BAILE Y COCHINO… // Horacio Cárdenas Zardoni

Todo el mundo, en Saltillo sabe dónde está la Escuela Secundaria Técnica del Estado ‘Margarita Maza de Juárez’. Punto y aparte del prestigio que pueda tener como uno de los mejores planteles de educación básica de nivel secundaria, ocupa uno de los edificios más identificables de la capital de Coahuila.
Y aunque no esté ubicada en el cruce de las avenidas Francisco Coss y Venustiano Carranza, sino una cuadra más al norte por esta última, es imposible no toparse con ella, si no por lo imponente del edificio, si porque al más puro estilo de la falta de planeación urbana que caracteriza a Saltillo, allí hace un quiebre la calle para alinearse al trazo de Carranza.
Antes que se soltará la ola de violencia que azotó a la región hace algunos sexenios, la Margarita, como todo el mundo la conoce, lucía más que ahora, en efecto estaba rodeada de rejas que dejaban ver sus patios, pero en previsión de que pudiera ocurrir una balacera con alumnos y profesores heridos o muertos, se decidió edificar una barda de concreto y sobre ella volvieron a montar las rejas, perdió en estética pero ganó en seguridad, nada que criticar ahí.
Quizá haya sido a raíz de eso, de que ya no se veía tanto como antes, que se un tiempo para acá los encargados del edificio dejan prendidas las luces, todo el día y toda la noche, suficiente malo en sí, pero además también durante todo el periodo vacacional de fin de año.
Importa decir que a la Margarita no le faltaba iluminación, está dotada por unos spots que arrojan luz, que hasta parece medio día, así sea noche cerrada, esos spots han de consumir lo suyo de energía, misma que se ha de ver reflejada religiosamente en el recibo de la Comisión Federal de Electricidad.

Pero lo que no tiene explicación es ese afán de tener todos los salones prendidos, o perdón la exageración, todos los que dan a la calle, capaz que si hay algunos salones interiores, esos sí los apagan… Aunque lo dudo, esos sí han de ser oscuros.
Cómo se lo digo, todos estos días de vacaciones la Margarita ha permanecido iluminada las 24 horas del día, y a lo que vemos, no hay nadie a quien le interese la cuestión.
El director o directora del plantel ha de sentir que lo suyo es la alta administración y se la vive en pensamientos pedagógicos ¿Quién se fija en si apagan o no los cientos de focos de la escuela? Para eso ha de tener subordinados, suficientes de estos, de subdirector para abajo hasta llegar a los conserjes, y ni uno solo de ellos se interesa o preocupa de la ‘huella de carbono’ de la Margarita ¿La qué?, sí el impacto que tiene todo ese gasto inútil de luz cuando no hay nadie en el edificio por vacaciones, o por ser fin de semana, o por ser de noche.
Pero eso es lo estrictamente doméstico. Todavía nos preocupa más que ningún alto mando de la secretaria de educación note, mucho menos ordene que se ponga remedio a la situación. Sabido es que la educativa es la burocracia más grande del gobierno estatal. Bueno, yo no sé dónde viva el secretario de educación, el subsecretario de educación básica, el oficial mayor, el director general de finanzas, el encargado de pagar la luz de todos los planteles escolares en el estado, y no se nos olviden los burócratas de la inspección escolar de Saltillo.
Suponiendo que se den cuenta cada vez que pasen por el frente de la Margarita, que comenzamos diciendo que es ineludible, no se sienten motivados ni obligados, ni comprometidos a agarrar su celular para ordenar que apaguen todo, si no por la huella de carbono, por acalambrar a sus subordinados y ejercer el poder. No sé dan cuenta o no les importa.
Pero tampoco le importa a Ecología, la del estado ni la federal, ni a nadie en la secretaria de gobierno ni en finanzas, ni a nadie.
Es cierto, publicó El Diario en una de sus crónicas sobrenaturales que en la Margarita hay fantasmas… A lo mejor es por eso que nadie se atreve a dejarlos a oscuras.

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