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Juan Marichal… dominicano con coraje

AQUELLOS TIEMPOS.-

Escribe: Miguel Ángel Genis Guzmán.-

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Todos los países del mundo tienen sus ídolos deportivos, aquellos que sobresalen sobre los demás o que abrieron las puertas de sus paisanos para brillar en el extranjero. La República Dominicana, caribeña isla vecina de Haití entre Cuba Y Puerto Rico, ha dado grandiosos peloteros para el beisbol de las Ligas Mayores, pero el más grande de todos y el más popular lo fue el lanzador Juan Marichal, primer dominicano en llegar a jugar a un Juego de las Estrellas y primero también en ingresar al Salón de la Fama de Cooperstown.
El orgullo de la histórica isla del archipiélago de las Antillas y también de los Gigantes de San Francisco, ganó 243 juegos a cambio de tan solo 142 derrotas en 16 temporadas, para un impresionante porcentaje de 631 y dejó con el bat al hombro o abanicando la brisa a 2 mil 303 bateadores.
Tuvo seis temporadas con veinte o más triunfos, tejió un juego sin hit ni carrera contra los Astros de Houston en 1963. Diez veces fue convocado para el juego de las Estrellas y participó en ocho ocasiones para compartir un récord en estos clásicos de media temporada junto con otros tres lanzadores en mayor número de actuaciones (Jim Bunning, Don Drysdale y Tom Seaver), los dos últimos consagrados como Marichal en el Recinto Sagrado de los Inmortales.
El dominicano se apuntó dos triunfos sin derrotas en Juegos de Estrellas y habría obtenido su tercera victoria en 1965 para empatar un récord del tremendo Lefty Gómez de haber contado con una ayuda eficiente de sus compañeros. Marichal inició el encuentro y lanzó loas primeras tres entradas en forma perfecta, dejando el juego 5 carreras a cero a su favor, pero Maloney y Drysdale fueron apaleados en las entradas siguientes. Finalmente, la Liga Nacional obtuvo el triunfo pero Juan no se acreditó la victoria.
En 1964, ganó el dramático juego de las estrellas, escenificando en el Shea Stadium, casa de los Mets de Nueva York. En el cierre de la novena entrada, la Liga Nacional perdía cuatro carreras a tres y puso dos corredores en las almohadillas. Se presentó al plato de bateo el puertorriqueño Orlando Cepeda y con un electrizante brazo que se fue de hit empató el partido para convertir el estadio en un manicomio.
Luego vino al bat Johnny Callison y conectó cuadrangular que vació las bases para hacer ganar a los estrellas de la nacional siete carreras a cuatro. El triunfo se acreditó a Juan Marichal que lanzó con su acostumbrada efectividad las últimas entradas del partido.
Ese día fue fiesta grande en la Región de San Francisco, California y más ruidosa todavía en el pequeño poblado de Laguna Verde en la lejana República Dominicana, lugar donde Juan Marichal vio la luz por primera vez el 20 de octubre de 1938, El hijo predilecto de la aldea, continuaba hilvanando triunfos que tarde o temprano lo llevarían a ocupar un lugar en el Salón de la Fama de los Estados Unidos de Norteamérica.
El dominicano Marichal, encabezó dos veces la Liga Nacional en juegos completos lanzados y también en blanqueadas. En total, alcanzó la respetable suma de 244 juegos completos durante su carrera, en una época donde los manejadores empezaron a echar mano de los magníficos lanzadores de relevo que han surgido en el beisbol en la última mitad del siglo pasado. En la actualidad, es difícil que un pitcher logre terminar más de 200 juegos.
En el curso de sus 16 brillantes temporadas, abanicó o dejó con el palo al hombro a 2,303 bateadores y logró un promedio de por vida de 2,89 en el renglón de efectividad, (carreras limpias permitidas por cada nueve innings picheados).
Los Gigantes de San Francisco se enfrentaron a los Yanquis de Nueva York en la serie mundial de 1962 y fueron derrotados por los poderosos «Mulos de Manhattan», encabezados por la poderosa batería de la «Doble M M» Mickey Mantle y Roger Maris. En ese clásico, el dominicano Juan Marichal únicamente lanzó cuatro entradas del cuarto juego, aceptó dos imparables y ponchó a cuatro contrarios, no le anotaron carreras y fue factor importante para el triunfo de los Gigantes con anotación final de siete carreras a cuatro.
Solamente cinco jugadores latinos se encuentran en el Salón de la Fama de Cooperstown, uno de ellos es el inmenso caribeño Juan Marichal que hizo su ingreso en 1983. Los otros cuatro son: el puertorriqueño Roberto Clemente (1973), el cubano Marthin Dihigo en (1974) por sus actuaciones en el beisbol de las ligas negras y en los países latinos, especialmente en México.
Un año después del ingreso de Marichal al templo sagrado de los inmortales del beisbol, hizo su arribo al famoso lugar el venezolano Luis Aparicio, espectacular parador corto que brilló intensamente con los Medias Blancas de Chicago, con los Orioles de Baltimore y que terminó su carrera con los Medias Rojas de Boston.
El último latino que ingresó al salón de la fama de Cooperstown lo fue el superestrella del tolete, el panameño Rod Carew, segunda base que brilló intensamente con los Angelinos de los Ángeles.
Pero el lanzador que abrió el camino a los latinos hacía la histórica aldea de Cooperstown, lo fue sin duda alguna el grandioso dominicano JUAN MARICHAL, un Lanzador con coraje.

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