JAQUE AL PRI

«…las deudas de honor para Enrique Peña Nieto y su camarilla valen una pura y dos con sal, cuando Humberto quiso regresar a la política, desde arribota ordenaron que nanay.»

Baile y cochino.-

Por Horacio Cárdenas.-

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Difícil recordar alguna ocasión anterior en la que un exlíder del Partido Revolucionario Institucional decidiera correr los riesgos de desafiar a la organización política que los encumbró, que prácticamente los hizo lo que son, a la que les adoctrinó el respeto y les infundió un sano temor por las represalias, como lo está haciendo Humberto Moreira Valdés de un par de semanas para acá.

Quizá Porfirio Muñoz Ledo, quien también había sido presidente del Comité Ejecutivo Nacional del PRI antes y después de ser secretario del gabinete federal, logró con su salida y desafío, cimbrar al partidazo en aquel 1988 en que el supremo dedo se había decidido por Carlos Salinas de Gortari, dándole un palmo de narices a Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano en sus pretensiones de ser candidato a la presidencia de la República por el mismo partido que hizo presidente al General.

¿Qué le sabía Porfirio Muñóz Ledo no al gobierno, no al PRI sino al sistema político mexicano?, como siempre en estos casos la respuesta es la pregunta contraria ¿qué es lo que no le sabía?, y aún así el partido decidió mandarlos por un tubo a Cuauhtémoc, a él, a Ifigenia Martínez y a una centena de políticos de distintos tamaños que se fueron para enfrentar al PRI desde el Frente Democrático Nacional, lo que luego se convirtió en el Partido de la Revolución Democrática con la aceptación no tan tácita del resultado de las elecciones en las que se hizo famosa también aquella “caída del sistema”.

Dice el manual de política de El Tlacuache Garizurieta, que en política no hay enemigo pequeño, y si los enemigos son grandes, también es grande el daño que pueden hacer en un momento determinado. Pues con todo y esto, hay que reconocerle al PRI, por lo demás partido marrullero, corrupto, sucio, duro con los de fuera y durísimo con los de dentro, que en el caso que les platicamos, supo correr los riesgos de la información altamente privilegiada que se llevaban los que se fueron, y sortear una de sus elecciones más difíciles, porque como dicen los héroes en las películas norteamericanas, el gobierno, ahora el PRI, no negocia con secuestradores. Pero eso era antes.

Las cosas han cambiado mucho en el partidazo, y no precisamente como dicen que decía Don Jesús Reyes Heroles, para que las cosas siguieran igual. Cuando Humberto Moreira Valdés, quien se disciplinó a lo que desde la presidencia de la República se decidió para él, y viendo que las deudas de honor para Enrique Peña Nieto y su camarilla valen una pura y dos con sal, cuando Humberto quiso regresar a la política, desde arribota ordenaron que nanay.

Claro, recurriendo a esquemas engañabobos que seguramente han sido exitosos en incontables ocasiones el en pasado, acudió al expediente de “resucitarlo” en calidad de integrante del Consejo Político Nacional, y con eso darle la sobadita en el ego de que todavía es de los de acá, de los importantes, de los que toman las decisiones que pesan en el partido, y que por supuesto a cambio de eso debería alinearse a los dictados del Comité Ejecutivo Nacional, sean estos los que sean, a Humberto Moreira le sonó a la estrategia de las mamás de querer engañarle la rabieta a un niño dándole una sonaja que no suena.

Vaya usted a saber cómo ha estado eso de que el Partido Joven acá en Coahuila estuvo anunciando desde hace algo más de medio año que tenía la intención de ofrecerle una candidatura a Humberto Moreira, sea para alcalde o para diputado local, y que hasta la silueta o foto del exgoberandor querían que apareciera como símbolo de su partido. No seamos ingenuos, los Puente serán lo que sean de ratas, pero algo saben de las cañerías del sistema político, y si lo sacamos es solo para el anecdotario de querer saber quién cilindreó a quien, si fue Humberto a los Puente o los Puente a Humberto, el caso es que a pesar de todos los años pasados y de todo lo que pesa cargarlo y mantenerlo, el cilindro sigue funcionando para hacer ruido, a tal grado que hizo parar la oreja al PRI nacional, y de pasada seguramente también a la Secretaría de Gobernación y a la Presidencia de la República, de que quien fuera mandamás del partido y con todas sus letras, a quien se debe la selección de Enrique Peña Nieto como candidato a presidente, y quien sabe si también la elección en forma, andaba queriendo, no salirse del huacal, sino regresar a él.

El PRI supo enfrentar a Muñoz Ledo en 1988, pero el entonces dirigente Jorge de la Vega Domínguez no era un novato en las lides políticas ni partidistas, como es el caso del actual presidente del CEN Enrique Ochoa Reza, quien como único activo es ser amigo e integrante del primer círculo de cuatitos de Enrique Peña Nieto, hablando de la cabeza, pero también el resto de la estructura refleja esa mentalidad elitista y distante de la manera en la que se deben hacer las cosas en política y en el PRI.

Humberto ya movió sus piezas en el ajedrez, Ochoa ya le contestó, como no de debe contestar tratándose de un exgobernador y un expresidente del partido, atentando contra la esencia misma de lo que siempre fue el PRI y su principal fortaleza, el ser o cuando menos parecer una organización monolítica de la que no se va nadie porque a todos sabe capitalizar.

Humberto en su carta, en sus declaraciones ha puesto al PRI en jaque, la dirigencia nacional como jugadores novatísimos que son, no tienen ni idea de cómo responder: le dan lo que pide aun sentando precedente, le niegan lo que pide, una candidatura a una posición que perfectamente podría ganar, lo obligan a cumplir su amenaza de expulsar al PRI de Coahuila… ¿qué hacer?, y aquí caben dos preguntas ¿cómo se dejó que llegara la partida a este punto?, además de la más interesante ¿Cómo lo van a resolver, si no pueden ganar, abandonarán la partida antes que perder, o la llevarán hasta la derrota?

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