NOTICIAS DIVERSAS.-
Por: Héctor Barragán.-
PREFERENCIAS Y DINERO.

Los conocedores o quienes presumen de sabios, aseguran que las televisoras nacionales producen programas de baja calidad artística, cultural, imaginativa, sin inteligencia ni calidad, porque son los que gustan al público.
Sin embargo no se sabe que hayan hecho investigaciones, estudios y ni siquiera las encuestas que solo captan una pequeña muestra del asunto.
Y es legítimo suponer que la realidad es justamente la contraria, que las producciones son de baja calidad y cada vez menor corrección y moralidad, por comodidad y economía, es decir que tienen que pagar al mejor personal porque les saldría más costoso.
Y por otra parte es preciso recordar que la mayor parte del tiempo de las dichas televisoras nacionales proviene del trabajo realizado en otros países, obedeciendo a culturas diferentes, sin contar con que algunas de las programaciones “nacionales” fueron copia más o menos fiel de la de otros países.
El contenido pues de los programas divulgados en México obedece a razón económica, cabe recalcar, donde sus productos se elaboran en volúmenes gigantescos, con el apoyo monetario suficiente y los mejores técnicos y profesionales del espectáculo, vale repetir, artistas de simulación y engaño.
Pudiendo divulgar asuntos de importancia, y constructivos, no se ocupan de la elevación cultural de sus clientes, sino de entenderlos con lo que les deje mayores dividendos.
También hay que considerar que estos negocios, como la mayoría de los que operan en este país, obedecen a intereses económicos particulares, pero ajenos en alto grado, así que la publicidad, que mantiene a las televisoras, tiene por fuerza que dedicar casi todo el tiempo a tales intereses extraños.
De manera que la educación a los consumidores es prácticamente nula, en el sentido de que no es contable promover el consumo de alimentos nutritivos con preferencia a los de chatarra o francamente nocivos, por lo que los productores nacionales no reciben estímulo alguno por el efecto publicitario y ante la invasión propagandística de las empresas transnacionales.
Con iguales y parecidos términos se puede recordar a la música mexicana, desplazada en tiempo preferente de la televisión mexicana, lo mismo que de las radiodifusoras del país entero.
Con efectos naturales en la desocupación y menores oportunidades económicas para los compositores, los artistas y por supuesto en la reducción del nacionalismo, tan perseguido en años pasados y posiblemente renacido en futuro próximo, por la real o supuesta necesidad de regresar a ese nacionalismo, ahora por parte de los dirigentes de los principales imperialismos, es decir, justamente del movimiento político inverso.
ESTRATEGIA INVASORA.
Los imperios fabricantes de armas y parque o pare ser precisos, sus propietarios, buscan ávidamente conservar y engrandecer sus negocios, multiplicar sus fábricas, para conseguir que todo habitante del planeta cuente al menos con una arma.
Y seguramente no tienen en mente los riesgos que ello acarrea, los que están constantemente a la vista y afectan lo mismo a pueblos en conflicto que a niños y jóvenes en edad de temprana escolaridad. Procuran con ansiedad aumentar utilidades crecientes, sin considerar que ocasionan daños a partes de la sociedad humana y por ser pequeños los daños a civiles e infantes, no les preocupa.
Piensan en la seguridad de la humanidad, en la paz del mundo, con cada elemento armado y capaz de saber usar esos peligrosos instrumentos, agentes de la muerte.
Se tranquilizan pensando que las armas no ocasionan muertes, sino los seres humanos y estos cuentan con la capacidad e inteligencia necesaria para servirse siempre en buena ley de tales instrumentos.
Se consideran guardianes de la paz y la democracia, seguramente desde que cuentan con instalaciones de importancia. Proveyeran recursos de guerra a las facciones en pu8gna desde la independencia de México; participaron igualmente en las guerras de reforma y la revolución y a cuanto participante hubo en los conflictos que cubrieron prácticamente todos los años, entre el1810 y 1930, seguramente con ganancias difíciles de comprender.
