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De la imagen de nuestro tiempo

Ensayo sobre el México del siglo XXI.-

Por: Ramsés Leonardo Sánchez Soberano.-

Tercera parte.-

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Hemos mostrado casos de ejercicios de violencia extrema, crueldad, extorsión, secuestros y asesinatos como encarnaciones de un mal racional, burocrático y competitivo que ha surgido de la creación simbólica de un antagonista. Estos síntomas exhiben la planeación de un procedimiento. Deben lograr que el miedo instaure en el imaginario colectivo sinonimia con la servidumbre general. Ello comienza por el regocijo que se esconde bajo la capa del que pone las leyes y envía tímidamente militares, policías, a una captura, también simbólica, fantasmagórica, ilusoria.

Esta fantasmagoría, que divide lo legal de lo ilegal en el seno de la legalidad, es reproducida en la vida cotidiana. Lo hace a través de elementos de distinción, exclusividad, jerarquización y aislamiento dispuestos a crear la necesidad de diferenciarse de otras minorías. La pobreza es desplazada como realidad efectiva por el libre mercado y el pobre despreciado por los instalados en él. Estar instalado significa pensar «a favor de»: no poder pensar más allá de lo que nos tiene secuestrados. El desprecio que de aquí surge funciona bajo la estela de la marginación, la subordinación y la banalización. Marginación del caso, subordinación del pobre al ideario dominante y banalización de su situación. Es por ello que su deslizamiento no puede aceptar un juicio moral. El «estar instalado en» se mantiene en la esfera de la pura praxis y la reiteración de su hacer no tiene tiempo para la crítica. Esencialmente distintos, estos casos han sido entrevistos por Pierre Bordieu en La distinction[1]. Allí lo sabroso, lo insípido, lo bello, lo feo, lo vulgar son planteados a partir de los bienes consumidos y de la manera de consumirlos. Estas prácticas confluyen en el posicionamiento de una clase como autodeterminación. Más allá de aquella investigación de orden social el texto de Bourdieu estuvo cerca de ver que los estados afectivos sí pueden ser esbozados. Y que la manutención de una idea, como el consumo que distingue a una persona de otra, recubre el ser de una existencia como una indumentaria que no se puede despojar de una afección orientada de antemano. Carecer de educación, de bienes materiales, de estado de derecho… es despreciable. Esa falta efectiva dice que hay una diferencia ontológica entre el «yo» y el «tú».

En consonancia con ello, las obras de arte legítimas funcionan como el producto verdaderamente enclasante para producir nuevos conocedores de arte. En la compra y consumo de arte se instauran divisiones tales como los géneros, las épocas, los modos, los autores. En esas diferencias las clases encuentran su distinción. Así, con el empoderamiento de una clase en la élite de los modos «correctos» y «superiores» de vivir, la invasión de la vida del pobre –como denigración y aplastamiento– introduce el desprecio de su ser y prepara su eliminación del orden social en general. Aquí ya no es posible oponer a la paz y satisfacción del ser completo la desventura y hambre del pobre. Este simbolismo necesita desaparecer cualquier indicio de conciencia moral. Es la distinción que ya no permite remordimientos. No admite preguntar por los límites de lo humano en aras de la alimentación de su vanidad.

Ha sido la obra de Emmanuel Levinas la que ha establecido que la indiferencia, la xenofobia y la marginación no son cuestiones de moral e historia. Que ellas son posiciones ontológicas. Comprenden un modo de situarse ante el ser. Esta situación señala la importancia de atender la génesis de todo aparecer en términos de la determinación genética de su ser. Hemos establecido que la estructura ontológica del desprecio por el otro, la indiferencia y el odio al extraño guardan una historia secreta. Ella se erige a cada instante, en eventos efímeros, que solo pueden ser pensadas mediante una lógica distinta a la del pensar actual. Ella se muestra en la voz de la joven ingenua que construye el deseo de «ser lo que no es». Ella dice sonriendo: «Cuando sea grande, quiero un novio narco» pues, aunque sea malo, «es un estilo de vida». Esta realidad ha sido expuesta por Shaul Schwarz en Narco cultura. Consiste en la producción de la imagen del pensamiento que hemos expuesto: un «estilo de vida» que orienta un deseo que no alcanza a pensar las consecuencias de «llevar a cabo» lo que desea. Desea una vida que se prohíbe otros posibles al estar dominada por la única finalidad que está expuesta al servicio de un discurso simbólico. Ella es la lógica de la ausencia que se actualiza en «hacer desear algo» de un modo peculiar.

