BAILE Y COCHINO…
Por Horacio Cárdenas Zardoni.-

Ser presidente municipal, o para el caso, ocupar cualquier posición de jerarquía, implica una fuerte responsabilidad, la de estar al tanto de todo, todo el tiempo.
Todos hemos escuchado aquella fanfarronada de muchos gobernantes, que a lo largo de los años y de los siglos, han presumido de que no hay hoja de árbol que se mueva sin que ellos lo sepan, y algunos entre ellos, todavía más mareados que el resto, saldrán con que no hay hoja de árbol que se mueva sin su autorización, hablada que es desmentida a las primeras de cambio por una realidad que se niega, nada más por contreras, a dejarse domar.
Claro que ningún mandatario se deja apabullar por eso, y para pronto lo integra a su discurso, ya sabe, la voluntad del pueblo, la democracia, y otras vaciladas retóricas por el estilo. Jalisco nunca pierde, y cuando pierde arrebata, y todos los gobernantes, por lo menos los de este país, tienen una innegable vena jalisquilla.
Regresando a lo que decíamos al principio, la responsabilidad de un mandatario es grande, y más cuando se rodea de un manto de infalibilidad, porque es allí cuando a la gente, como si no tuviera otra cosa que hacer, le da por ponerse a demostrar si sí, o si no Juan Camaney las puede todas, y lo hacemos para demostrar que con todo lo que presuman de haberse elevado, no dejan de ser humildes mortales, y humanos, para acabarla de perjudicar.

Nada más para poner un ejemplo de lo humanos que son los gobernantes, y lo irresponsablemente dejados que pueden llegar a ser, les platicamos hoy el caso de desidia por excelencia en la capital del estado de Coahuila.
Sucedió y sigue sucediendo allí, a escasos metros de la presidencia municipal, asiento de la alcaldía, de los representantes populares que dicen que son los regidores, y de lo que pudiéramos llamar, como los norteamericanos, la rama ejecutiva, los que hacen el trabajo, pues… O deberían hacerlo.
Ocurre que allí, donde termina bulevar Francisco Coss rumbo al poniente, donde cruza con Emilio Carranza y Presidente Cárdenas, sí, allí donde en tiempos hubo una glorieta, y que en un afán modernizador mocharon, no sin antes trepar la estatua del héroe coahuilense en un embudo de fierro, cuando que antes él, su montura y su cañón estaban en un pedestal razonablemente digno, bueno pues en ese lugar, como en la canción vernácula, habia tres arbolitos…
Bueno, la canción dice Dos Arbolitos, pero también los periodistas nos tomamos nuestras licencias literarias, pero eso es lo de menos, porque como dice la otra canción, esta de Cri Cri, yo tenia tres perritos… Y ahora ya nomás me queda uno, uno, uno.
Durante la administración municipal pasada, alguien en el ayuntamiento decidió que la ex glorita de Coss estaba demasiado pelona, y para pronto sembraron tres árboles, no le podríamos decir la especie, no es nuestra especialidad, pero si podemos decir que tenían toda la pinta de ser los clásicos pinos de Navidad. De esos sí que hemos visto muchos, tanto vivos como en venta y también ya secos, tirados por cualquier lado, porque el camión de la basura no se los lleva, y quede claro que tampoco tendría por qué hacerlo.
Me imagino que antes de plantar un árbol, arbusto, mata o flor en la vía pública, la iniciativa pasa por diversas oficinas y autoridades, entre ellas, gente que le sepa específicamente a algo tan simple pero tan complicado a la vez, como ¿Qué especie aguanta y por cuánto tiempo?
Pues sí, pero pues no, y es el caso que allí en Coss pusieron tres pinos de más o menos metro ochenta de alto, los cuales desafortunadamente no se adaptaron, fuera la contaminación, la tierra, el riego, o una combinación de factores, el hecho es que se secaron al poco tiempo, no uno, los tres.
Por allá por diciembre dos se habían caído, tan seca estaba ya su madera, y otro permanece todavía hoy, y nosotros nos preguntamos ¿No hay nadie en el republicano ayuntamiento que le diga a otro alguien, que vaya y lo quite? La impresión que nos da es que gente va y gente viene, hablando de empleados municipales, y nadie lo ve o a nadie le importa, de alcalde para arriba y para abajo, de dos administraciones, la pasada y la recién estrenada, que ya tiene sus 3 meses.
Yo no sé cómo llegan o cómo se van, por dónde, si es el camino obligado para llegar al palacio municipal por enfrente. ¿Será que solo subiendo la escalera de acceso se revisten de autoridad y responsabilidad, y que, bajando de ella, la pierden? Porque insisto, no es posible que el jefe de la comuna, como le dicen, el secretario del ayuntamiento, el director de servicios primarios, el jefe de parques y jardines, el… o la… Equis funcionario u operario no diga ¡híjoles! se secaron los pinitos, hay que quitarlos y a ver que otros árboles ponemos allí, para que no se vea tan de plano pelón.

Entendemos que los altos funcionarios se suben a la Suburban, y van discutiendo con colaboradores en vivo o por teléfono, que van checando papeles, van meditando soluciones a los problemas con los ojos cerrados, ¿Pero todos los días, las dos o tres veces que pasan por la ex glorieta del general Coss, el área dizque verde más cercana a la sede del poder municipal?
Y sí, andan con un programa de remozamiento de camellones, pero por alguna razón, del de casa se olvidan, o no lo incluyen, o quiero candorosamente pensar, están pensando en una intervención mayor, una que baje a Francisco Coss de su embudo, todo oxidado y despintado, de una vez por todas, pero… De eso no hay pruebas.
En fin, en Saltillo hoy por hoy nadie puede presumir que sepa, ordene o permita que se caigan las hojas de los árboles, allí donde le platicamos, se cayeron, se secaron, uno queda en pie, y nadie es para darle cristiana sepultura, como tampoco para poner allí tres pirules o tres alamillos, o tres robles o cedros, para que, de perdida, le hagan sombra a los pedigüeños y lavacoches, y escondan el embudo de Coss, hasta que le haga el gobierno justicia al héroe. Y mientras reflexionemos sobre la ceguera de los burócratas…

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