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Ty Cobb… El durazno de Georgia

coobNadie que ame el beisbol podrá escribir sobre los grandes jugadores de todos los tiempos sin mencionar el fabuloso jugador que durante el primer cuarto del siglo XX fue sin duda el mayor atractivo de este deporte y desde AQUELLOS TIEMPOS y hasta nuestros días, para miles y aún para millones de fanáticos conserva la etiqueta del jugador más grande que ha existido, su nombre: Ty Cobb, apodado «El Durazno de Georgia».
Los aficionados lo adoraban y los jugadores de los demás equipos y aún de su propio club, le tenían una antipatía que no ocultaban. Pocos periodistas lo tenían en alta estima como persona, pero nadie podía negar su grandeza como jugador. Fue el bateador más consistente de su tiempo y conserva hasta nuestros días el porcentaje de bateo más alto del beisbol con un increíble promedio de .367 acumulado durante sus 24 años en las grandes ligas. Con más derecho que nadie está en el Salón de la Fama de Cooperstown. Nueva York, recinto sagrado de los inmortales del beisbol.
En el pináculo de su carrera, en un lapso, mostró su enorme grandeza al obtener 12 títulos de bateo, el primero de ellos a los 20 años de edad. Tres veces logró la corona en este departamento con porcentaje superior a los .400 puntos y conectó la friolera de 4 mil 191 imparables. Se robó 892 bases y en 1915 logró 96 estafas para imponer un récord que duró casi 50 años.
Ty Cobb fue el pilar de los Tigres de Detroit y los llevó a la serie mundial en 1907 y 1908 contra los Cachorros de Chicago, aunque fueron derrotados vergonzosamente en ambas ocasiones, pues la primera serie la perdieron por cuatro juegos a cero y la segunda por cuatro a uno. Al siguiente año los Tigres volvieron a conquistar el banderín de la Liga Americana para volver a caer en el cásico de octubre, en esta ocasión frente a los Piratas de Pittsburg por cuatro juegos a tres.
Después de la época de Cobb, pasaron 25 años para que los Tigres volvieran a una serie mundial y nunca más, fuera de la época de este inmenso jugador, el equipo ha logrado estar en el clásico de otoño durante tres años consecutivos.
A pesar de su tremenda consistencia con el bat, de su calidad indiscutible en el jardín central de los Tigres de Detroit y de su gran facilidad para robar las bases tanto al pitcher como al receptor contrario, los aficionados lo recuerdan como el jugador más excitante que ha existido y el hombre que revolucionó el beisbol.
Era tan agresivo que cuando salía al robo de la segunda base, anunciaba al pitcher en que lanzamiento lo haría, con ello ponía nervioso al lanzador, lo mismo que al segunda base y al parador en corto contrarios, ya que Cobb acostumbraba llegar con los pies por delante y es fama que a más de un jugador contrario le cortó el uniforme y le desgarró las piernas con sus filosos spikes.
Nunca negó que antes de cada partido, afilaba los fierros de sus zapatos y acostumbraba mostrarlo a sus oponentes para tratar de asustarlos. Además, era considerado como el jugador más inteligente de AQUELLOS TIEMPOS y quizá de todas las épocas del pasatiempo americano. Cuando en 1915 se estafó 96 colchonetas, todos creyeron que nadie, en ninguna época, podría igualar semejante hazaña y por medio siglo estuvieron en lo cierto, hasta la llegada de los veloces jugadores de piel oscura que con técnicas más evolucionadas lograron derribar el fabuloso récord.
Durante un juego de exhibición de estrellas de las Ligas Mayores que desbordó la emoción de los fanáticos de la isla de Cuba, Ty Cobb fue puesto out en su primer intento de robarse la segunda colchoneta. La fanaticada cubana aplaudió hasta el delirio al cátcher antillano que logró poner fuera al veloz corredor que traía locos a los más famosos receptores de la Gran Carpa, ese día, Cobb se ganó una de las más grandes rechiflas que se recuerden en la bella Isla del Caribe.
Poco duró el gusto a los cubanos, pues no obstante que se exponía al ridículo. «El Durazno de Georgia» paró el juego y exigió al ampáyer principal que midiera la distancia entre primera y segunda base ya que, él estaba seguro que la almohadilla no estaba en el lugar correcto. La rechifla de los espectadores fue en aumento y Cobb se sentó sobre el segundo cojín amenazando con no retirarse hasta que fuera medida la distancia.
Más por agilizar el encuentro que otra cosa, los jueces del juego de exhibición, ordenaron que se comprobara la distancia que según Cobb había sido alterada. Minutos después, por los altavoces del estadio se dejó escuchar la voz del ampáyer principal que anunciaba el resultado de la medición.
Efectivamente, la segunda base estaba casi un metro más lejos de su posición normal y eso hizo que pusieran out al corredor más veloz de AQUELLOS TIEMPOS, el inmortal TY COBB, quien después de la aclaración escuchó el aplauso más cariñoso y prolongado que de los aficionados cubanos dieron ese día.
Por esa y otras muchas hazañas que realizó durante su brillante carrera. TY COBB tiene un lugar entre los inmortales del beisbol de Cooperstown, Nueva York.

Escribe: Miguel Angel Genis Guzmán

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