ESA NUESTRA AUDITORÍA

BAILE Y COCHINO.-

Por Horacio Cárdenas Zardoni.-

auditoria2

La semana pasada los medios de comunicación  la dedicaron en buena medida a reseñar los hechos, pifias y desventuras de ese elefante  blanco que es la Auditoría  Superior del Estado, uno de los entes más lastimosos de toda la administración  pública coahuileña, que a lo largo de los sexenios  se las ha ingeniado para inventar unos bodrios de espanto.

Muchas de las notas estuvieron dedicadas a expulgar el informe sobre la cuenta pública del año 2017, usted sabe, el lema de la dependencia es aquella frase de Clavillazo “la cosa es calmada”, y un  año es un paso suficientemente calmo en materia  de seguimiento, por no decirle persecución, de faltas y delitos contra  la administración pública en su modalidad de malversación de fondos públicos.

Ahora si que, como dicen los programas policíacos, y curiosamente  también las estadísticas de la efectividad de los cuerpos de seguridad: delito que no se resuelve en los primeros minutos, horas o días tiene un irrisorio 5 % de probabilidades de ser resuelto a la vuelta de un año, o sea nada, como dicen los jovencitos, en doce meses ganan casi patente  de impunidad.

Las notas más jugosas corrieron a cargo del exgobernador Rubén  Moreira, a quien se señala por desvíos por cerca de dos mil millones de pesos, que la verdad, se nos antoja poco para un sexenio de latrocinio como el suyo. Tan solo se le señala por haber dispuesto olímpicamente del fondo de reserva de 800 millones, con lo que obligó al gobierno entrante de Miguel Ángel  Riquelme a solicitar un crédito por algo más de esa cantidad, ganándose las primeras mociones de censura, inmerecidas pues era obra del anterior al que tenían que taparle las espaldas. Si a eso le sumamos la movidita de la no entrega de participaciones a los municipios, dizque porque iba a abonarlo a la deuda, y ya sobrepasó  los dos mil millones.

Otra nota, esta medio mal hecha y que demuestra que los periodiqueros somos malos para las cuentas, decía que la UADEC tenía observaciones  por tres  mil millones en 2017… nada más y nada menos vez y media su presupuesto íntegro… y no es que no hubiera algunas cosas que arreglar, pero no por ese monto ridículo, si no por otra cosa porque el 90 % de su presupuesto anual se va para pago de nómina, y para juntar tres mil millones tendrían que pasar veinte o mas años, y para malversarlos pues bastantes más.

Pero entre unas y otras notas, las buenas, las regulares y las malas, la sospecha de muchos coahuilenses es que al parecer no hay un municipio, una organismo desconcentrado, una dependencia del ejecutivo, del legislativo o del judicial, que no cojee del mismo pie, a saber: gastar de más de lo que tienen  autorizado como presupuesto al inicio  del ejercicio, y ya entrados en gastos, las comprobaciones que hacen no pasan la prueba del ácido.

Notas las hubo al gusto de todos: los malquerientes de un funcionario o de un partido, se regodeaban de haber tenido razón en su desconfianza, la auditoría les daba la razón  con pelos y señales, desglosados en millones de pesos y centavos. Hasta la que presume de impoluta y buena onda comisión  estatal de derechos humanos resulto amiga de dilapidar más de lo debido, pero bueno, eran los tiempos previos a la llegada de la austeridad republicana, que llega de la mano de la cuarta transformación.

La cerezota del pastel del desorden, la ineficiencia, la corrupción y el no acatamiento de lo que ordena la ley, si porque el presupuesto de egresos tiene carácter de ley, tanto como la ley de ingresos, la dio la mismísima Auditoria Superior del Estado, que al parecer  con ganas de no quedarse atrás de las demás burocracias, también se excedió con mucho de sus gastos autorizados. El colmo de la descobijada fue que el mayor  despilfarro fue en viáticos y servicios  personales, la pura milonga pues, a la que tan afecto es el auditor mayor Armando Plata.

Dejando de lado el jocoso morbo que cada año produce el informe de la cuenta pública, la sensación que queda en la mente de la coahuiliza es que tanta auditoria, tanta contraloría, tanto reglamento y formato sirve para una pura y dos con sal. El costo de mantener a la ASE es muy superior a lo que  logra recuperar de lo malversado, o siquiera de lo observado.

Si nadie hace caso de las observaciones, extrañamientos, denuncias y demás, perfectamente podría cerrarse la tal auditoría, nos ahorraríamos una feria o dos porque siempre se exceden. Eso sí, se nos quitaría la semanita del morbo, pero contratar un payaso, un circo entero nos saldría mucho más barato.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s