Contaron con el apoyo político del gobierno norteamericano y facilitaron la infiltración de agentes entre los beligerantes, que les llevaron noticias frescas propiciatorias del conflicto y del interés de su pueblo en sus boyantes operaciones comerciales.
LA INVASION PACIFICA.
Aunque las principales incursiones al país se hicieron con amenazas terminantes y hostiles, el proceso de invasión, invariablemente respaldado con la sombra de las armas, se ha realizado en paz.
Una marca, luego otra y luego se multiplicaron, de enorme variedad de productos, muchos de ellos fabricados al, principio en forma artesanal en el país, se desplazaron, se sustituyeron, ocupando la mayor parte de los anaqueles de las tiendas.
Aún los prósperos negocios del alcohol, utilizados para favorecer la sujeción de los trabajadores a las empresas, sus bajos salarios y permanente esclavitud, han venido a comprarlos, así sea parcialmente o bajo nombres prestados, con idéntico objetivo, gran lucro y con pretensiones de comercio a nivel mundial.
Porque la bebida original, el pulque, se utilizó por los colonos para esclavizar a los pobres, porque era una bebida utilizada en los ritos religiosos por los primeros pobladores, que lo difundieron y luego apoyaron con los aguardientes de agave.
Pero la tecnología moderna de los viejos tiempos trajo al país la cerveza, que desplazo con ventaja y mayores utilidades al originalmente, divino neutle, que según la leyenda fue descubierto por una noble mexica, la Reina Xochitl.
HACE TIEMPO.
El futuro del país estaba deformado de origen, por el feudalismo retrasado de los españoles, su exagerado proteccionismo y su economía primitiva, pre capitalista. Más atendieron a la búsqueda y explotación de minerales que a la agricultura, y en los trabajos mineros su tecnología distaba de los procedimientos de otros países, como Gran Bretaña, que se desarrollo en este territorio.
Las concesiones para trabajar los recursos del subsuelo se otorgaban a los peninsulares y inversionistas con capacidad económica, atendiendo a las dádivas, cortesías, sobornos, de la manera tan socorrida hasta la fecha.
Algunos siglos después, el petróleo llegó a ser negocio y codiciado por los países ricos, que llegaron por los privilegios, aprovechando la baratura de los terrenos, de la mano de obra y demás facilidades económicas.
Pero el posesionarse del mercado local, les resultó sencillo, por no haber competencia ni técnica comparable, de modo que las marcas extranjeras se fueron multiplicando a lo largo del tiempo.
Los contados negocios locales sucumbieron ante la competencia y la alta capacidad financiera exterior, tan luego comenzaron a mostrar favorablemente datos de rentabilidad.
Pero los beneficios a los países receptores y pobres, no son completos, puesto que lo corriente es que el capital foráneo llegue en búsqueda de materias primas y su beneficio, procesamiento o industrialización, la realizan en sus países de origen, posiblemente por desconfianza o afán de supervisar personalmente las etapas finales del trabajo.
Considérese también que la explotación de recursos se realiza mediante técnica y equipos que no produce el país receptor del capital, sino que lo conservan en sus residencias, a donde remiten las utilidades que generan, la amortización de las inversiones que se requieren para producirlo, así como el “knowho”, el cómo se hace, la tecnología.
En más de una forma es que a los países industrializados les conviene invertir en los que no lo son. Igual por el ahorro de salarios, el ocultamiento de utilidades, los menores impuestos, el dar trabajo a su dinero, todo lo cual es de considerar los tratados internacionales, binacionales o con varios países, porque los beneficios se distribuyen inequitativamente y los perjuicios no son avaluados por los países menos favorecidos.
El Presidente Donald Trump se equivoca al decir que México le ha robado sus trabajos a los norteamericanos, porque han realizado los mexicanos labores que no acostumbran realizar los vecinos, mucho menos con los salarios que por necesidad han tenido que efectuar los compatriotas.
Es prudente entonces la revisión del TLC o NAFTA conforme a las siglas norteamericanas, para corregir los errores del original, que han perjudicado y grandemente a México como la desocupación rural, el desplazamiento de mano de obra mexicana por las crecientes importaciones y por la invasión tecnológica (esto último que representa millones de empleos).

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