Alma Carroña Mater

BAILE Y COCHINO.-

Por Horacio Cárdenas Zardoni.-

huelga2

Es noticia morbosa, no nada más en México sino en todo el mundo, cuando “la rama ejecutiva” se contrapuntea con la “rama legislativa”, por cuestión de dólares y centavos, a las cero horas del día determinado, el gobierno se cierra. ¿Qué es lo que esto significa?, pues en términos llanos que salvo aquel conjunto de actividades que se consideran de seguridad nacional, el resto de la administración pública suspende el trabajo, y allí tiene usted a varios millones de empleados federales sentados sobre sus manos, esperando que los legisladores lleguen a un acuerdo para concederle al presidente lo que este exige en materia presupuestal. El paro puede durar desde unos pocos minutos, hasta el record de principios de este, año, que fueron como cinco semanas, tiempo durante el cual las oficinas gubernamentales estuvieron funcionando con apenas el personal mínimo para evitar daños a los equipos, pérdida de información en las computadoras, y cosas así.

Por allí de la tercera semana comenzaron a salir reportajes de lo que el cierre del gobierno estaba ocasionando en las distintas áreas: los parques nacionales, orgullo de los estadounidenses y ecologistas, estaban convertidos en tierra de nadie los botes de basura rebosaban en los jardines de los monumentos nacionales en la capital, Washington, personal de la guardia costera teniendo que comer en cocinas de campaña, pues no tenían dinero ni para un hot dog en el el seven eleven, hasta a la presidenta del Congreso el presidente Trump quería mandarla en avión de línea a Europa y sin escoltas del servicio secreto, viaje que finalmente se suspendió por razonas más bien económicas que de seguridad como se dijo. Aunque también, del otro lado, salió que había gente que estuvo yendo a trabajar… sin sueldo, sin esperanza concreta de que su plaza siguiera existiendo una vez que se levantara el paro, y ni siquiera hablar de que se les retribuyeran las horas y días que estuvieron laborando hasta horas extra, con tal de que su dependencia no perdiera un solo día de actividades. ¿Gente sacrificada, gente necia, gente que no sabe valorar su propio trabajo al grado que es capaz de hacerlo gratis?, esto mientras que otros con una visión más monetizada, de plano aprovecharon el cierre del gobierno para reflexionar, los primeros cinco minutos para sopesar si querrían volver a un puesto siempre expuesto a los vaivenes de política presupuestal entre el ejecutivo y el legislativo, y el resto del tiempo a conseguirse un puesto en la iniciativa privada, muchos lograron colocarse y están felices de no volver a trabajar para el gobierno.

Todo esto viene a cuento para efectos de comparación, con lo que está sucediendo en la célebremente triste Universidad Autónoma Agraria Antonio Narro, cuyas autoridades están pensando muy seriamente en cambiar el lema de “Alma Terra Mater”, a “La tempestad no me pela las rodillas”, esto en referencia al conflicto laboral que sostiene la institución con el sindicato de trabajadores administrativos, quienes tan poco entienden de producción animal, que están dispuestos a matar la gallina de los huevos de oro, con tal de doblegar a una rectoría, que solo ella sabe lo que es estar en calidad de sándwich entre las necedades de la base trabajadora, y la mano de hierro de la Secretaría de Educación pública que nunca ha visto con buenos ojos los privilegios de que disfruta el personal de la Narro, en comparación con las condiciones de trabajo del resto de las instituciones integrantes del subsistema de educación superior público en el país.

Al principio del conflicto los sindicalizados estaban con que querían un aumento salarial superior a lo que, no la rectoría sino el gobierno federal, estaba dispuesto a darles, todavía se creían en los tiempos en los que con recursos propios o desviando otras partidas presupuestales, les cubrían sus caprichos, que fue como se lograron aquellas condiciones de trabajo tan especiales en la Narro, pero no. Al rato ya habían doblado las pezuñas, que siempre sí se conforman con el 3.35% de aumento directo al salario y el 1.8 a prestaciones, y total, los compañeros que fueron contratados irregularmente… que se rasquen con sus propias uñas, ¿pues qué tanto es tantito, sacrificar a cincuenta o sesenta trabajadores que se contrataron a sabiendas que no había plaza para ellos?, lo que ya cobraron que les sirva de pago de marcha y adiós, que gusto haberlos tenido de colegas, pero bye bye.

Ya estaba todo resuelto, hasta que llegaron al tema de los salarios caídos… y es allí donde la puerca torció el rabo, porque los trabajadores en huelga, que más bien son huelguistas porque no están trabajando, exigen el pago del 100% de aquellos, y la rectoría, en su magnanimidad, solo ofrece (por sí misma o por consigna), la mitad, aunque si la lección fuera a ser completa, debería ser cero.

Los administrativos están trepados en su macho, la culpa de la huelga fue de rectoría, no de ellos, así que les debe los salarios completos, y la rectoría, sin decirlo pero pensándolo, dice que tiene demasiados gastos ocasionados por la huelga, comenzando con los gastos de llevar y traer a los alumnos de fuera, entre 14 y 16 millones de pesos, que comenzarían a cubrirse con ese 50% de los salarios caídos.

En movimientos anteriores la tradición mandaba que la rectoría luego de un forcejeo que era más por salvar la cara que por otra cosa, pagaba el 100% de los salarios caídos, con ello no se enemistaba con los administrativos, ¿Qué importa que hubiera que tomar el dinero de otros lados, de construcción, mantenimiento, investigación?, lo relevante es que la fiesta volvía a quedar en paz para beneficio de todos. Pues sí, pero eso parece, de momento, haberse acabado. La situación económica de la Narro es crítica, bajo la permanente supervisión de la auditoría, no se permiten más tracaladas ni componendas como estas, lo malo es que esto que ya comprendieron los directivos, nomás no les trepana el cráneo a los administrativos, que a lo que parece, son capaces de llevar la necedad de su huelga a más semanas y meses, con lo que el monto a pagar, o a no pagar, no hace más que crecer, abriendo la puerta a que en vez de ser considerado como un asunto sindical, se le vea como uno político y se le resuelva al estilo de la Cuarta Transformación.

Otra cosa es que la huelga de la Narro hubiera sido o se convirtiera en una huelga de brazos caídos, o una en que se trabaje bajo protesta, por lo menos así no le pican la cresta a la SEP ni a Gobernación, de que ellos están por encima de cualquier otra universidad del país o cualquier otra dependencia de gobierno, confiancitas que no están dispuestos a permitirles a estos carroñeros.

Solo resta ver quién es el que se dobla: ¿los trabajadores asustados por la perspectiva que les cierren la fuente de trabajo, la rectoría a la que acaben de estrangular, la SEP sentando precedente de que cualquier pajarraco se le trepe a las barbas?, corra sus apuestas.

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