AUDITORÍA: PARA QUE LA CUÑA APRIETE
Por Horacio Cárdenas Zardoni.-

Dicen en el rancho, desde que todavía se hacían las cosas con las manos y no con máquinas, que para que la cuña apriete ha de ser del mismo palo. Mire que curiosas eran las cosas en otras épocas, hasta en alguno de los libros de ciencias sociales de la “secretaría”, los gratuitos, venían los dibujos, los esquemas y la explicación de como hacer injertos de árboles para mejorar la fruta, es cierto, por fuerza no eran literalmente del mismo árbol, pero la muestra de cómo hacer los cortes y los amarres era bastante clara, ya de allí cualquiera podía ingeniárselas para poner cuñas que dieran macicez a un arbolito, una tranca o hasta un mueble.
Lo malo de la política, al menos de la política que se hace en México, es que los que se dedican a ella para vivir de ella no aprenden de los libros de texto, ni de sus profesores, como lo que deberían. Y mire que es mucho lo que deberían, pues por dedicarse a la cosa pública, sus decisiones y acciones tienen mucha mayor relevancia e impacto. Si los grillos supieran, se acordaran, o de perdida entendieran el sentido, la intención didáctica de la frasecita del principio, comprendiéndola y aplicándola, mucho del esfuerzo y del dinero público que se utiliza en la función de gobernar, tendría un fin mucho más productivo que el que tiene actualmente.
Alguien decía que para seleccionar a un director de un penal, no debería ser solo amigo, compadre o pariente del que toma las decisiones, punto y aparte de la honestidad y la efectividad para desempeñar una tarea difícil, había que buscar alguien que fuera igual o peor que los internos… casi que la diferencia fuera solo de que unos estuvieran sentenciados y el otro no.
Para el caso del cuidado de los recursos públicos, que acá entre nos, no debería requerir de ninguna atención especial, si los que se contratan como servidores públicos realmente tuvieran el espíritu y la mística que eso implica, también aplica lo de la cuña y el palo, es decir, se requiere o se requeriría gente que se supiera todas y cada una de las artimañas, trucos y estratagemas que normalmente se utilizan en las oficinas de gobierno para hacer perdidizo el dinero que se les entrega para la realización de sus funciones. Incluso sería útil alguien que hubiera inventado su propia estrategia, si no para robar, para encontrar a los que roban.
Todo esto viene a cuento por el dato dado a conocer recién, de la eficiencia y la efectividad, prácticamente nulas, de la Auditoría Superior del Estado de Coahuila, que mas parece que está allí para servir de tapadera, o usando otra analogía, la del campanero encargado de tañer la campana para llamar a misa, a la cual no se presentan mas que las beatas de siempre, uno que otro aburrido, dos que tres que van a ligar y alguno que este en el último escalón con rumbo al suicidio.
250 dice que son las denuncias que la tal ASE ha presentado en contra de servidores públicos, en cuanto que son o fueron titulares de dependencias públicas, de las cuales la Fiscalía General y antes la procuraduría general, hicieron olímpicamente caso omiso. Si fueran dos okey, si fueran 25, malo el cuento, ¿pero 250? Eso más que un escándalo es prueba de una tendencia, una muy específica: la ASE funciona primero para que nadie diga que no existe una función o una intención de salvaguardar los recursos públicos, segundo para documentar lo que se pueda averiguar de cuanto caso se llegue a presentar, y finalmente para no hacer nada con la información obtenida, salvo claro, tener elementos suficientes para aplastar legalmente a quien se atreva a salirse del huacal.
Esto nos cuesta a los coahuilenses muchas millonadas cada año, y es que el papel que se le ha dado a la ASE de sabueso sin dientes es muy costoso, útil solo para el poder y por demás ineficiente para el pueblo que nomás ve como se pierde su dinero.
Otra cosa sería si el auditor y su equipo fueran del mismo palo de los de la fiscalía o de Hacienda, o a lo mejor lo son, pero con la encomienda inicial y que sigue, de ver, apuntar y hacerse tontos solos.

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