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EL PEOR ENEMIGO DEL PRI

«Jorge Luis Morán es el perfecto hombre para nulificar la ventaja regional y minar la reserva lagunera de votos a favor del PRI, allí donde lo ve, este temible carcelero está convertido en el peor enemigo del Partido Revolucionario Institucional para la gubernatura, y por defecto, también para la alcaldía de Torreón…».-

Baile y Cochino.-

Por Horacio Cárdenas.-

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Jorge Luis Morán, temible carcelero metido a alcalde de Torreón. (Foto de El Siglo de Torreón)

La elección del próximo junio aparece complicada para el Partido Revolucionario Institucional por muchas de las razones que se han mencionado, todas ellas importantes y con peso relativo, más otras que de momento no son muy notorias, pero que de aquí al día de los comicios, adquirirán un carácter determinante.

Todos los premios en la rifa son importantes, desde la más misérrima. Complicada o violenta de las alcaldías, de las cuales Coahuila tiene varias, hasta las que los lugareños comunes llaman las joyas de la corona, aunque sea por el aparentemente poco suculento lapso de doce meses, pero como ha quedado demostrado a lo largo de este sufrido país, aunque sean dos días de interinato son suficientes para hacer una fortuna que dure generaciones; por supuesto están las diputaciones al congreso local, tan apetecibles que las quieren alcaldes, regidores y hasta exgobernadores, algo tendrán esos delicados manjares presupuestales, y por supuesto el plato fuerte, la gubernatura del Estado, que todos quisieran zampársela sin siquiera degustarla, a lo mejor por aquel consejo atávico de que del plato a la boca se cae la sopa. Por esos puestos de elección popular en disputa, los aspirantes están dispuestos a correr riesgos económicos (pero no demasiados, no se vaya usted a creer, no hay político suicida), a enemistarse políticamente con los que fueron hasta el instante previo sus carnales del alma, a ser tratados el resto de su vida como si tuvieran lepra, lo que sea con ver cumplido su deseo de ser la sonajita que marque el ritmo el sexenio entrante.

Desde hace muchos años que el factor regional es una condicionante de la selección de candidato a la gubernatura, por cada partido y especialmente por los que tienen posibilidades de triunfar. Para el Revolucionario Institucional ha sido uno de los factores que hacen más compleja la toma de la decisión final, ¿elegir a un saltillero, inclinarse por un lagunero, arriesgarse con un candidato de otra región del estado?, se supone que si el dedo supremo ordena que a la asamblea de delegados o al armatoste que se haya dispuesto para simular una consulta abierta a las bases, se inclina por alguien de la capital, el priísmo saltillense se aglutinará en torno suyo, jalando de pasada a una razonable proporción del electorado, aunque esto no se da siempre porque para fortuna o desgracia, en una ciudad tan chismosa como Saltillo, todos se conocen sus milagritos…

El mismo fenómeno puede que ocurra en Torreón pero con mayor intensidad, de por sí que desde hace décadas corre por sus drenajes el espíritu separatista, el contar con un candidato torreonense es visto como un paso no para acercarse a su sueño dorado de separarse de Coahuila, sino para anexionar el resto de la entidad a La Laguna, lo que consideran de elemental justicia. Un candidato lagunero, así sea Miguel Ángel Riquelme, es hasta cierto punto probable que logre hacer olvidar a sus exgobernados, los alteros de pecadillos reales o imaginarios, imaginarios o crudamente reales del desmoche que fue su administración, con tal de ver trepado en la silla grande de Coahuila a un lagunero.

Hasta aquí la parte fácil, la de teorizar sobre las posibilidades que tiene un partido, en este caso el RIP como le decía el caricaturista Ríus, de capitalizar los malhadados enconos regionalistas, que son los mismos que limitan que un aspirante de una región de las menos pobladas, siquiera asome la cabeza buscando una nominación, pues los pocos paisanos que lograra arrastrar no sacaría de la abulia a los de las regiones grandes, ni a favor, ni en contra. Donde la puerca comienza a torcer dolorosamente el rabo, es a la hora de que los activos comienzan a convertirse en pasivos… o en plomos que hagan naufragar hasta el plan mejor elaborado, esto es lo que le puede pasar a Miguel Riquelme con su reserva torreonense de votos.

Ánimas que en México la democracia no fuera tan hipócrita y pudiera ser como en Estados Unidos, donde un presidente, gobernador o representante puede hacer campaña desde la comodidad de su puesto y salario, acá hay que pedir licencia para que, hipócritamente, nadie pueda acusarlos de usar recursos públicos para apuntalar sus aspiraciones en el ánimo de los votantes. Riquelme ha dejado de ser alcalde de Torreón, y todo lo que pudiera presumir que había construido, corre el riesgo de convertirse en polvo en las manos de quien dejó como encargado de una de las alcaldías más conflictivas, no de Coahuila, sino de México entero por lo violento e incontrolable.

En efecto, ponga que los torreonenses tuvieran que agradecerle a Riquelme primero, que se haya ido antes, eso es para enaltecer a cualquier político, recuerde lo que siempre se ha dicho del paisano presidente Francisco I. Madero, su más grande virtud como político con deseos de pasar a la historia fue dejarse matar por las huestes de Victoriano Huerta; en segundo lugar la expectativa, la esperanza de muchos laguneros de ver a uno de los suyos en la boleta electoral acariciando durante el próximo medio año el sueño de que por fin y luego de quien sabe cuántos sexenios, uno de los suyos reclame el honor de La Laguna para gobernar Coahuila.

Pero ¿y si cada día que pasa de aquí a la elección los laguneros tienen que lamentar la que se percibe desde ya como un chivo esquizofrénico suelto en la proverbial cristalería, la administración de José Luis Morán Delgado como alcalde de Torreón? A que más que la verdad, la capital del estado libre y soberano de La Laguna no es un delicado escaparate de bibelots, es un polvorín permanentemente a punto de estallar, prueba de ello son las múltiples muestras de violencia que son para unos una válvula de escape de violencia mayor, y para otros la muestra de lo que puede desencadenarse si las condiciones se ponen a tono. Y a tono se pueden poner con el marrullero represor Morán, quien siempre ha pensado que la administración municipal puede manejarse como si de un reclusorio se tratara, tanto para el trato despótico como para exprimirla económicamente.

Es cierto, había que dejar a alguien ¿pero a Morán?, este cuate cada día que pase de aquí a la elección, le quitará votos por cientos al PRI y a Riquelme, si es que este resulta el dedeado como candidato. ¿Cuántos?, podría pensarse que amarrar al perro con la longaniza fue un riesgo calculado del gobernador de acuerdo con el alcalde que aspira a sucederlo, pero si las cuentas les salen chuecas, Morán es el perfecto hombre para nulificar la ventaja regional y minar la reserva lagunera de votos a favor del PRI, allí donde lo ve, el temible carcelero Morán Delgado está convertido en el peor enemigo del Partido Revolucionario Institucional para la gubernatura, y por defecto, también para la alcaldía de Torreón, si casi parece una maniobra intencional para orquestar la alternancia, salvando la cara de que se perdió en buena lid, último resquicio de dignidad del otrora partidazo.

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