manera se llevó a cabo la primera sesión entre los tres que duró cuatro horas, al final de la cual se sintieron todos contentos pues habían logrado interactuar con naturalidad.
A finales de ese año en el mes de noviembre presentaron su primer recital en el club 20-30 de la ciudad de Fresnillo, Zacatecas. El programa incluyó las piezas arriba descritas, los directivos del club, debido a sus conexiones lograron que un periodista de la ciudad de Zacatecas con amplios conocimientos musicales del único periódico en esa ciudad acudiera a la presentación en calidad de crítico, su reseña fue favorable, aún cuando Leandro solamente era un aficionado violinista, si contaba con aptitudes y educación musical de buen nivel privada, más no con estudios avanzados como eran los casos de la pianista Esperanza Valdés y Lauro, apareció en varios recitales en conjunto en los siguientes 35 años; 7 años en esta región y 28 posteriormente en el sur oeste de la región minera de Chihuahua, cuando se interpretaban piezas para violín, no conciertos para ese instrumento, pues a pesar de que los podía tocar y acompañar en ensayos su nivel no era el de un concertista.
El primer programa formal se presentó en la Ciudad de Aguascalientes en el Club Rotario en febrero de 1931 ahí Lauro y Esperanza en acompañamiento ofrecieron diversas sonatas para violín y piano de diversos compositores: de Mozart casi las 36 que compuso y ellos ejecutaron a través de todos esos años, las más favorecidas por Leandro, Lauro y Esperanza en estos 5 y 7 años de residencia en Fresnillo fueron:
Sonata en Mi Menor,
K. 304, compuesta en París en 1778,
Sonata en Fa Mayor, K. 377: Obra vigorosa y dramática, 1781.
Sonata en La Mayor, K. 305, Representa la alegría de la juventud de Mozart.
Sonata en Re Mayor, K. 306
Elegante y briosa, 1778.
Sonata en Do Mayor, K. 6: La primera sonata escrita por Mozart, cuando tenía solo seis años.
Así, de 1930 a 1937 transcurrieron varios sucesos en la vida de los tres; Lauro continuó residiendo en Fresnillo, terminó la primaria y secundaria. Esperanza le encontró un profesor de violín para avanzar su capacidad técnica de interpretación, este profesor Carlos Esteva Monreal era de edad mayor y más para esos años tenía 68 años pero había sido primer violín durante 25 años de la Orquesta Sinfónica de México fundada en 1854 por Carlos Laugier y antecesora de la Orquesta Sinfónica Mexicana fundada en 1928 por un Comité Patrocinador compuesto por María Antonieta Rivas Mercado, Genaro Estrada y Dwight Morrow embajador de Estados Unidos en México, siendo su primer director Carlos Chávez, había tenido la orquesta previamente diversas denominaciones por razones políticas y administrativas, sus previos directores; Manuel M Ponce 1915-1918 y como director artístico a Julián Carrillo excelso violinista, compositor y conductor, en su primera gestión en 1913 y de 1918 a 1924, Titular de la Orquesta, Carlos Esteva Monreal había sido miembro de la orquesta en los años de gestión de ambos; las dos gestiones de Julián Carrillo lo había beneficiado como violinista de una enorme manera tanto técnica como artística.
Por lo anterior, Lauro resultó privilegiado por Esteva Monreal esos 7 años de residencia en Fresnillo, pues al concluir sus estudios secundarios, decidió regresar al Distrito Federal e incorporarse de manera «clandestina», ya que apenas cumplía 16 años, a la Orquesta Solista de Agustín Lara. Lauro quería ya dedicarse únicamente a la música, además de, finalmente, ganarse el propio sustento. Jamás imaginó qué le aguardaba silenciosamente en ese ámbito el abismo físico y mental, la droga, adicción tan prevalente e instaurada desde antaño.
