Que no me entere que me mientes

BAILE Y COCHINO…

Por Horacio Cárdenas Zardoni.-

«El Gato» voló una casa con todo y los guaruras del Fiscal de Coahuila adentro. Entonces se dijo que fue una explosión por acumulación de gas.

La nota apareció el jueves de la semana pasada, y como suele ocurrir con estas cosas, nos venimos a enterar de las cosas de nosotros de la manera más periférica y tangencial que pudiéramos imaginar.

Resulta que en todo ese merequetengue que se traen allá en Sinaloa con la guerra entre los seguidores de Joaquín El Chapo Guzmán, y los adeptos de Ismael El Mayo Zambada, que cariñosamente se han bautizado a sí mismos, respectivamente como Los Chapitos, y La Mayiza, términos que muy probablemente compitan por el premio a la palabra del año, en su próxima edición, ocurrió un hecho que tiene una probable implicación con el estado de Coahuila.

La nota decía que las fuerzas federales comandadas por Omar García Harfuch, el superpolicía sheinbaumiano, habían logrado la captura en el puerto de Mazatlán, de Rogelio Reynoso García, mejor conocido en los círculos policiacos y de sociales de la nota roja, como El Gato, y de quien se sospecha que es prominente integrante del cártel de Sinaloa, aunque no nos aclaran a los morbosos, de parte de quien, o si juega para ambas facciones en pugna.

Según lo dicho en conferencia de prensa por García Harfuch, este señor Gato, se había especializado en el uso de explosivos, seguramente para liquidar a algunos enemigos del cártel, cuando el cártel era una sola y única cosa imposible de separar… y mire a lo que hemos llegado.

Bueno, pues este señor, aparentemente, o según la información que la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana tiene de él, operaba además de en Sinaloa, en los estados de Durango y Coahuila, y es aquí donde las cosas se ponen interesantes.

A lo mejor se acuerda usted que por allá por el mes de septiembre del año 2022, una madrugada cualquiera, ocurrió una fuerte explosión, si no recuerdo mal, en la calle Cactus, del fraccionamiento Santa Fe, en la ciudad de Saltillo.

La verdad de las cosas es que esta clase de incidentes no son raras en la región sureste, al parecer, los gases explosivos tienen un singular gusto por acumularse en determinados espacios, y cuando llegan a algo que pueda provocar la ignición, aquello vuela por los aires. No es novedad, ocurre varias veces cada año, lo mismo en temporada de frío que de calor, que se apagan los pilotos, que se rompe una manguera, que lo que usted guste y mande, el hecho es que sí, son frecuentes las explosiones, no tanto como los incendios, de los cuales también hay abundancia.

Las primeras investigaciones, como no podía ser de otra manera, apuntaron en ese sentido que, en algún momento de la noche, se había apagado el piloto de la estufa, que escapó el gas durante un cierto tiempo, y en un instante aciago, el combustible topó con otro piloto… no el mismo que se apagó, otro, y la casa del siniestro voló por los aires, ocasionando daños en vidrios y fachadas a un buen número de viviendas en los alrededores de domicilio, y a bastantes vehículos también.

El asunto olió mal desde el principio porque en la casa esta habitaba un grupo de personas que fueron identificadas como personal de la Fiscalía General de Justicia del Estado, asignadas a la función de guardaespaldas del titular… total que hubo tres muertos y dos heridos, y mientras todavía la opinión pública se interesaba del incidente, se apegaron a la explicación ya descrita, sin abandonar, nunca lo hacen, otras líneas de investigación, que no condujeron a nada, a nada que quisieran que nos enteráramos los ciudadanos comunes y corrientes, que veríamos con bastante preocupación que cinco escoltas del mero mero de la fiscalía quedaran inhabilitados.

Todavía en los meses y años siguientes, el tema no fue sobre la explosión en sí misma, sino en la promesa, que luego resultó incumplida, de la Fiscalía General, de cubrir los costos de las reparaciones a los daños causados por la explosión. Porque efectivamente, el mismísimo fiscal, de entonces, Gerardo Márquez, prometió que pagarían, todo para que a la vuelta de los meses salieran con lo obvio, que la dependencia a su cargo carecía de los recursos económicos para efectuar los arreglos.

Hasta allí había quedado el asunto, hasta que ocurre la detención de Rogelio El Gato, y entre las primeras revelaciones de las autoridades federales está precisamente lo de que muy probablemente este cuate estaba ligado al incidente, si no es que él mismo fue el perpetrador.

Como si regresáramos el tiempo. Una y mil veces negaron en la fiscalía que pudiera tratarse de un atentado contra los escoltas, también se negó que pudiera significar un mensaje para el gobierno del estado, o para las personas del gobernador y el fiscal general, la que prevaleció fue siempre la versión ya dada, de una explosión por acumulación de gas, misma que no se sostenía en nada, pues si hubiera sido así, los policías hubieran fallecido de asfixia por inhalación del gas, no por las contusiones de la explosión.

Ningún caso tiene querer preguntarle a Márquez o a quien era su jefe y ahora cobra como senador, el entonces gobernador Miguel Ángel Riquelme Solís, que si hubo mensaje acaso, se hicieron los desentendidos, o al contrario, respondieron, pero muy a las calladas, para que nadie pudiera acusarlos de haber bajado la guardia ante la delincuencia, que durante el sexenio pasado se presumió que se había atendido con la más absoluta atingencia y responsabilidad.

Pero parece que era mentira, y si eso era mentira, también debió serlo todo aquel rollo de que no había delincuencia organizada en Coahuila, que estaban contenidos los intentos de entrar al estado, y lo que usted ha oído tanto como nosotros. Y eso es lo que nos choca, que hayan mentido tan ostensiblemente, exponiendo a la población a posibles crímenes, por no tomar las debidas precauciones contra los delincuentes que tenían la cachaza de mandarle mensajes explosivamente claros al ejecutivo y al encargado de justicia. ¿En qué más nos habrán mentido los cuates estos?

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