fbpx

CAGUAMAS ABRAMOs

Escribe: Horacio Cárdenas

Dicen que la democracia es un pésimo sistema de gobierno, ya sabe, a la hora de enumerar sus defectos se dice que es el triunfo de los mediocres sobre los mejores, que nunca nadie queda conforme, que por andar quedando bien con la masa de votantes la sociedad se alinea por lo bajo, y un montón que usted seguramente ha escuchado muchas veces, la única cualidad que tiene la democracia… es que por comparación, el resto de los sistemas de gobierno inventados por el hombre resultan mucho peores.
No ha habido grillo en la historia de México que no haya llegado al poder con las mejores intenciones, no solo de hacerse mucho más rico de como era antes de dedicarse a la política, sino de pasar a la historia como un gran gobernante, un sabio administrador, un sagaz intérprete del “sentir popular”, así como le llaman ellos a lo que creen que quiere la gente, y en fin, como un guía de hombres y mujeres a los que conduce de forma visionaria hacia el futuro.
La realidad es que muchos de los que llegan al poder es porque alguien tiene que gobernar, y como los más inteligentes no se animan porque saben lo difícil que es la tarea, los no tan inteligentes sí le entran, pero no para solucionar los problemas de su comunidad, sino para de esa manera tratar de curarse de sus traumas. No, si la política a la mexicana está llena de personajes que parecen extraídos de una película de Pixar, ya sabe, de esas del tipo de Megamente, de Kung Fu Panda II o de los Increíbles, pueden corregirme si una u otra es de Disney, que ese no es nuestro fuerte, donde el antiheroe siempre es un fulano que ningunearon de chico y que de grande quiere vengarse de todo y de todos. Viene a resultar que muchos de los candidatos y luego de los gobernantes son gente que nunca pudo procesar el bullying de que fueron víctimas, no por nada el narcisismo es una de las características principales de los políticos a la mexicana, ¿le recuerda a alguno conocido o uno que preferiría olvidar?
Seguramente también ha escuchado usted más de una docena de veces a algún gobernante que en su discurso de toma de posesión jura y perjura, y hasta podríamos creerles que es la mejor de sus intenciones de cumplirlo, que durante su administración no habrá distingos de ninguna clase, ni políticos, ni económicos, ni sociales, ni partidistas, ni de género, ni de lo que esté de moda en ese momento, todo para que a la vuelta de los meses, de las semanas, de los días o de las horas, muestren el plomo del que están hecho, cayéndoseles el pavonado meramente superficial con el que se revistieron por unos pocos momentos. A la vuelta de la esquina los gobernantes muestran como a sus amigos les dan gracia y justicia a manos llenas, y aus enemigos pura justicia, y si son especialmente salvajes, de esa justicia que viaja encapuchada en camionetas asesinas bajo el nombre de los GROMS, u otro similar.

Es una tragedia de pueblos provincianos como Saltillo, que los gobernantes son fieles servidores de las élites, que gobiernan solo para unos cuantos: los más ricos, los que son sus amigos, los que les caen bien, los que esto o aquello, porque no hay reglas, y el resto, que se friegue. Pensemos por ejemplo en los eufemismos que han invadido el discurso de ciertos gobernantes saltilleros, quienes haciendo gala de una educación truncada en el tercero de primaria, al verbo asesinar lo han suavizado como abatir, cuando quienes lo perpetran son empleados actuando bajo sus órdenes, y en un exceso de celo, violan cuanto derecho humano, reglamento de tránsito y mandamiento de la Ley de Dios se les ponga enfrente, que a ellos los mandaron a reprimir. ¿Es esa la manera correcta de tratar a los gobernados?
Acá su servidor quisiera saber si Jericó Abramo se acuerda que hace no tantos años se comprometió a gobernar a todos los saltillenses sin distinciones de ningún tipo. Ahora nos sale con que a los que considera de su pedigrí los trata con total caballerosidad, pero a los que no nacieron en pañales de algodón egipcio, les da un trato casi inhumano, o sin el casi.

Ya lo vimos con los casineros, al alcaldote no le importó cerrar los casinos, que ponga que eran los centros de perdición favoritos de los de su sangre, pero que daban empleo a un millar de personas que se quedaron sin fuente de ingresos, quesque para cortarle esa fuente de ingresos a la delincuencia organizada. Ya lo vimos con los yonqueros, en los que el millonario presidente municipal seguramente nunca había puesto un pie talla 14, se llevó de encuentro a más de sesenta changarros de los que vivía un buen número de familias, y así por el estilo, Jericó da la impresión de querer gobernar para los negocios cerrados y las casas vacías, si es que la gente perjudicada aviene a irse de la capital de Coahuila, que hace mucho tiempo que dejó de ser considerada como aquella tierra de oportunidades que contaban otros gobernadores, todo para que al terminar su cuatrimoto él mismo acabe por largarse de Saltillo, de tan desagradable que está quedando el ambiente aquí para vivir.

La última puntada de Jericó es el pleito de lavaderos que se ha aventado con un ciudadano de nombre Heriberto Reyna Sánchez, conocido entre los muchos cuates que les gusta ahogarse en cerveza con el cariñoso mote de Beto Caguamas. El tal Beto es publicitado por la propaganda municipal como el más grande proveedor de beberecua ilegal en este aburridero que es Saltillo, y a quien supuestamente ya le habían echado el guante en varias ocasiones por operar violando el reglamento de alcohólicos, perdón de alcoholes.
Para algunos crudos domingueros, Beto Caguamas no es solo un ciudadano ejemplar, sino que hasta habría que erigirle una estatua, de preferencia en la plaza del migrante árabe y de preferencia con expendio anexo, para Jericó Abramo Don Caguamas es el enemigo público uno, digno de que le echen encima toda la GROMada cada vez que abre la puerta cochera de su cantón.En pleno abuso de su ignorancia, el alcalde prometió encerrarlo por quien sabe cuantos meses, no en cumplimiento de tal o cual artículo del código penal, sino por sus pistolas, bueno, por las pistolas de sus GROMS, y para que se le quite esa manía de contravenir la ley de la selva, perdón el bando de policía y buen gobierno de esta ensarapada ciudad. Jericó por él lo tendría en chirona de por vida, mientras que los jueces le fijan fianza de 20 mil pesos por una falta que no llega a delito, esa es la visión que el alcalde tiene del comportamiento de la población, comportamiento que él corregiría siempre con lujo de violencia.
Salvo su mejor opinión, un gobernante no debe ponerse al tu por tu con cada ciudadano, es como si un yonquero fuera a jalonear a su casa al director de desarrollo urbano y solo por eso, este le tirara el arpa al alcalde. Es la misma situación pero inversa, de aquí para allá y de allá para acá, con la diferencia de que el ciudadano pertenece al selecto grupo de todos los habitantes de Saltillo a los que el alcalde prometió servir, y este es el mandatario, el fulano que está para que los ciudadanos le manden lo que debe hacer.
No por nada Jericó siente que Saltillo, esta ciudad que tanto dice querer, es la única en la que un millonario de su tamaño no puede tener como residencia, ¿y como?, si de todos los gobernantes que ha tenido la capital, este es el que trato más irrespetuoso, vejatorio y violento ha tenido para con los gobernados.

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Powered by WordPress.com. Tema: Baskerville 2 por Anders Noren.

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: