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TORREÓN: CONTROL DE DAÑOS

*** Dejarán fuera de la alcaldía a Jorge Luis Morán para «limpiar» la casa.-

BAILE Y COCHINO.-

Por: Horacio Cárdenas.-

moran

Corría la primera mitad del sexenio de Eliseo Mendoza Berrueto, y el presidente municipal de Saltillo, Eleazar Galindo Vara, no había resultado el activo que la sociedad saltillense, el sistema político y sobre todo el Partido Revolucionario Institucional, había pensado que sería; lejos de ello, su administración rayaba en lo desastrosa, sobrepasando la mediocridad disciplinada que en otros tiempos y latitudes la clase política estaría dispuesta a tolerar, así que desde las alturas del poder, decidieron su salida por los típicos motivos de salud u otros parecidos que a nadie importaban. Obvio, desde la primera oficina del Palacio Rosa, y con la obediente connivencia de la legislatura de mayoría priísta, se aceptó la renuncia y el reemplazo del alcalde por Mario Eulalio Gutiérrez Talamás, a quien nunca se supo bien amparado en que fama de bombero, se le encomendó la nada fácil de controlar los daños en la administración municipal capitalina.

Si bien Malalo no pudo devolverle a la molesta población saltillera la confianza como para que votara por el PRI en la elección intermedia, sí se aplicó en desaparecer cualquier evidencia incriminatoria que pudiera caer en manos de su sucesor, el panista Rosendo Villarreal Dávila en su primera incursión en la política, y a quien le hubiera venido de perlas cualquier dato que pudiera utilizar contra Eleazar, contra Mario Eulalio, o bien contra el gobierno del Estado. El control de daños había funcionado, no de primera como para conservarle al priísmo la alcaldía de Saltillo, pero lo suficiente como para que no pasara a mayores.

Ahora en previsión del cambio de administración estatal y municipales, algo parecido se está anticipando en la capital del estado libre y soberano de La Laguna, ese que amenaza ahora con anexarse al resto de Coahuila bajo la égida de Miguel Riquelme Solis, y que se anticipa todavía más espinosa que lo que le tocó enfrentar a Mendoza Berrueto y su equipo.

Si el PRI hubiera hecho el uno dos, ganando la gubernatura con el alcalde con licencia Miguel Riquelme, y la presidencia municipal con el primer tocayo Miguel Mery, todos los cabos de la sucesión en la Perla de la Laguna hubieran quedado impecablemente amarrados, aunque fuera utilizando como tejedor fino al manitas de plomo Jorge Luis Morán. Ahora sí que siguiendo la tradición del sistema político a la mexicana, en que los siguientes sirven de tapadera de las trapacerías de sus predecesores, ¿qué mejor arreglo que el que tanto el interino Morán, como el sucesor Mery le debieran el empleo a Riquelme, a cambio del cual le cubrieran cualquier cosa que ameritara cubrirse?… pero el escenario ideal no ocurrió, y es aquí cuando las cosas se ponen verdaderamente interesantes.

Como en pocas ocasiones la administración municipal torreonense, la actual, quedará bajo la lupa implacable de la entrante, y es que aunque suene a lugar común, se está fraguando la “tormenta perfecta” por una serie de factores que enumeramos a continuación: el presidente municipal electo, Jorge Zermeño Infante, por el hecho de haber sido ya alcalde de la misma ciudad, conoce todos los entretelones de la administración municipal, lo que se debe hacer, lo que se puede, y lo que no de uno y otro, digamos que a cualquier otro podrían tratar de engatusarlo aprovechándose de su novatez e ignorancia, pero no a alguien que ya fue el mandamás.

Eso solo para abrir boca, luego está el hecho de que nunca falta un traidor… unos veinte, cincuenta o más traidores en la administración actual, que estén dispuestos a soltar la sopa de los pecadillos en los que se regodearon todos y cada uno de los funcionarios y jefes en el ayuntamiento, y que con tal de congraciarse con el nuevo alcalde, a ver si así los deja seguir colgados de la ubre presupuestal, estarán dispuestos a aderezarle a la medida de las denuncias penales que quiera integrar.

Además, y esto ya por cuestión partidista, ¿Qué mejor manera tendrá el Partido Acción Nacional, en lo general, Guillermo Anaya Llamas en lo particular, y cuanto coahuilense le corra sangre azul por las venas, para hostigar a Miguel Riquelme Solis, que sacar a asolear los trapitos de su desempeño como alcalde de Torreón?

Algunos podrán sugerir, con cierto grado de razón, que Miguel Riquelme ya está gobernando, de allí la versión de que el alcalde interino Jorge Luís Morán, confiable para actuar con puño de hierro, pero no para desaparecer evidencias que es incapaz siquiera de ver, será sustituido por José Antonio Gutiérrez Jardón, quien despacha todavía como Secretario de Desarrollo Económico, Competitividad y Turismo del gabinete de Rubén Moreira, quien estaría cediendo los bártulos del gobierno estatal a quien le habrá de suceder, en el entendido de que a ninguno de los dos gobernadores, el saliente y el entrante, les conviene que el primero le ponga piedras en el camino al segundo, de quien espera precisamente el tratamiento que Mery quedó impedido en las urnas de ofrecer y darle a su anterior patrón.

La jugada en el ayuntamiento torreonense es como la que comentábamos al principio y que forma ya  parte del anecdotario político estatal, se antoja como un movimiento desesperado fraguado en conjunto por Miguel Riquelme y Rubén Moreira, confiando en que un técnico, que es el concepto en el que tienen a Gutiérrez Jardón, logre no el control de daños, sino como se conoce en la jerga mafiosa, limpiar la escena del crimen, para que a la hora que llegue la policía, no encuentre nada que le sirva como evidencia.

A lo mejor hubiera tenido mucha más lógica el colocar como alcalde interino a alguien que sirviera lo mismo para tener Torreón en paz, misión por lo demás casi imposible, y que a la hora de conocidos los resultados de la elección y ocurrido el peor de los escenarios, pudiera hacerse cargo de la operación limpieza, no se les prendió el foco, tan seguros estaban que la tenían en la bolsa que corrieron el riesgo de poner a Jorge Luis Morán, que a los pecadillos que Riquelme quisiera que no se supieran, suma sus propios pecadotes, con lo que en el palacio municipal de Torreón Jorge Zermeño encontrará seguramente un tesoro de información que usar políticamente en contra de su predecesor… y titular del Ejecutivo. Pero sabido es que el hubiera no existe, y ahora Gutiérrez tendrá la ingrata chamba de tratar de salvar la cara de la administración municipal priísta, eso si no sale embarrado por darse cuenta de una que otra porquería… y no dar parte a la autoridad competente, ¿Qué dicen del que llegó por lana y salió trasquilado?, pues más o menos así.

No le quite el ojo de encima a Torreón, el futuro de la administración estatal no está en el tribunal electoral, está en el palacio municipal de la perla lagunera, del que saldrá no humo blanco, sino flamas en los primeros meses del año entrante.

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