Coahuila: la metralla política

BAILE Y COCHINO.-

Por: Horacio Cárdenas.-

atentados

A la izquierda el ataque al director de la Facultad de Derecho de la Unidad Torreón UAdeC, a la derecha el atentado que costó la vida a Fernando Purón.

Solía decir la sabiduría popular, que en este país nuestro, hasta los estornudos eran políticos. Sabido es y era, que cualquier gesto de los poderosos podía significar para un humilde subordinado el encumbramiento, o para alguien que se sentía en los cuernos de la luna, el ostracismo, así era el sistema político en este México, en el que las reglas no escritas parecía que estaban tatuadas en el cerebro, en el estómago y en lo hígados de todo aquel que quisiera dedicarse a la cosa grilla.

Pero los tiempos han cambiado, la piel de los políticos ha perdido sensibilidad quizá por usar puros trajes de diseñador y camisas de seda, aquel cuidado por no perderse ni una sola señal de los de arriba, los de abajo y los iguales a uno, ha ido cayendo en el desprecio de unos por otros, en dejar de jugar como equipo para cada uno tratar de llevar agua a su molino, con el resultado de que el conjunto de la política ha perdido efectividad, no solo para los vividores de ella, sino para lo que se la tenía desde el principio, mantener el control de la población en lo político, obvio, pero también en lo ideológico, lo social, lo económico y cualquiera y todos los ámbitos de la vida nacional.

Para nuestra desgracia colectiva, este sería un excelente momento para actualizar aquella inocente y casi metafórica expresión de los estornudos políticos, por el de que en México y en Coahuila inexorablemente igual, los balazos también son políticos.

El viernes 8 amanecimos los coahuileños con una nota que no sabíamos si nos hacía reír o llorar, el propio candidato a la presidencia del Partido Revolucionario Institucional y sus partidos rémora, o su sesudo equipo de campaña, habían tomado la decisión de que Coahuila tendría el honor de ser el sitio donde cerraría José Antonio Meade su campaña. Por supuesto que no faltó quien se fue con la finta de que de ese tamaño está nuestro montón de arena en el ánimo del tercereño candidato que aquí la tierra de Madero, de Carranza, de Ramos Arizpe, quiere que le sirva de marco para lanzar su último mensaje al electorado y a la nación, pensando que será tan certero que lo hará remontar lo que tantos consideran una causa perdida, si no es que la tumba del “peñanietismo”, del PRI, de sus satélites, y hasta del sistema como lo conocemos. Otros se pusieron a especular: bueno, ¿viene a Coahuila porque hay que cerrar en algún lado y nuestro estado reúne las características de primero ser priísta todavía, segundo estar poco poblado y no se notará si no hay mucha gente en los mítines, o es que siente que aún falta convencer a algunos coahuilenses indecisos, que podrían inclinarse por él y su propuesta de continuidad?

Lo que sea, esta nota que era importante a nivel nacional y todavía más para Coahuila y el priísmo estatal, se vio opacada, pero con mucho, con el anuncio de que Andrés Manuel López Obrador cerrará su campaña en el estadio Azteca, ante la prohibición del gobierno de la ciudad de México, vale decir, la misma que él gobernó y que para bien o para mal todos los que cobran en su burocracia fueron prohijados por el tabasqueño. Sobre todo los caricaturistas se dieron vuelo para ilustrar la nueva amistad, sociedad, amorío o cosa peor, entre quien pocos son los que no ven ya como el próximo presidente de la República, y el consorcio de entretenimiento que si algo ha sabido hacer al paso de las décadas, es ponerse al servicio del poder en turno, a cambio claro de una sustanciosa ganancia. Televisa y su presidente Emilio Azcárraga Jean, artífices que fueron de la creación del personaje de telenovela Enrique Peña Nieto, no quieren arriesgarse a quedarse fuera del “business oficial”.

Eso fue en la mañana del día 8, nada fuera de la chunga normal de este proceso electoral, pero al rato todo cambió, para el medio día el medio político se había cimbrado ante el atentado perpetrado contra Carlos Centeno Aranda en el estacionamiento de una plaza comercial en Torreón, hecho en el que quien fuera prominente funcionario de la procuraduría y luego fiscalía general del estado, candidato a la presidencia municipal de aquella ciudad y en la actualidad, director de la Facultad de Derecho de la UAdeC, resultó gravemente herido y su escolta muerto.

Apenas las buenas conciencias se estaban disponiendo a descansar por el día, cuando como reguero de pólvora corrió la noticia del asesinato de Fernando Purón Johnston, expresidente municipal de Torreón y candidato a diputado federal del PRI por el primer distrito electoral, en un hecho con todos los visos de una ejecución del crimen organizado: nada de amenazas, nada de levantarlo, nada de torturas, dos disparos a la cabeza estando él de espaldas, con lo que ni siquiera pudo darse cuenta de lo que ocurría.

Regresando a la tesis propuesta al principio: ¿a alguien le queda duda de que ambos incidentes no tienen relación con la política?, pero ojo, no en lo que uno y otro estaban haciendo en el actual proceso electoral o queriendo hacer en el futuro próximo, sino en el papel que jugaron en el ejercicio del poder hasta hace relativamente poco tiempo en los polos opuestos de la geografía coahuilense, algo que seguramente molestó o perjudicó los intereses de personas o grupos que trataron en un caso y lograron en el otro, de saldar.

Sí, porque ¿qué tan peligroso podía ser Purón en el Congreso de la Unión?, tanto como cualquier otro diputado, nada. Ah, pero como alcalde de Piedras Negras, y sin que su actuación haya sido lo que nadie llamaría prístina, sí el sistema consideró que le seguía siendo de utilidad, de allí la postulación, pero además por la vía directa, nada de protegerlo con una plurinominal, así que riesgo, nadie pensó que lo hubiera. Ahora, dejaron pasar bastante tiempo entre que dejó la presidencia municipal y el asesinato, que vale decir, fue perpetrado con toda premeditación, alevosía y ventaja, lo mismo que el caso de Centeno, la motivación de los crímenes no era algo que pudiera resolverse sobre un café, con una borrachera o a puñetazos, iban sobre ellos para cobrarse afrentas reales o imaginarias, y de las que solo que las autoridades por una vez, logren resolver los casos, jamás sabremos cuales fueron.

Lástima, la política en Coahuila se ha metalizado, concretamente con plomo, bronce, acero y mercurio con que fabrican las balas que escupen las armas de alto poder. Adiós a la política de estornudos, ahora cada vez serán más cosas las que se resuelvan a balazos.

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