Lo rompes, lo pagas

BAILE Y COCHINO.-

Por: Horacio Cárdenas Zardoni.-

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No ha de haber tienda en el universo conocido, que no tenga entre sus políticas que si un cliente rompe, daña, es más, si es sorprendido abriendo un producto, lo paga. Sí, quizá haya algún negocio nuevo donde esto no sea regla, pero téngalo por seguro que lo será en el cortísimo plazo, tan pronto el escuincle de algún cliente agarre lo que no debe, ante la mirada aburridamente exasperada de su progenitor o progenitora, rompa algo, ocasionando de manera más que instantánea un perjuicio económico a la empresa, que está para ganar dinero, no para consecuentar gente grande o gente chica, malcriadas.

En muchos sitios está hasta un cartoncito, redactado de manera que va de lo muy amable como “por favor cuide a sus niños”, hasta lo francamente grosero y explícito de “lo rompes, lo pagas”, así no le cabe duda a nadie. y sí, puede que haya alguna cadena comercial de las grandes, que cuando ocurren esta clase de incidentes, en primer lugar lo anotan contablemente como merma, y en segundo, les sirve como experiencia, sea para acomodar las cosas de forma diferente, para capacitar a su personal, para algo siempre que permita a la empresa aprender. Pero como somos en México, la figurita horrorosa que rompió el escuincle, se la cobran al papá, se la descuentan al empleado por descuidado, la meten como merma… y todavía la reparan para venderla como si no tuviera daño, que aquí no se pierde nada.

Es mítica la práctica de instituciones bancarias y comercios para con sus cajeras y cajeros, dinero que les falte… sea poco sea mucho, lo tienen que poner ellos de su bolsa. Según los gerentes, así se enseñan, desde el primer día, a no cometer errores, y efectivamente, rara vez los cometen, por eso en los bancos le cuentan los billetes tres veces a mano y dos con la máquina, y además apuntan cuantos eran de quinientos, cuantos de doscientos, cuantos de cien, y así hasta la última moneda, así se protege el empleado, de si hay un faltante, sabe de qué denominación era, y sea más fácil encontrar a quien se lo entregó.

Si esas son las prácticas, comunes y aceptadas en la sociedad mexicana, específicamente en el mundillo de los negocios, ¿Cómo es que no hay una equivalente en la administración pública, donde el dinero que se pueda perder, no pertenece a un solo empresario que lo cuida más que a la salvación de su alma, sino de todos los que integramos la sociedad que se trate, el país, el estado o el municipio, incluyéndolos por supuesto a ellos mismos?

No que en la tesorería, en el agua, en la luz, no tengan los mismos rudimentarios y rudísimos esquemas para que no falte ni un peso de lo que dice la tira de la registradora, que debe haber, eso es acá abajo a nivel de ventanilla y de que al final del día, las cuentas cuadren al centavo. No, nos estamos refiriendo a la práctica cada vez más difundida de que los errores, las omisiones, la incompetencia, la mala fe incluso, de funcionarios de nivel medio y alto de las dependencias de gobierno, no sean llamados a cuentas por ellas, y antes al contrario, el área de finanzas o administración de la misma dependencia, acepte cubrir el daño causado, sin siquiera darle un manazo o una amonestación, cuando lo que procedería mínimo es un despido fulminante, si no es que una denuncia penal.

Antes, bueno hace algunos sexenios, estaba claro para todo el mundo que la administración pública era una sola y misma cosa. Sí, existían los consabidos tres niveles de gobierno, federal, estatal y municipal, el sector central y descentralizado, las paraestatales y todo lo demás, pero había la paz y la armonía que solo se encuentran cuando todos somos de un mismo partido, ah pero cuando se trata de partidos diferentes, cualquier zancadilla que se pueda meter, sobre todo si es económica, se aplica con todo rigor, y aunque haya represalias luego, allí vamos viendo quien va ganando y quien va perdiendo.

Así hemos visto que los municipios más rascuachos ponen en jaque a la mismísima federación por el pago del impuesto predial, a tal grado es su desparpajo amparados en el artículo115 constitucional, que hasta han embargado sedes e instalaciones del gobierno federal, algo que a los pomadosos delegados, cuando los había, les hacía maldita la gracia, y para pronto ejercían su derecho irrestricto a la venganza. Del otro lado de la moneda, hemos visto como a municipios y estados, la Comisión federal de Electricidad los deja sin luz, o como les suspenden los servicios de salud a sus trabajadores, por no pagar las cuotas o las facturas correspondientes.

Cuando uno contrata un tesorero, un director de administración, un lo que sea, lo que menos desea es que le salga más caro el caldo que las albóndigas, que por tener un figurín en posiciones estratégicas, tenga la dependencia que pagar multas, recargos u otros accesorios, todo porque a los angelitos, se les “pasó”, se les olvidó la fecha en que tenían que liquidar, o se equivocaron en llenar los formatos, o no usarlos la tabla nueva, o no contemplaron tal o cual disposición, etc. según el último reporte de la Auditoría Superior del Estado, tampoco crea que tan nueva, pues es la del 2017, hasta el poder ejecutivo, el congreso, el DIF, los sistemas de aguas, los organismos descentralizados, todo el mundo casi sin excepción, tuvo que afrontar erogaciones adicionales, todo por no cumplir, como ellos dicen “en tiempo y forma”, ante otras instancias gubernamentales, en especial la Secretaría de Hacienda, esa que no perdona nada a nadie.

De por sí es poco el dinero, ¿y tener que destinarlo a pagar por errores administrativos que de entrada no debieron cometerse?, como que no es ni remotamente lo correcto, lo cual no quiere decir que no se esté convirtiendo en constante, en áreas en las que esto era simplemente impensable, tan afinada estaba la maquinaria legal contable. Ahora, una cosa es que se cometa el error, y otra que quien lo comete se mantenga libre de responsabilidad, sobre todo cuando hay dinero, mucho dinero de por medio.

¿No sería prudente, o mejor dicho, obligado, establecer una política como la de las tienditas “si lo rompe lo paga”, o de los bancos, “si te falta lo pones de tu bolsa”?,  no se, pero para todas esas áreas de desarrollo organizacional y mejora de la gestión, el estándar debería ser: en Coahuila no se vuelve a pagar una sola multa ni recargo por ningún concepto, y al que se haga acreedor a una… la paga de su bolsa, así de fácil… así de no tan  fácil.

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