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Estética Jericayana

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Hubo un tiempo en el que el bulevar Venustiano Carranza era considerado la gran vía saltillense, símbolo de modernidad y de buen gusto de las construcciones, algunas de ellas clásicas, otras contemporáneas, pero en general en buen estado y mejor forma, casi como si por ser la línea que conecta las capitales de Coahuila y de Nuevo León, los saltilleros quisieran demostrar que al menos en lo que era la entrada a Saltillo, no desmerecíamos en nada de lo que se empeñaban (y se siguen empeñando) en ostentar y presumir los vecinos de Monterrey y su área conurbada.
En buena medida por eso es que tanto y tanto cuidaban los presidentes municipales la estética del V. Carranza, como cariñosamente le llaman los aborígenes, cuanto cambio quisieran hacer particulares, empresas o instituciones en esta zona, tenía que ser cuidadosamente examinado por el ayuntamiento, antes de darle la venia, esto contrastaba sustancialmente con el resto de la ciudad y para el caso de todo el Estado, donde lo que se haga parece que a nadie le importa.
Algunos muertitos y muchos heridos se deben a ese extremo prurito por la estética de bulevar Carranza, ante la ausencia de puentes peatonales, los estudiantes del Ateneo Fuente y del Tecnológico de Saltillo, tenían que torear carros, trocas y camiones que circulaban (circulan) hechos la cochinilla sin el menor respeto a los límites de velocidad, la ley o la decencia. Los puentes peatonales se reconocían como urgentes, pero no se hacían para no desentonar con las construcciones paralelas del Tec y del Ateneo. Inclsuo recordamos una ocasión, hace cerca de viente años, en que sobre el cadáver del enésimo atropellado, el Partido del Trabajo, cuando todavía era el Partido del Trabajo, se puso a excavar en pleno camellón, con la intención aparente de construir un paso para los estudiantes. La verdad no creemos que los petistas hubieran sabido como edificar un puente, como no fuera vacacional, pero lo que les importaba era llamar la atención, y tan lo lograron, que apenas llevando treinta centímetros del hoyo, ya les había caído la autoridad para llevárselos como si de limpiavidrios, payasitos o pedigüeños se tratara.
Tuvo que venir un hombre de acción y de comisión, Oscar Pimentel González, para que finalmente se hiciera el puente peatonal, el que según sus creadores, guarda apego a la armonía de la “zona universitaria”, aunque lo más importante es que lo facturaron por un millón ochocientos mil pesos, cuando a lo mejor no costó ni doscientos mil, pero en fin, el puente se hizo, y la estrellita ensalivada y la ganancia se la llevó Pime.

Ya en este cuatrienio reiteradamente se le pidió al alcalde Jericó Abramo la construcción, no de uno, sino de varios puentes peatonales sobre otras áreas de Venustiano Carranza, donde el tráfico hace imposible el cruce a la altura de calle, salvo que esté usted entrenado para correr los cien metros planos en tiempo como para calificación para los panamericanos. El alcalde dijo varias cosas: primero que no tenía dinero para todos los puentes que se le pedían, fueran necesarios o no, dependiera la comodidad, la seguridad y la vida de los saltillenses, o no, que el único que se iba a hacer era uno enfrente del seguro social, para que los enfermos se murieran adentro y no antes de llegar, ah pero como se trataba de Venustiano Carranza, tenía que guardar la mentada estética y la doblemente mentada armonía con el entorno, así que iba a salir en una lana, bien cobrada al ayuntamiento aunque diste mucho de valer lo que dicen que costó.
Nos sospechamos que con lo que costó el puente del Seguro hubieran podido hacer otro que era tanto o más requerido enfrente de Hacienda y la delegación del IMSS, pero ni modo, para eso habrá que esperar otros cuatro o cinco cadáveres o que un importante atropelle a uno de a a pie, así es la vida en este triste país de conveniencias. Aquí cabe preguntar ¿Dónde se piensa el actual alcalde que termina Saltillo?, porque que sepamos el bulevar Carranza desde hace mucho que no termina en San Isidro, sino que se prolonga hasta un punto indeterminado, antes o después de Ramos Arizpe, lo decimos porque la preocupación por la estética no fue más allá que el Seguro 2, allí enfrente de La Conchita pusieron un puente peatonal de esos de hojadelata financiados por las empresas de espectaculares, que no le pide nade en lo horroroso a cualquiera de los que están en las zonas menos favorecidas de Saltillo.

Pero digamos que esa es historia vieja, lo que no lo es, y al contrario es bastante recientito es que ya para acabarse el presupuesto, perdón el cuatrienio, y ante la promesa de pegarle con guante blanco a los gobernadores Moreira Valdés de dejar la administración sin un quinto de deuda, Jericó Abramo se ha puesto de un pichicato irreconocible, llevándose de encuentro todo, bueno casi todo, la estética sí, pero la maña de inflar los costos no. nos estamos refiriendo concretamente al puesto de fritangas disfrazado de estación de bicicletas, instalado frente a la rectoría de la Universidad Autónoma de Coahuila, monstruosidad que ahora si vino a darle la puntilla a la mentada armonía arquitectónica de la zona.
Salvo su mejor opinión, no pudieron encontrarle peor sitio para colocar su puesto, al que solo le faltan los logos de la Coca cola para darle su carácter de changarro tortero. Tan bien diseñado está, que ni siquiera se fijaron que allí está una leve pendiente en la banqueta, veinte centímetros para llegar a la explanada de la rectoría, con lo que se ve desde cualquier lado inclinado y despegado de la reja protectora que Chuy Ochoa puso a los universitarios para que no se brincaran para adentro… o para afuera… según el gusto de cada quien.
Cualquier emprendedor fritanguero, claro que no despache como alcalde de Saltillo, hubiera resuelto la cuestión con un par de ladrillos o un block, pero no las lumbreras del ayuntamiento, De Jericó para arriba y de Jericó para abajo. La pregunta es ¿Por qué nadie le dice nada a este señor de perjudicar la otrora impoluta e intocable estética de la zona?, le tendrán miedo al muchachote.
Realmente no importa tanto la cuestión, esto no va a durar mucho tiempo todavía… en llegando a la alcaldía el Diablito de las Fuentes, de las primeras cosas que se va a llevar de encuentro es la ciclovía, y de las segundas, las cicloestaciones, si es que todavía está allí, si no se la han robado para venderla como chatarra, o mejor aún para usarla para lo que realmente fue diseñada, para expender tacos y antojitos varios. Mientras, a seguir soportando ese atentado a la retina, cortesía de su fascineroso presidente municipal.

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