La producción de una imagen-significación en el seno de un deseo se ha envilecido de tal manera que es necesario llevar a cumplimiento las más horrendas fantasías. La cirugía plástica, además de mostrar el fracaso del legendario juramento hipocrático, base moral de la medicina, es entendida como un restablecimiento armónico, como una estandarización de la idea de lo «apto» para ser amante del poderoso. Este «perfeccionamiento perpetuo del cuerpo» conviene a la búsqueda constante por una renovación artificial. Bajo ese esquema será una y otra vez buscado, deseado y anhelado un objetivo. Así, si el cumplimiento del cuerpo perfecto está prohibido al ser humano, pues siempre será el deseo por la perfección de ser, ¿no es necesario decir que está basado en un imaginario? Frente a esta construcción de la belleza no puede haber conciencia de crisis humana y económica. El cuerpo domina la dirección de la mirada y el interés se atomiza en su composición y distribución. Frente a todas las miserias fundamentales del presente el cuerpo domina la atención convirtiéndose en aquello que se busca corregir. De modo que, una vez perdida la razón, el ser se conforma con el cuerpo.

El domingo 1 de junio de 2008 muere Ives Saint-Laurent. A su funeral asiste Nicolas Sarkozy, en aquel momento jefe de Estado de Francia. Esta muestra de poder, como aquello que capta la atención del jefe político, no solo corresponde al que «ha liberado a la mujer». También ha «producido» una distinción social, un empoderamiento. Ha ayudado a fundamentar la praxis, nacida del dispositivo imaginario del aislamiento y del desplazamiento del fantasma, del que «no puede» estar en ese horizonte de posibles. Él ha ayudado a mostrar que la vanidad y la autofascinación son el primer aislamiento que sufre el pobre. Él es el verdadero trofeo del imaginario capitalista, de la sociedad de consumo y de control.

A partir de la disposición artística de la vestimenta (elevada a título de creación estética), con la que se ha superado la marginación del color de la piel, la moda sirve para abandonar públicamente al pobre a su miseria. Con ella viene inmediatamente un elemento ausente al aislamiento de la clase. Consiste en crear luchas al interior de una condición. La confrontación contemporánea, que Slavoj Žižek solo ha visto entre la clase trabajadora y el proletariado es, por un lado, una lucha que terminará hasta que alguno haya ganado espacios de derecho y reconocimiento pero, por el otro, es un combate que surge de la necesidad de la distinción[2]. Estos espacios son el destino de los nuevos diferenciales creados por el estado actual de la sociedad. De esta confrontación se ganan socialmente algunos derechos, pero la resonancia mental, el desprecio por el parecido, se perfila como la verdadera conquista. Así se logran confinar las minorías y ponerlas en confrontación. Esta incomunicación es un nuevo método de intervención y vigilancia pues ellos ya no son castigados por un poder superior sino que están en peligro ante sus semejantes. La resonancia de la pobreza es pues creada y la nueva opulencia está obligada a instaurar un diferencial. Este punto de desavenencia es el consumo. Él comienza con el dominio de la imagen de un terror creado por los medios, fabricado por la información, que opera con el extrañamiento y la separación del horror de la vida del consumidor para entonces orientarlo hacia la producción de personajes que deben funcionar como aquellos que idealizan su modus vivendi. Con frecuencia estos personajes han sido menospreciados por las doctrinas del totalitarismo. Nosotros hemos mostrado su importancia.

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La primera destrucción pública de la lucha antiimperialista de Hugo Chávez fue realizada por Rosinés Chávez, su hija, al exponerse ante la sociedad de la mano del imaginario americano. Estos actos pertenecen a una vigilancia distinta a la descrita por Foucault[3]. Es la guerra que han iniciado las redes sociales: la exposición del ser a partir de las opiniones. Consiste en una determinación y significación simbólica que está al abrigo de nuevos modos de observación, de la administración de la información y de la cohesión entre sintagmas que generan y dominan el modo y el emplazamiento donde es pensado el dolor, la crueldad, la desprotección para ubicarlos fuera de una clase específica que se aliena del mal a partir de los medios materiales que posee. Ella es una significación sin cuerpo, imaginaria, susceptible de adaptarse a cada forma pues ella le significa y fija como «algo determinado». Esta significación es la que se añade a la producción de una imagen cultural general respetando la distinción entre clases y evita, mediante el terror infundido en las sociedades minoritarias determinadas, que ellas entren en relación.

