El reinado de Reyes

¿Qué dicen del mal del ladrillo?, pues Flores Hurtado es un triste caso del que se marea sin todavía haberse trepado en el tabique…

BAILE Y COCHINO.-

Por: Horacio Cárdenas Zardoni.-

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De izquierda a derecha, Claudio Bres alcalde electo de Piedras Negras, el senador Armando Guadiana Tijerina y el “virrey” de Coahuila Reyes Flores Hurtado.

A pocos les cabrá duda de que el actual proceso de transición en el gobierno federal es el menos terso que se pueda recordar. Si bien esta se ha denominado, un tanto pretensiosamente a nuestro juicio, la cuarta transformación, en la práctica es la tercera alternancia partidista e ideológica que vive en el país a escala del gobierno de la República.

En efecto, primero fue del PRI al PAN, cuando Ernesto Zedillo entregó el poder a Vicente Fox quien así cumplía con echar a las víboras tepocatas y sabe qué más de la presidencia, luego la segunda de regreso, de Acción Nacional al Revolucionario Institucional, con el guerrero de juguete Felipe Calderón devolviéndole las llaves de Los Pinos a un Enrique Peña que llegaba con la supuesta “expertise” del viejo Partido Aplanadora y la humildad de haber perdido el mando para recuperarlo luego; y bueno, la tercera alternancia, ahora para el lado de la izquierda, más populachera que populista, en que el actual presidente muy a su pesar le entregará el poder a Andrés Manuel López Obrador.

El sistema político tiene o solía tener muchas reglas no escritas, entre ellas la de que a sexenio pasado no se le ve el colmillo, y efectivamente, aún con las citadas alternancias del pasado, la transición fue todavía más suave y elegante que cuando la transmisión del poder era entre correligionarios, entre el rey muerto y el rey vivo. Ernesto Zedillo tuvo tal cortesía con Vicente Fox, que hasta salario de presidente le concedió, nomás pasada la elección, y a sus colaboradores, retribuciones de secretarios de Estado, literalmente se los echó en la bolsa y les amarró las manos de cualquier intención que hubieran podido tener de perseguirlo o investigarlo siquiera.

Con Calderón y Peña se dio un amarre todavía más fuerte, más pareció complicidad entre el saliente y el entrante que mera civilidad política, nada que ver con lo que está pasando ahora, en que el presidente electo le ha dado tres y las malas al mandatario en funciones, quien lo que quisiera es ya haber entregado la banda tricolor, para de esa manera poder poner punto final, y comenzar a hacer la contabilidad de las heridas y afrentas recibidas de parte de su sucesor. Porque una cosa es que López Obrador haya manifestado que no va a haber cacería de brujas en su sexenio, y otra muy diferente que vaya a respetar nada de lo que encuentre que era ley del ejercicio omnímodo del poder.

¿Alguien duda de que Andrés Manuel está ya gobernando?, lo está haciendo desde el día 2 de julio, sin tener derecho a ello, pero como tampoco hay ningún valiente que venga a enmendarle la plana…si lo único que le falta es firmar leyes y decretos, pero por lo demás, está haciendo y deshaciendo, y enfatizamos, sin estar habilitado legal o legítimamente para ello. Si las dos veces que Peña Nieto ha querido contradecirlo, una cuando dijo que el gobernaría hasta el último día, y la otra con que las obras del aeropuerto de Texcoco seguirán hasta el último de noviembre, suenan a hueco y llaman a lástima, una porque nadie le hace caso al presidente y la otra porque… si se va a cancelar ¿para que poner todavía un tabique más, que luego habrá que quitar para dizque dejar el lecho del lago como estaba?

Lo malo de esta usurpación del poder es que, mientras que a Andrés Manuel se le da naturalito y no hay quien lo cuestione, a sus seguidores, alelotes, achichincles, personeros y demás, no se les ve con la misma buena voluntad, al contrario, como aquella doctora que va a ser la jefaza del CONACyT, y dos que tres más a quienes s eles queman las habas por sentarse en la silla que el presidente electo les tiene prometida, andan regando el tepache, metiéndose en lo que todavía no tienen porqué saber, mucho menos ordenar.

En este preciso caso se encuentra Reyes Flores Hurtado, a quien Andrés Manuel ha ungido, o no, borre eso señor editor, ha dicho que designará en el momento en que esté en condiciones para ello, como el coordinador del gobierno federal en el Estado de Coahuila. la verdad que no sabemos si Reyes trae en la bolsa un oficio, un memorándum, un salvoconducto, una carta de presentación, no se nos ocurre exactamente qué documento pueda expedir un presidente electo que tenga validez, para como decían aquellas charolas de antes “se ruega a las autoridades civiles y militares brindar todo el apoyo para el desempeño de sus funciones”, porque ¿Cuáles funciones?

Hasta en tanto no se reforme la Ley Orgánica de la Administración Pública Federal, que ocurrirá de mero trámite al ser el Congreso de la Unión más morenista que el mismísimo Andrés Manuel, este no puede emitir nombramientos que no cuentan ni siquiera con clave presupuestal de puesto, mucho menos con perfil, descripción de funciones, atribuciones, responsabilidades, etc.

¿Entonces, amparado en qué anda Flores Hurtado reuniéndose con empresarios, paseando a pretendidos futuros secretarios de estado, quienes por cierto tampoco tienen seguro, seguro, seguro (parafraseando a otro morenista que despacha de senador por Coahuila) el aterrizar en el gabinete presidencial, recabando necesidades, diciendo que va a correr a tanta y tanta gente, a reorganizar funciones de las dependencias que quedarían, si todo se acomoda como quieren, bajo su control?, por supuesto que hay quienes le dan coba, allí está Claudio Bres, cacique de Piedras Negras y alcalde electo, haciéndola de anfitrión de los futuros encumbrados, y pues así ¿en que Suburban cabe el ego de quien ahorita no tiene más que una promesa de lo que estaría por venir?

Claro que no, ninguna transición del poder ha sido fácil, los que se van siempre salen con el alma a rastras, ¿pero se imagina lo que siente la gente a la que ahora se le ha cubierto de un manto de apestados, personas de las que se duda no solo de su eficiencia o de su honradez, sino cuyos puestos desaparecerán por haberse determinado sobre las rodillas, que son innecesarios, por no decir, que son un robo a la nación?

Sí, a lo visto en las pasadas semanas con la promesa de AMLO de ya no vender petróleo al exterior, con cancelar la reforma educativa y la energética, con cancelar el aeropuerto de Texcoco, cargando con los costos políticos y económicos de estas decisiones, que da la impresión que le hacen lo que los huracanes a Juárez.

Si es así con todo, lo de Reyes va, pero al menos de momento, todavía no es el virrey que ya se siente y ya pretende ser. ¿Qué dicen del mal del ladrillo?, pues Flores Hurtado es un triste caso del que se marea sin todavía haberse trepado en el tabique, no sea que en aquellas alturas le vaya a dar un aire y se venga abajo.

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