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Eddie Joss… un serpentinero mal pagado

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Eddie Joss con Ed Walls.

AQUELLOS TIEMPOS.-

Escribe Miguel Ángel Genis Guzmán.-

Muchos de los afortunados peloteros que en la actualidad reciben sueldos millonarios por jugar en las ligas mayores de beisbol, sin duda alguna se sorprenderán cuando se enteran de los salarios de hambre que se pagaban a principio del siglo pasado a grandiosos jugadores que lograron la inmortalidad y tienen un lugar bien ganado en el Salón de la Fama de Cooperstown, aunque en su época hayan sido prácticamente explotados por los magantes de ese deporte.

El ejemplo típico del serpentinero mal pagado, lo fue el excelente monticulista  de la primer década del siglo XX, EDDIE JOSS, quien dejó el deporte repentinamente a la edad de 31 años, víctima de una terrible enfermedad que lo llevó a la tumba cuando estaba en la cúspide de su brillante carrera.

Solo jugó nueve años en la Gran Carpa, pero fueron suficientes para que los aficionados y cronistas de aquellos tiempos reconocieran su enorme talento Tristemente, al Morir Joss, su familia no tenía el dinero suficiente para darle sepultura y poder sobrevivir, por lo que los más grandes estrellas de la época organizaron un juego de exhibición en beneficio de sus deudos y lograron reunir un poco más de 12 mil dólares que sirvieron para aliviar en parte la pena de sus hijos y esposa.

Los fanáticos que asistieron al juego de beneficio  a la familia de Eddie Joss, tuvieron oportunidad de ver jugar, tal vez por única vez a los más grandiosos jugadores de aquella época.

Todas las estrellas convocadas para el memorable encuentro jugaron ese día con respeto a la memoria del formidable serpentinero y lo hicieron con el más firme deseo de ayudar a su familia.

Ese día estuvieron en el campo de juego los magníficos lanzadores Christy Mathewson, Ed Walsh, Glover Cleveland Alexander y Walter Johnson entre otros. También tomaron parte tremendos bateadores como Eddie Collins, Johnny Evers, Home Run Baker. Joe Tinker, Ty Cobb y Tris Speaker entre los más reconocidos.

El salario de Joss apenas llegaba a los cuatro mil dólares anuales y pocas esperanzas había de mejorarlo a causa del descarado dominio que ejercían los dueños de los equipos sobre los peloteros que disputaban el honor de llegar a las mayores por lo que eran explotados injustamente.

No es posible imaginar hasta donde habría llegado Eddie de no haber sido atacado por una especie de tuberculosis complicada con meningitis, que poco a poco fue minando sus facultades y le causaban terribles dolores que finalmente lo retiraron de los diamantes y pese al esfuerzo de los médicos por salvarlo, la parca le gano la partida.

Joss utilizaba un lanzamiento raro que salía de su brazo como si la pelota estuviera escondida en otra parte de su cuerpo, así desconcertaba a los bateadores oponentes y durante cuatro temporadas consecutivas, el lanzador derecho cosechó 20 o más triunfos, lanzando para los Azules de Cleveland.

De sus 160 victorias de por vida en Grande Ligas, 45 fueron blanqueadas, algo verdaderamente asombroso. Además hilvanó dos juegos sin hit ni carrera; uno en 1908 y otro en 1910, Su promedio de carreras limpias admitidas es el segundo más mejor en la historia del beisbol. Solo atrás del portentoso Ed Walsh que dejó sus números en 189 por 1.88 de Joss.

Nunca estuvo en una Serie Mundial, pero eso no restó méritos a su ejemplar carrera. Únicamente lanzó 286 partidos para un récord de 160 triunfos a cambio de 97 derrotas. De los lanzadores que están en el Salón de la Fama, es quién menos apariciones tiene en el montículo.

Eddie Joss nació el 12 de abril de 1880 en Juneau Alaska y murió el 11 del mismo mes, pero del año 1911, apenas dos días después de haber cumplido los 31 años de edad, y cuando los aficionados no olvidaban su juego sin hit ni carrera, lanzado la temporada anterior.

Pasaron 67 largos años, para que los cronistas deportivos aquilataran los méritos de este fabuloso jugador que ingresó al nicho de los inmortales en 1978.

Cuando los aficionados de la nueva época conocieron sus hazañas que se dieron a conocer en los periódicos que se plasmaron en la placa conmemorativa de Cooperstown, exclamaron con razón “Se tardaron mucho tiempo”.

 

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