Agustín Lara tenía siempre a su lado durante sus composiciones, a un muy talentoso músico compositor de las melodías a la letra, su debilidad: era adicto a la heroína, afirmaba ella era su musa, (esto me lo confió de manera personal un gran compositor mexicano que lo quería y admiraba) al igual que la marihuana era la musa para Lara, acorde a sus mismas palabras declaradas en entrevistas.
En 1935 (es decir después de 5 años) Leandro se mudó al Mineral de Real del Monte y Pachuca, el sueldo era superior al de la Minera Fresnillo, sin embargo no perdió el contacto con Lauro vía correspondencia en ningún momento e incluso telefónico. Esperanza Valdés permaneció ensayando y ofreciendo recitales en conjunto con Lauro los siete años antes de la partida de Lauro a la capital,
En 1936 Leandro contrajo matrimonio con una bella joven de la ciudad de Pachuca, Hidalgo, y laboró en Caminos y Puentes Federales, carretera Pachuca-Tampico, por dos años, residiendo en México DF hasta finales de 1938, esos dos años les permitió reunirse varias veces con Lauro, pues vivían ahora en la misma ciudad, para ese entonces Lauro era primer violín en la Orquesta Solistas de Lara y alternaba una que otra presentación (aunque escasas) con los conciertos para violín de los más famosos compositores como solista con algunas orquestas sinfónicas de los estados de la República, estos conciertos iban desde el de:
Beethoven en re-Mayor, Opus 61, Elgar, Mendelsson, Mozart, Paganini No1, Sarasate violín y piano, Bartok, Brahms, Bruch, Tchaikovsky, re-Mayor Opus 35 y Camile Saint-Sans, No 3.
Los conciertos de Beethoven y Tchaikovsky para violín fueron los únicos que compusieron ambos para violín.
Si habían transcurrido tres años sin que Leandro y Lauro hubiesen tocado juntos, Leandro consiguió un lugar ideal para dicho ensayo entre ellos, este lugar fundada en 1937 por Jorge Altamirano es decir hacia un año, como Sala Chopin su fin original era la venta de pianos e instrumentos musicales diversos, evolucionó a la enseñanza musical y se convirtió a su vez en un foro para presentaciones, conciertos de música clásica, en Teatro, y finalmente en Foro Cultural en 1952 ubicado en la Avenida Álvaro Obregón en el DF.
Al escuchar a Lauro, Leandro se impresionó gratamente de su evolución como ejecutante de piezas de alto grado de dificultad técnica, en particular cuando interpretó el concierto para violín de Beethoven, de inmediato comentó que le recordaba a un prodigio del instrumento Yehudi Menuhin, recién descubierto, que debutó a los 7 años de edad en 1923 con la Sinfónica de San Francisco, California, después en el Carnegie Hall de Nueva York en noviembre de 1927 a los 11 años interpretando justo este concierto de Beethoven con la Orquesta Sinfónica de Nueva York, y le confío a Lauro que notaba él era poseedor de las mismas aptitudes que Menuhin, ya que Leandro había adquirido la grabación del concierto en el Carnegie Hall y notaba que el tono del instrumento de ambos, era prácticamente idéntico.
A fines de 1938, Leandro y su familia, dejaban la capital, pues ya contaba con dos hijos, un varón y una niña, y ahora partirían para Rosario, Sinaloa lugar donde se encontraba la Minera, Mina El Tajo, lugar en que Leandro había sido recientemente contratado para trabajar en los molinos de beneficio de dicha compañía, con un mejor sueldo y superiores condiciones de residencia para su familia, en la colonia destinada a sus empleados de confianza.
Desde luego, a pesar de eso continuarían en estrecho contacto, Leandro contaba con amistades cercanas en el ámbito musical del DF, por ende le aseguró contaría con apoyo real permanente, para programar presentaciones y conciertos de Lauro como solista con algunas orquestas de los estados.
Ambles lectores en breve haré entrega de la tercera y última parte de esta historia.

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