Lo dicho no es extraño a la educación. Ella es una fabricación de imágenes del pensamiento, de prejucios en general, dispuestos a la introducción de un modelo económico y social. Recuerda, como ha visto Naomi Klein, cuando Milton Friedman utilizó la Universidad de Chicago para introducir sus ideas sobre la desregularización del mercado a través de fuerzas que, al amenazar la dignidad de la existencia, sirvieron para impulsar leyes dispuestas a obtener mayores beneficios después de haber creado caos y desestabilización[4]. Milton Friedman, señala, «entendió la utilidad de las crisis». Su modelo fue instaurado, inicialmente, en la psique universitaria, usando la Universidad Católica de Chile como prueba, para entonces llevar el modelo a la política de su país. Los estudiantes chilenos conseguían becas para estudiar la economía propuesta por Friedman en EEUU. A su vuelta, fueron impulsados por Nixon a desestabilizar la economía que, en aquel momento, defendería Salvador Allende. Comenzaron huelgas, golpes de estado, hasta el asalto del general Pinochet al palacio municipal el 11 de septiembre de 1973. La política de Pinochet, resultada de aquella planeación, abrió las puertas al modelo económico del libre mercado.

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En acorde con esto, la introducción de modelos de educación contemporáneos en la universidades mexicanas conduce a la desaparición de la idea de autoridad presente al deconstruir la relación entre el alumno y el maestro a favor de perspectivas que, al estar obligadas a transmitir contenidos, ponen la educación al servicio de una ingeniería del discurso. La ‘nueva epistemología’, salida del debate entre el neopositivismo europeo, el pragmatismo americano, la fenomenología, el existencialismo y el personalismo de Mounier, Maritain y la filosofía posmarxista, comienza con una crítica a los modelos de ciencia totalizadores y dogmáticos. Ello condujo al educador a mirar hacia otras contribuciones cognoscitivas a partir de diferentes ciencias «capaces de ofrecer autonomía y crítica». Su criticismo comienza quebrantando cualquier tipo de autoridad, univocidad o estabilidad para dar paso al perspectivismo, al manejo subjetivo de información y así reinterpretar y lanzar lo ya sabido hacia otros ambientes y coordenadas[5]. La llamada «innovación educativa» supone un punto de partida, una perspectiva sobre la cual se introduce un nuevo modo de aplicación de la modernización y el adiestramiento. La investigación efectiva, como producción de pensamiento, que debe ser distinguida de la reproducción de modelos de exploración, comienza a percibir su decadencia a partir de su infravaloración: este modelo repetirá lo ya establecido como «bueno», «valioso», «fundamental», «importante» para los códigos y las preselecciones del modelo a instaurar.

Este patrón enseña que la innovación debe estar dirigida hacia su aplicación inmediata. En él ha sido superado el pragmatismo, atribuido normalmente a John Dewey, por la búsqueda de la aplicación en tanto que ideología generalizada. Ella es la fuente del materialismo, el modo de entender la innovación y el prestigio, según el modelo económico de EEUU. Sin embargo, todo pragmatismo, según lo que ha enseñado Richard Rorty en Contingency, irony and solidarity[6], incide en una diseminación de fuerzas construidas antiguamente. Esta intervención no presente está protegida por la idealización del lenguaje. Para narrar situaciones él puede «redescribir», es decir, llamar virtud al engaño, convertir el bombardeo de Serbia en una «intervención humanitaria», los asesinatos a la población de Irak en «errores» de «bombas inteligentes», etc. La hermenéutica que está a su base ha nacido de la convicción que es necesario destruir todo dejo metafísico de fundamentos y es por ello que solo pueden pensar sucesos efímeros y reconstrucción de hechos.

Así, ¿no supone esta ruptura con la historia efectiva –y por añadidura con las posiciones morales primerísimas, destruidas al unísono con la idea de hombre (esencia, yo, ego)–, la posibilidad de convertir actos terroristas en una obra de arte, en un mandato divino o en una oportunidad para la privatización? Ese es el grave problema que abre el terreno para que el trato con la historia del pensamiento sea llevado a cabo a través de una apariencia absolutamente subjetiva dispuesta a tratar la realidad bajo un orden lingüístico. Ese es el grave problema de nuestra incapacidad para saber qué es la libertad y el desconocimiento absoluto que las ideas singulares pueden ser manufacturadas y manipuladas. En otras palabras, es el grave problema de no saber hasta dónde debemos detenernos antes de manipular los hechos.

