BAILE Y COCHINO…
Por Horacio Cárdenas Zardoni.-

La semana pasada, a principios, apareció la nota periodística que daba cuenta de una reunión del cabildo, no sabemos si ordinaria o extraordinaria, pensamos que lo primero porque el asunto que se trató no urgía, es más, era algo que a pocos, si es que a alguien le interesaba.
La nota daba a conocer que por unanimidad, el cabildo había aprobado la modificación del Instituto Municipal de Transporte (IMT) para transformarse en el Instituto Municipal de Movilidad Urbana Sostenible (IMMUS), así decía, a lo mejor yo lo hubiera redactado de otra manera, la extinción del IMT, la absorción de funciones y responsabilidades de este por parte del IMMUS, no sé, algo más burocrático.
El asunto se veía venir desde el principio del trienio. De hecho, lo que sorprende es que no hubiera ocurrido antes, en concreto durante el primer mes de la gestión de Javier Díaz González. ¿pero quién es uno para leerle la mente a los políticos en su advocación de funcionarios públicos?, pero esto no deja de tener sus implicaciones perniciosas.
Para empezar porque… durante casi una tercera parte del trienio operaron dos dependencias con, más o menos, las mismas funciones, o ponga que al interior de la administración municipal les hubieran dicho a unos y a otros: tú te vas a hacer cargo de esto, esto y esto, y tú de esto otro, esto otro, y esto otro, así de claros suelen ser los que hacen descripciones de puestos, organigramas y demás vaciladas administrativas que luego nadie vuelve a voltear a consultar.

Pero esto que, en el mejor de los casos sabían, tenían presente y normaban el criterio de algunos de los empleados de cada área, en el peor de los casos se prestaba a confusiones, a duplicaciones, a escurrir el bulto de la responsabilidad, y a dar una impresión a la población de que las cosas, en materia de transporte, no marchaban precisamente sobre ruedas en el actual ayuntamiento de la capital coahuilense.
Y es que para el común de la gente, así como no le interesa a cuál de los 19 o no sé cuántos agrupamientos tiene la policía municipal, lo que le interesa a la hora que se le presenta un problema es que se aparezca un policía y se lo resuelva, importándole poco si es de tránsito, del K-9, de la ambiental, de proximidad, violeta, o lo que sea. En asuntos de transporte, le vale si es del IMT, del IMMUS, en última instancia de la policía de tránsito, de atención ciudadana, quiere soluciones y punto.
En otras instancias de gobierno, en otros tiempos, eso de las modificaciones al organigrama ocurrían durante los primeros meses de gestión. Si de lo que se trataba era de un gobierno federal o estatal, se aprovechaba el primer período de sesiones del congreso de la unión, o del congreso del estado, para pasar el proyecto de reformas a la ley de la administración pública, ¿por qué la prisa?, pues precisamente para evitar lo dicho antes, y para aprovechar el tiempo al máximo.
De hecho, los que comentaban esa clase de asuntos, solían decir que el presidente, la presidenta ahora, los gobernadores, se hacían u ‘traje a la medida’ con la administración pública, uno con el que se sintieran perfectamente cómodos, otros sugerían que lo elaboraban a su imagen y semejanza, así de rudas estaban las cosas, pero mal que bien se podía decir que funcionaban.
Incluso, ya en el colmo del ejercicio del poder omnímodo, los que tenían todas las canicas en la bolsa, llegaban al extremo de pedirle a su antecesor que fuera él el que enviara la iniciativa de reformas al congreso, de tal manera que cuando asumiera el cargo, ya estuviera todo a pedir de boca, no desperdiciando ni un día.
Esto era importante, porque de la otra manera, todo era de oídas, se nombraba a funcionarios para puestos que no existían, no tenían autoridad, investidura, herramientas, personal ni presupuesto, con lo que los primeros meses, y hasta que se resolvía la cuestión, el ejercicio de las funciones era, por decir lo menos, incómodo.
Es ni más ni menos lo que estaba ocurriendo en Saltillo. Sí, estaba claro que el que mangoneaba era el director del Instituto Municipal de Movilidad Urbana Sostenible, pero al no dejar de existir el IMT, quienes laboraban en éste no tenían la seguridad ni de conservar el empleo, ni de sus decisiones eran válidas, eso si no los trataban como apestados, si no es que olímpicamente los ignoraban, como es bastante común en los entornos burocráticos, y el de Saltillo no escapa a esta situación.
A lo mejor estamos hablando de algo que no le importa a nadie, tan es así, que no se habían apurado ni tantito para darle legalidad a un asunto que estaba intencionalmente pendiente. Y mire que lo de la legalidad es importante porque como se trata de concesiones de transporte, su permanencia o cancelación, el no tener el respaldo jurídico del cabildo hacía que carecieran de la personalidad jurídica necesaria.
A lo mejor son solo cosas de la falta de conocimiento. A lo mejor no tuvo ningún impacto… al menos nada que la población sepa, por más que haya pagado la duplicación de funciones, la novatez, y otros vicios que suelen darse. Ya estaremos viendo si la depuración de la burocracia del transporte redunda en lo que se espera de ella, más eficiencia, más seguridad, menos tiempo de traslado.

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