El fracaso por venir: elección del Poder Judicial

BAILE Y COCHINO…

Por Horacio Cárdenas Zardoni.-

Imagen: Verificado.

El padrón electoral es en este momento, de alrededor de 98 millones de ciudadanos con credencial para ejercer su derecho y obligación de votar. En teoría, estrictamente abstracta, esos 98 millones de mexicanos, entre los que nos contabilizamos usted y yo, estaríamos encontrándonos en la fila para emitir el sufragio en la elección del próximo domingo primero de junio, dentro del proceso electoral para la renovación del Poder Judicial, de conformidad con la reforma de ley aprobada por el congreso de la Unión el año pasado. Eso es lo que dice la teoría, la práctica pinta para que se algo completamente diferente.

Sabemos que creer en las encuestas es algo de lo más inútil que existe, para lo que sirven es para distraer y para crearnos toda clase de emociones, desde la más desbocada felicidad hasta la depresión más lastimosa, pasando por todas las posibilidades del espectro, sin embargo en este caso, capaz que tienen alguna utilidad.

Porque se han hecho varias, no demasiadas encuestas, después de todo en los procesos electorales normales quienes las pagan son los partidos políticos y en menor medida el gobierno o la autoridad electoral para tantearle el agua a los camotes, pero en este caso ¿a quién le interesa saber qué es lo que va a pasar?

Bueno, pues según le interesa al Instituto Nacional Electoral, y este se está topando con una realidad apabullante, de que no se acerque a votar ni un diez por ciento de los ciudadanos convocados para ello. Otras encuestas son todavía más pesimistas, y estiman que la participación ronde el 5%. ¿De qué estamos hablando?, de que en el escenario optimista, elijan a jueces, magistrados y ministros poco menos de diez millones de personas, y en el pesimista, que sean cuando mucho cinco millones.

Bueno, pero eso es pensando en que todo el mundo, bueno el pedacito de mundo, votara por un mismo candidato o candidata, pero la realidad es que son muchas, o dejémoslo en varias, las personas que se postularon para una determinada posición, si pensamos que en un distrito dado, en el que haya pongamos que diez candidatos, la elección la ganará quien obtenga el mayor número de sufragios, si en esa demarcación cayeron diez mil votos, y el que más, se llevó diez mil, y los otros nueve, cantidades varias, la legitimidad del nuevo funcionario del poder judicial no estará dada por otra cosa que por la sumatoria aritmética, no porque los ciudadanos se hayan desbordado para sufragar por él o por ella en las urnas.

A lo mejor lo recuerda, no es muy probable porque a pocos interesó mayormente el asunto, aquel de la consulta popular auspiciada por el entonces presidente Andrés Manuel López Obrador, y que tenía como tema único el que los ciudadanos decidieran si querían llevar a juicio a los expresidentes, esos a los que el mandatario tenía particular ojeriza.

En aquella ocasión el INE sí había sufrido recortes presupuestales a manos de la cuarta transformación, pero no como los de ahora, en que Claudia Sheinbaum les dio la orden de hacer la elección judicial con la mitad de lo que habían pedido y háganle como quieran.

Bueno, pues aun con todo, que hubo un interés particular del presidente, publicidad a pasto, acarreo de parte de los partidos políticos y organizaciones asociadas al gobierno, y lo que usted guste y mande… apenas un 7.05% de la lista nominal, emitió su voto, de los noventa y feria millones de ciudadanos en edad y posibilidad de votar, apenas seis millones 612 mil 459 personas acudieron a sufragar, al resto… le valió olímpicamente sorbete, y allí inclúyame, porque yo no fui a votar por ese despropósito.

Aquella elección era comparativamente fácil, era una sola pregunta, con un sí o un no quedaba resuelto el tema en un par de segundos, nada que ver con la actual elección en la que hay que dedicar unos veinte minutos a sufragar por todos los funcionarios que están en juego, los federales, los estatales y en los estados donde hay elección normal, todavía más. López Obrador estaba en su apogeo en aquel 2021, su convocatoria al sufragio era casi una orden y al noventa y tantos por ciento le valió.

Se esperaban que votaran treinta millones por el sí, enjuícienlos, enciérrenlos y quémenlos en el zócalo. Y pues no, no sucedió así. Sí hubo un apabullante voto a favor, pero que no pintó porque eran demasiados pocos los votos. Y es que para aquella elección había la restricción de que para que tuviera efecto, para que fuera vinculante como dicen los jurisconsultos, tenían que haber votado el 40% del padrón del momento, unos 37 millones de personas…

Ahora no hay eso de vinculante, que si nos pregunta, debería de haberlo, porque eso de que alguien se convierta en juez o magistrado con veinte votos, nos parece una aberración. Estábamos mejor cuando había que pasar exámenes, cubrir requisitos, hacer cursos, en cambio ahora, ¡viva la democracia!, con veinte votos, se convierte en ‘persona juzgadora’, de quien dependerá que se nos haga justicia, si es que la llegamos a necesitar en algún momento.

En mi opinión personal se avecina un fracaso monumental, uno que para acabarla, ni siquiera tiene el parámetro para decir que se cancele, se vuelva a hacer, se lo que sea, nada. Ahora, el que gane, por pocos que sean los votos, será juzgador.

Nadie, o bueno, muy pocos son los que los apoyan, serán legales, pero no legítimos como les encanta decir a los de la 4T, pero lo serán, cumpliéndose una vez más su estilo tan característico, los fracasos los venden como triunfos…

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