De acuerdo con este modelo de transmisión del conocimiento, la reforma educativa mexicana, y la introducción apresurada de las reformas actuales, coinciden con las intenciones imperialistas del antiguo imaginario americano: ellas integran una ideología y funciones específicas en un territorio a partir de la redescripción de las situaciones, ellas tratan la «vida real» como si las personas y las culturas fueran solo «léxicos encarnados» para ser gestionadas como partes de un engranaje pensado en términos de producción, deslocalización e incremento de beneficios. El aparente acceso gratuito a los cursos ofrecidos por el Massachussetts Institute of Technology, Harvard, Berkeley y The University of Texas System consiste en poner a disposición del público general conocimientos ya filtrados, determinados, clasificados y seleccionados de acuerdo con un imaginario.

Esta introducción de elementos comienza con una distinción jerárquica donde el desplazamiento de lo «malo», lo «anticuado» tiene como base la aceptación previa de que lo determinado como tal es efectivamente así. Pero este cambio de paradigma está centrado en las necesidades del mercado. Utiliza la mecanización, la industrialización y la tecnologización de las competencias educativas, y de sus resultados, para poner en venta la producción de conocimiento a consorcios. Las investigaciones sobre los recursos naturales de la hoy llamada República Democrática del Congo tendrían como finalidad la distribución de esta información a compañías como HP, Intel, Sony, Toshiba y Nintendo. Ellas discurren hoy sobre iniciativas para mitigar riesgos e impactos naturales. Pero esta obtención de ley fue diseñada después que estas compañías se vieran obligadas por la ley Dodd-Frank a revelar si sus productos continenen «minerales en conflicto» o no.

Cuando el conocimiento, llevado a su función práctica, está al servicio de la producción y explotación, ¿no se hace ilusoria la «decisión» y la «autonomía» del «conocer» pues solo están exhibidas al interior de estas superficies? ¿No se ponen en riesgo los principio mismos de las ciencias humanas, de la democracia y del respeto por las diferencias? Es sintomático, para esta educación, la preferencia de sistemas de consulta como Wikipedia, información delineada desde una perspectiva, a partir de una interpretación subjetiva, que por la Encyclopaedia Britanica, investigación realizada por expertos en cada tema, objetiva, creativa, especializada. Preferencia que tiene a su base el otorgamiento de una idea de libertad, tolerancia, prosperidad, pluralismo religioso y sufragio universal (características con las que Serge Schmemann definió a EEUU cinco días después del 11 de septiembre)[7].

Esta pragmaticidad omnipotente predetermina la utilización de programas en los que se estudien métodos y procedimientos (químicos, físicos, de ingeniería, etc.) que sean aplicables y rentables a corto plazo. Solo ellos podrán obtener fondos. La idea que el pensamiento actual solo debe «utilizar» lo ya inventado, pues no hay nada nuevo que pensar, está basada en este modelo. Este método parece conducir al profesor a ocupar un lugar marginal. Debe trabajar con los paradigmas actuales creados en otros laboratorios para establecer un tipo de educación peculiar. Y con ello, tal si fuera una armonía general, comienzan, al unísono, a ser desplazadas las prácticas que caracterizan la vida del obrero, del campesino, del indígena, esto es, trabajos que producen poco, singularmente, que no forman parte de un conglomerado. Así, al introducir la necesidad de modernizar la educación, el campo, la industria: la antigua idea del profesor, del abastecimiento de los mercados públicos, los servicios médicos y demás deben ceder espacio para dejar entrar nuevas tecnologías y plantear sus trabajos de acuerdo con lo que es efectivamente aplicable. Por tanto, recordando a Rorty, el segundo intelectual más citado en la historia del pensar de EEUU, la introducción de nuevas tecnologías, es la «redescripción» del servilismo educativo, el olvido de la vida del campesino, la precomprensión de un orden social en general.

 

[1] Cf., Pierre Bourdieu, La Distinction. Critique sociale du jugement, Les Éditions de Minuit,‎ 1979.

[2] Cf., Slavoj Žižek, «Multiculturalism, or, The Cultural Logic of Multinational Capitalism» en New Left Review 225 (Sep.-Oct. 1997), pp. 28-51.

[3] Cf., Michel Foucault, Surveiller et punir. Naissance de la prison, Paris, Gallimard,‎ 1975.

[4] Cf., Naomi Klein, The Shock Doctrine: The Rise of Disaster Capitalism, Canada, Knopf, 2007.

[5] Cf., Franco Frabboni, Franca Pinto Minerva, Introduzione alla pedagogia generale, Guis. Laterza e Figli, Roma-Bari, 2003.

[6] Cf., Richard Rorty, Contingency, Irony, and Solidarity. Cambridge: Cambridge University Press, 1989.

[7] Cf., Noam Chomsky, 9-11, Seven Stories Press, 2001.

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