No eran 600 ni 3mil… eran 36 mil millones

BAILE Y COCHINO.-

Por: Horacio Cárdenas Zardoni.-

Una de las acusaciones que con más frecuencia se nos hacen a los periodiqueros, es la de quedarnos en la nata de la leche, no ahondando en los asuntos más allá de lo que nos permite cumplir con la hora de cierre de la edición. Tienen razón, a veces quisiera uno agregar más información, allegar referencias, contrastar datos, echarse un clavado en la bien o mal organizada hemeroteca, en los desordenados archivos o en el pantano de nuestra mente, para redondear una nota que uno mismo siente flaca y débil, pero no, terminamos por entregar algo que si bien da el gatazo, amerita reconsideraciones, rectificaciones y demostrar que podemos hacer algo más que escribir a vuelatecla con tal de estar presentes en el mundillo de la información electrónica ahora, como antes era en los medios impresos.

La semana pasada, en que desde su jaula electrificada de oro, Javier Villarreal, ese que fuera el dandy secretario de finanzas de hace dos sexenios, pinta bajo la cual ocultaba una proclividad a la transa y a la ratería como nunca se había visto en la administración pública coahuileña, soltó como de pasada que quien había sido su patrón, el gobernador Humberto Moreira Valdés, se había enriquecido ilícitamente, al facturar al gobierno del estado todo lo facturable, siendo el daño, según su sesudo cálculo, de alrededor de seiscientos millones de pesos.

La declaración del fulano este, huésped de lujo del juzgado de distrito allá en San Antonio Texas por aquello de lo que pueda “sudar” del dinero, que pudiera ingresar a las arcas de los Estados Unidos, paladín universal de la justicia, sobre todo allí donde hay la posibilidad de que algo se quede, se inscribe en el marco de una supuesta intención del gobierno de España, de reabrir el caso que hace algo más de un año, enderezó contra el exmandatario coahuilense, por supuesto lavado de dinero.

En algún momento, y es así como se hacen los chismes, la cifra de lo que Humberto habría “capitalizado” del gobierno estatal, pasó de los muy modestos seiscientos millones de pesos, hasta tres mil millones, esta cantidad, ya más respetable, que lo haría competir, aunque no precisamente con ventaja, con lo que otros gobernadores se llevan en calidad de enriquecimiento inexplicable, y para muestra aquel cuate Guillermo Padrés Elías, de Sonora, panista él, para que no diga nadie que nos ensañamos con los priístas, están los tocayos y casi gemelos en la ratería, Javier y César Duarte, quienes como si pretendieran hacer alguna clase de macabra pinza, desfalcaron uno en Veracruz y el otro en Chihuahua, dejando temblando las respectivas tesorerías y sorprendiendo a propios y extraños con la cantidad y calidad de sus tropelías, llevándose el veracruzano, al menos de momento, el premio a la bajeza con aquello de las quimioterapias para curar el cáncer infantil que no eran más que agua.

Pero regresando a lo de Humberto Moreira, y las cosas feas que se han dicho de él, de su seguidor y del seguidor de su seguidor, la cifra de tres mil millones de pesos se comenzó a ventilar por allá por el año 2011, convirtiéndose en muy poco tiempo en un mantra: ¿Dónde están los tres mil millones?, que expliquen donde fueron a dar los tres mil millones, que Javier Villarreal devuelva los tres mil millones, y así hasta el infinito, coincidiendo en la cifra, los tales tres mil millones del Águila, en lo que nosotros acá detrás de la máquina de escribir blindada nos sospechamos que no fue otra cosa que una jugada de distracción, una maniobra de manejo emocional y de la información que se le soltaba a cuentagotas a la morbosa opinión pública, que bien pronto se probó y se encantó de verse en el saco remendado de víctima de saqueo, así tendría de qué platicar durante treinta años que tomaría pagar lo desfalcado… si empezaban en ese momento.

Porque, lo dijimos en ese momento y lo hemos repetido hasta el cansancio, de lo que se habla como desfalco es de tres mil millones, sin que nadie se haya parado a contrastar esta cifra con la de la así llamada Megadeuda, que en números gordos es desde ese año de 2011 de 36 mil millones de pesos, y que según algunas versiones de gente de muy adentro y de muy arriba de la Secretaría de Finanzas, a quienes corroe ser los únicos poseedores de la candente verdad,  sería del doble si se incluye lo sustraído a los fondos de pensiones y otros que dejaron secos.

En su momento la “novia juida” Hilda Flores, defendiendo el sexenio al que perteneció como uno de los cascabelitos que más anduvieron para arriba y para abajo, gritó a voz en cuello: ¿Qué dónde están los tres mil millones?, allí están, en los puentes… sí, nada más que los puentes no estaban pagados a los constructores, y ponga que sí ajustaran la cifra de 3 mil millones, ¿pero y los otros 33 mil millones, o 36 mil millones completos, dado que no se pagó a los contratistas?, ni la ex de la momia Gamboa ni nadie ha dicho qué fue de esa feria, de esas carretadas de feria, de esos contenedores de dinero, que nomás siguen sin aparecer.

Las teorías conspiracionistas de aquel entonces, de las cuales dejó ir una untadita Javier Villarreal en su reaparición, decían que ese fue el costo de ganarse Humberto la presidencia del Comité Ejecutivo Nacional del PRI, y ya entrando en cosas más realistas y pragmáticas, en que la candidatura presidencial recayera Enrique Peña Nieto, y luego ganar la elección fue cosa de mero trámite.  Lo que dijo Javier y que hizo parar las orejas a más de uno, fue que ese dinero habría servido para pagar las campañas de los candidatos del PRI a varias gubernaturas, básicamente comprando publicidad, y ya de pasada, comprando voluntades y favores, lo cual no suena tan descabellado, toda vez que si recordamos lo sucedido hace seis años, la que se anticipaba como una guerra intestina en el PRI por la dirigencia y por la candidatura presidencial, ambas transcurrieron con una tersura que no se explica de otra manera, más que cubierta de billetes.

De aquellos tiempos viene también la idea de que la fijación en tres mil o en seiscientos millones suena más buen a la comisión que algún vivales que porte el nombre de Javier Villarreal, habría cobrado por hacer perdedizos los otros treinta y tantos miles de millones de pesos. Él que llegó con una mano adelante y otra atrás a dizque asesorar la calidad cuando Enrique Martínez jr. dirigió el DIF en el sexenio de su apá, tres mil millones no sonaban nada mal, y menos hechos en el curso de un sexenio en que además, le costó a la administración pública y al pueblo, una fortuna en sus excesos.

Pero a lo que veníamos, no se deje engatusar, lo que está en juego no son “mugres” seiscientos o tres mil millones, sino muchísimo más, diez, veinte veces más que eso, de lo que nadie nos dice nada. A lo que parece, alguien tiene interés en correr la enésima cortina de humo, ¿pero para ocultar qué?, y ese qué no tenemos ni idea.

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