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LA DEMOCRACIA Y EL ASQUEROSO DINERO

Baile y Cochino.-

Por Horacio Cárdenas

casamemo
Residencia de Guillermo Anaya candidato del PAN al gobierno de Coahuila.

Dicen que dijo alguna vez Winston Churchill que la democracia es la peor forma de gobierno, excepto por todas las otras formas que han sido probadas de vez en cuando. El discurso del que forma parte esta frase fue pronunciado cuando el primer ministro británico estaba en los cuernos de la luna, él como el principal héroe de la Alianza que venció a los nazis en la segunda guerra mundial, podía darse el lujo de la socarronería, así fuera frente al panteón de momias que siempre ha sido la Cámara de los Comunes, pero lo cierto es que su opinión, en broma o en serio, ha trascendido los años y las fronteras, al grado de que hoy en Coahuila de nueva cuenta está a prueba esta que es la peor forma de gobierno, y que sin embargo por ser la menos malas de entre las demás, nos obliga a aferrarnos a ella como al proverbial clavo ardiendo.

Tierra, lodo, cochinadas diversas han estado volando entre los candidatos y los partidos políticos, y lo más probable es que antes que culmine el proceso electoral el domingo 4 de junio, no habrá cloaca capaz de desaguar todo el mugrero que entre ellas y ellos continúen aventándose, quedando solamente una cosa clara, que los políticos en contienda, no son de esas idílicas aves capaces de cruzar el pantano sin que su plumaje se llene de boñiga… podríamos decir que es lo contrario, si es que hubiera imanes para ella, estos lo serían.

El tema más recurrente de las campañas negras que se enfilan unos contra otros, tiene que ver, oh sorpresa, con el dinero, con el asqueroso dinero que parece ser que a ellos les sobra, mientras que al peladaje al que por azares de la democracia tienen que acudir los candidatos a mendigarles el sufragio a su favor, les escasea, a unos poco, a otros muchos, y a algunos, de manera desesperante, siendo ellos los que son capaces de vender su voto y con ello el futuro del estado, por un puñado, ni siquiera de dólares, sino de devaluados pesillos de centro suave.

En esta ocasión no vamos a alimentar la pila de porquería económica que se tiene ya sobre la riqueza de los candidatos, y de cómo la obtuvieron, no, vamos a hablar de un asunto que no es menor por todo lo que trae detrás, nos referimos a la declaración pública, promesa, compromiso o como quiera llamarle, de cuando menos un par de candidatos, hasta el momento, de que en caso de ser electos para el cargo de gobernador, no aceptarían una remuneración por el servicio que se mueren por prestar a los coahuilenses. Y a como suelen ser las cosas en la política a la mexicana, basta con que uno salga con una hablada, para que la opinión pública, y con especial sorna los medios de comunicación, le pregunten a los demás candidatos si ellos tampoco cobrarían por la delicada chamba de conducir los destinos de los coahuilenses del tenebroso presente al deslumbrante futuro que ofrecen, obvio se trata de un garlito, y sobre todo aquellos que aunque jamás lo confiesen, saben que ninguna posibilidad tienen de ganar, y por extensión de verse obligados a cumplir con lo que prometen, pues para pronto dicen que sí: ellos tampoco cobrarán su sueldo de gobernador o alcalde, y si sus celosos subordinados insisten en ponérselos en un abultado sobre, lo donarán a alguna causa noble, tanto o más noble que ellos.

Esto nos lleva a una situación a cual más de bizarra, gente que quiere un empleo, porque gobernador, alcalde, regidor, síndico y diputado, son empleos, pero reniegan que aceptarán la remuneración que constitucionalmente corresponde a todo trabajo. Sí, hasta el elector más lerdo, servidor de usted, sabe que eso es pura pose, que lo que menos les interesa es el salario nominal, y lo que sí, todo lo que el poder trae aparejado en prebendas, oportunidades, canonjías, etc. A las que ni aun poniéndolo por escrito en su declaración 3 de 3, convencen a nadie que les son indiferentes.

Si creyéramos, y si hiciéramos buena esa de que el aparato de gobierno con este o aquel candidato nos saldrá barato, quizá alguien se sintiera motivado a sufragar por esta o aquella opción política, quizá en el colmo de la efectividad del rollo, aumentara la votación a favor de gente que quiere venderse como honrada, tres veces honrada para señalar a uno de guaripa y bigotes en contienda, pero luego nos topamos con que la democracia en México y en Coahuila, nada tienen de barata, al contrario, es un lujo… que estamos seguros que no vale lo que cuesta.

Sí, porque oiga, claro que fue un escándalo enterarse de lo que cobró Ana María Salazar por “moderar” el debate entre los candidatos a la gubernatura, 111,600 pesos, ¿por una, tres, diez horas de “trabajo”?, ni lo que cobró la modelito aquella, que dejó babeando al público masculino y a los candidatos a la presidencia de la República, a la que el IFE le pagó 3,500 pesos… ni el costo del vestido con que exhibió sus encantos y el ridículo que es la democracia mexicana. Que en efecto, la organización de elecciones pretendidamente democráticas, para que al final del día todo quede como está, cuesta un demonial de dinero, los sueldos de los consejeros que se dicen ciudadanos, son una afrenta para los que sí son ciudadanos con percepciones de miseria. Los gastos del aparato democrático son escandalosos, y solo se justifican a ojos de quienes lo que quieren es la perpetuación del estado de cosas. Para estos pocos, esos pagos son morralla bien invertida, lo mismo que lo que se otorga en prebendas a los partidos políticos, que estos sí, se despachan con la cuchara grande a la hora de dispendiar lo que se les entrega de dinero que originalmente es del pueblo.

¿Candidatos que no cobrarán si son electos a los puestos que buscan?, ¿burócratas y contratistas de la democracia que se forran de dinero por un trabajo siempre cuestionable?, como que algo está fallando en esta ecuación. Allí les va nuestra propuesta inaceptable de entrada: todo lo que tenga que ver con la democracia debe ser honorario, pero honorario de honor, no del recibo que pasan por el supuesto trabajo realizado. Los candidatos, mañosamente si usted quiere, ya dijeron que ellos sí le entran al servicio público gratuito, ¿Por qué no también los árbitros electorales, moderadores, escrutadores, encuestadores y demás?, no crea que somos ingenuos, es solo un buscapiés a ver quién es el que mejor baila al son de los cuetes.

Y para que vea que no se nos quita lo socarrón, allí tiene otra frase de Winston Churchill que nos viene muy bien a los coahuilenses en este momento: El mejor argumento en contra de la democracia es una conversación de cinco minutos con el votante medio… saque usted sus conclusiones y guarde su cartera.

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