Lecciones griegas ¿Rodeados de idiotas?

La Quimera de Pep.-

Escribe: José Luis Cuevas.-

INE1

No pretendo ofender a nadie con este título que puede sonar agresivo, en mayor o menor medida, dependiendo del humor de cada cual lo lea. Pero si alguien se identifica allá su consciencia… o su inconsciencia, desde luego.

Mejor me explico y ya cada uno ve si se le parece o no. Lo que pasa es que me asaltan las dudas, las cuales resumo en el cuestionamiento del encabezado ¿nos rodean los idiotas?

Los griegos, quienes se caracterizaron por ser unos ciudadanos preocupados por el saber (al menos hasta donde sabemos), llamaban <<idiotés>> a quienes no se preocupaban por el qué hacer político, a quienes pasaban de largo y preferían aislarse en su situación personal. No es que uno deba desvivirse por la organización de la sociedad pero hay asuntos que deben ser del interés común, siendo esta la manera más eficiente de llevar las cosas al mejor punto posible para los ciudadanos.

En nuestro país las campañas electorales entusiasman a la mayor parte de la población, situación que toma especial matiz debido al caudillismo que ha permanecido a lo largo de muchos años de historia. Siendo –aun- una figura exitosa el terreno político, recientemente explotada bajo la figura de los candidatos independientes, ahí tiene usted al Bronco, ahora gobernador de Nuevo León.

Retomando el tema, pasada la efervescencia de las campañas, y cuando los procesos se llevan a los tribunales, el enardecimiento también baja, es decir, el interés mayúsculo por el qué hacer de los políticos, que no está de más recordar que para entonces ya han dejado de ser candidatos. Sin embargo es ahí en donde empieza la verdadera chamba de los que hacen ‘polaca’, la resolución de problemas. Pero también ahí es en donde se relaja la vigilancia social sobre el accionar.

¿Cuáles podrían ser las pruebas de eso? La cantidad de escándalos que acontecen sin alterar el sistema. Corrupción, socavones, puentes que se hunden, enriquecimiento, conflictos de interés, endeudamiento indiscriminado, y un largo listado al que le llamaremos etcétera.

Volviendo a los griegos:

Somos instintivos pero además somos racionales. Nos agrupamos en la civilización, en la sociedad; nuestro hábitat. Por lo que el organizarla se convierte en un reto de conciliar posiciones producto del propio raciocinio.

De este lado del mundo, como en otros también, nos regimos por uno de los inventos griegos más perdurables, la democracia. El sistema de competencia que nos vuelve iguales por su principio de isonomía; el mismo sistema que empujó al ciudadanos a la explotación de sus cualidades individuales, potenciando el pensamiento y con el actividades como el teatro y las competencias deportivas.

Una característica que vale la pena destacar de esta civilización de la antigüedad es la forma del poder, me explico: si vemos la organización del antiguo Egipto, notamos que es el faraón la principal cabeza del poder, y este se va distribuyendo de manera jerárquica en grupos mayores hacia abajo en la escala social; tan alta es la posición del faraón que era considerado un dios, es decir, estaba idealizado. Lo mismo en alguna etapa de Roma, en Persia o en Mesopotamia. Un poder en forma triangular. Los griegos, en cambio, recurrían a la forma circular, en la que se distribuía la voz en torno del poder. Claro, esto no quiere decir que este organigrama no fuese excluyente, sin embargo refleja otra manera de llevar las cosas.

Al igual que los oriundos de la antigua Grecia, los mexicanos estamos llamados a ser políticos, es decir, administradores de la polis, lo cual inicia con la preocupación por mejorarle sean o no tiempos electorales. Sobre todo si la distribución del poder no es la más óptima socialmente. Ser idiotés nos está erosionando.

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