Los profesores sin Samuel

BAILE Y COCHINO.-

Por: Horacio Cárdenas.-

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Si la política es el arte, ciencia y oficio de comer sapos y culebras, y siempre pedir un segundo plato, decir que un político renuncia a su cargo por razones personales o familiares, es algo que jamás nadie ha creído, y que sin embargo como en el caso de la salida de Samuel Rodríguez de la presidencia de la junta de gobierno de la 61° legislatura del congreso estatal, se volvió a utilizar como razón, si bien no resulta suficiente como explicación.

Porque en México, de algunos sexenios para acá, nadie puede decir que el servicio público o la política, sean trabajos particularmente demandantes, al contrario, los políticos se lo toman con mucha, pero mucha placidez, trabajando cuando mucho semana inglesa, llegando con la fresca de las diez de la mañana, luego de un desayuno polaco, y se van a las dos, tres de la tarde a una comida de trabajo, para ya no regresar a la oficina hasta el día siguiente, y sí, hay ocasiones especiales, hay bomberazos, hay eventos, pero son los menos. En general son trabajos bastante descansados, aun aquellos que se presumen de más presión.

Por eso nos llama la atención el caso de Samuel, quien de hecho renunció no a un puesto, sino a tres, que siendo fieles a la verdad, manejaba sin mayor complicación ni desvelo. Sí, renunció a la presidencia de la junta de gobierno, pero también a la Coordinación del Grupo Parlamentario «Gral. Andrés S. Viesca» del Partido Revolucionario Institucional, y hasta a su curul como diputado. Si realmente no hubiera nada detrás, el poderoso operador político del priísmo hubiera podido dejar una, dos, y conservar la tercera, que como le consta a todos, el trabajo de un diputado no es algo extenuante ni que le consuma demasiado de su tiempo, y eso de dejar dieta, prebendas, privilegios, fuero, que además, los buscó durante tranquilamente tres sexenios, y hasta ahora se le hizo, más hueco suena todo el entuerto.

A lo mejor se sabe luego qué pasó, a lo mejor como se especula, Samuel se cae para arriba, en política cualquier cosa puede pasar, y más en Coahuila, por un principio de honestidad, la verdad deberá salir a relucir, pero no solo por hacerle justicia al personaje, sino por todo lo que se había hecho depender de él, y que igual tuvo que ver o no, en lo que está pasando.

Vale la pena recordar que hace pocos días, se dio un hecho que rompió con la tradicional calma del recinto legislativo, con la irrupción de un contingente de la Coalición de Trabajadores de la Educación, que integra jubilados y pensionados de la Sección 38 del SNTE, de la Universidad Autónoma de Coahuila y de la Universidad Autónoma Antonio Narro, quienes así como las sucesivas legislaturas no les han hecho caso, tampoco ellos aceptaron las llamadas a respetar la pretendida “máxima tribuna” del estado. En aquella ocasión de plano reventaron la sesión, y solo se calmaron cuando el presidente del congreso, Samuel Rodríguez, se llevó a los líderes Roxana Cuevas, Juana Esthela Guerrero y Gustavo García para dialogar en corto. Pues bien, de ese diálogo salió la promesa de que a más tardar en dos semanas, los profesores tendrían una respuesta respecto a su petición de derogar la Ley del Servicio Médico, la célebremente triste Ley Moreira, en honor de Rubén, que cuando era gobernados la promovió e impuso, en clara y franca violación a la Constitución General de la República, que hasta la Suprema Corte de Justicia de la Nación les ha dado la razón a los jubilados a los que se descuenta un 3% de su pensión para que puedan seguir disfrutando de una atención de quinta a su salud.

Pues bien, estaríamos a días o a horas que el presidente del Congreso tuviera que dar respuesta al conjunto de peticiones, y oh sorpresa… quien era el hombre fuerte de la legislatura, el que todo lo mangoneaba, resulta que renunció por motivos personales… dejándolos a ellos colgados de la brocha por decirlo coloquialmente, y seguramente ganando peligrosamente vapor, ante lo que se avizora como que no haya respuesta para el día y la hora que se ofreció, con las consecuencias a que haya lugar.

En Samuel Rodríguez los profesores habían encontrado un interlocutor válido y digno de respeto, después de todo para que la cuña apriete dicen que debe ser del mismo palo, y entre profesores no se leen la buena fortuna, el caso es que para bien o para mal, para la estabilidad política del régimen y la paz social de Coahuila, Samuel había estado haciendo la chamba, ojo, no necesariamente la solución, que se esperaba de él. Y de repente lo sacan, bueno, sale.

¿Qué va a pasar ahora con el asunto de la Coalición?, ¿Qué va a pasar con la Ley del Servicio Médico, se va a acatar la resolución de la corte, o por cuestiones financieras el Estado se declarará en rebeldía?, ¿Cuál será la solución final del conflicto, se tratará de revivir el cadáver que es el servicio médico de la Sección 38 o se pasarán sus obligaciones y aportaciones económicas al IMSS o al ISSSTE, o incluso a los hospitales universitarios?, curiosamente, la persona que estaba más cerca del caso, por su experiencia, por su profesión, porque los conoce y se conocen, era Samuel, a quien mandan a la banca y hasta el uniforme y el número del equipo le retiran.

Lo de los maestros no tarda, una semana o menos. Esperamos que quienes toman las decisiones estén en capacidad de retomar lo hecho, o si eso prefieren, de comenzar de cero, es su privilegio, pero uno de los gritos de los profesores la última vez, es que del recinto no se irían hasta no tener una solución favorable, que en su cerrada gama de opciones es solo la derogación de la ley… quizá más les hubiera valido encomendarse a San Samuel…

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