EL SANTO Y SEÑA

BAILE Y COCHINO.-

Por Horacio Cárdenas Zardoni.-

club

Club Campestre de Saltillo. Sector en el que fue detenido un empresario. (Foto Google Maps)

Es fecha y hora que nadie sabe y nadie supo. Saltillo, allí donde presume de ser la capital más bella del universo, la ciudad más competitiva, la de mejor nivel de vida, la donde más suicidios ocurren… ah eso no ¿verdad?, bueno, Saltillo, capital del estado de Coahuila dice de sí misma que es muchas cosas, aunque lo cierto es que no deja de ser el epítome del pueblo chico infierno grande, la capital, esta sí, mundial del chisme, según decía el párroco Antonio Usabiaga, quien mejor se fue a los cielos para no seguir escuchando tanta cosa fea en confesión.

Y lo que más atraganta a los saltilleros es no saber, no enterarse, no estar en la punta de la ola, como los aborígenes mismos dicen, ellos que se creen que lo saben todo por haber inventado el chal como medio idóneo de pasarse los chismes, pulverizar las reputaciones, y en el sector político, hacer futurismo, al tiempo de hacer añicos lo poco de bueno que pueda estar haciendo el gobierno, de repente el viernes se quedaron con un palmo de narices, como dicen los clásicos, cuando por una de las colonias más pomadosas de Saltillo, allá por los rumbos del Club Campestre, se observaron “movimientos raros” de la Agencia Federal de Investigación, la SIEDO, o quien sabe quienes, que nadie sabe y nadie supo por quien venían y a quien se llevaron.

Sí, porque en Saltillo el viernes es como si dijéramos la inauguración oficial del fin de semana, y no habiendo actividades de nada el lunes por ser feriado, pues se anticipaba un puentecito sabroso de flojera, bienvenido como pocas veces, con este frío que se ha dejado sentir en las últimas semanas. Mal comienza la semana aquel al que ahorcan en lunes, reza el viejo refrán popular, pero resulta tan malo como que el mero viernes cuando lo que las gallinas iban a poner, ya lo pusieron y ai’ nos vemos la siguientes semana, nos salgan con que hubo un operativo mayor de las fuerzas federales, y peor, que no le avisaron a nadie, ni en el gobierno ni a quien pudiera descutirse con algún dato de quién y por qué, y sobre él comenzar a construir un chisme sabroso que dure hasta el siguiente tropezón de los nuevos ricos locales, esos que no tenían hace cinco años en qué caerse cadáver, y hoy hasta pedigrí han comprado.

Lo primero que llama la atención del operativo del sábado es que la SIEDO, si es que eran de la SIEDO, se hayan dejado caer por Saltillo en lo que parece abierta desobediencia de las mejores y más sensibles promesas del presidente Andrés Manuel López Obrador en el sentido de que no se iba a perseguir a nadie, y que todo estaba perdonado. A como se portaron los agentes, que no le dijeron ni buenos días a nadie, no se han enterado de que desde mediados de la semana que termina, se dio por concluida la guerra que había contra el crimen organizado y el narcotráfico, la misma que dejó a medio país con la duda de si ganamos o si perdimos. No. Estos agentes se descolgaron como en los mejores tiempos de Felipe Calderón, en que, al menos en Coahuila, la Policía Federal y los Infantes de Marina operaban sin decirle nada a nadie, ante la sospecha bastante más que razonable, probada, de que desde las mismas oficinas de seguridad pública y desde los cuarteles de la policía, le pasaban datos a “los malitos” por donde iban a andar las tropas y donde se iban a instalar los dispositivos.

¿Pues que en las oficinas de la administración federal no les ha caído el veinte de que el gobernador Miguel Ángel Riquelme Solís se ha comprometido en sus discursos y en pláticas cara a cara con el presidente, con que en Coahuila se tendrá todo el apoyo en todos los programas que la federación emprenda, particularmente en la muy delicada área de seguridad?, pues sí, pero pues no.

Por allí se sospecha que por lo temprano de la hora, ni siquiera al superdelegado Reyes Flores Hurtado le dijeron de qué se trataba la cosa, él, a quien el gobernador le ha concedido la confianza de estar presente y participar en las reuniones periódicas sobre seguridad pública, aun con la incomodidad de tener a alguien que es abiertamente de oposición y que no solo es la oreja sino la encarnación misma del gobierno de la República en el estado de Coahuila, Riquelme ha adoptado la política, la más corta y conveniente en nuestra opinión, de que nada hay que esconder, y si se va a enterar el gobierno del Peje, pues que lo sepa de primera mano.

Ahora al revés, ¿se imagina como habrá estado la llamada o las llamadas?, el gobernador Riquelme, el secretario Fraustro, el otro Secretario Pliego, llamándole a Reyes y este sin idea de qué es lo que estaba haciendo gente de la Fiscalía General de la República en Saltillo, en viernes y sin avisarle a nadie, o al revés, que sí sabía y se lo había guardado hasta el momento preciso en que sonara el teléfono para exigirle, amablemente como corresponde, explicaciones, en lo que solo puede ser interpretado como que sí, hay toda la confianza entre el estado y la federación, pero más de allá para acá que de aquí para allá, o para ponerlo tal cual, como que persiste la desconfianza entre gente de partidos diferentes y de escalones de gobierno de filiación distinta, algo que se había comenzado a sospechar con lo del bloqueo de la carretera libre a Torreón a mediados de la semana, y que encontró su corroboración el viernes.

Titulamos esta columnita Santo y Seña, en recuerdo de aquella vieja costumbre, ancestral podríamos decir, de los cuerpos policíacos y de los ejércitos en tiempos de guerra y de paz, todos los días muy temprano, el mando da a conocer las claves con las que se identificarán desde el más bajo hasta el más alto, desde el primero hasta el último integrante de los cuerpos de seguridad, de que “están en el ajo”. Uno da el santo y el otro debe responder con la seña, si lo hace, estamos bien, si no lo hace, mínimo se lleva un extrañamiento, si no se le detiene o se le llena de plomo, así de simple. Pues bien, al parecer, los que anduvieron por acá el viernes sin avisarle a nadie, ni se sabían el santo y mucho menos se tomaron la molestia de contestarlo, en una incómoda falta de cortesía policíaca y de respeto político.

Pero dejemos eso aparte, si alguien sabe qué pasó, a quién se llevaron y por qué, pase el chisme urgente…

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s