Reyes Flores y los pobrecitos buitres

BAILE Y COCHINO.-

Por: Horacio Cárdenas Zardoni.-

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El superdelegado Reyes Flores Hurtado, al centro de la fotografía.

Ahora sí, los buitres de la Narro se llevaron de encuentro a los estudiantes de todas las instituciones educativas con las que mantienen desde hace décadas una sana, o no tan sana competencia, en todos los aspectos, desde los académicos hasta deportivos y hasta quien tiene la rondalla más aburrida de la capital del estado de Coahuila. Lo que no les ganan en el futbol americano, lo que no destacan en empleabilidad de sus egresados, en calidad de su formación, en desempeño en su campo de estudios, se lo llevaron en las becas “Benito Juárez” que otorga el gobierno de la República Amorosa a los estudiantes de nivel superior en todo el territorio del estado fallido que es México, y que a través de esta clase de mecanismos, el presidente Andrés Manuel López Obrador está tratando por todos los medios que los balazos poco a poco den paso a los abrazos… y a otras manifestaciones menos violentas y más cariñosas.

El artífice de este asunto, que para quienes se han enterado, cobra proporciones de escándalo, es ni más ni menos que el ministro plenipotenciario de la Cuarta Transformación en la entidad, el superdelegado Reyes Flores Hurtado, en quien, por estar la nueva burocracia estructurada de esta manera tan visceralmente vertical, todas las culpas le tocan a él, como en su momento y si ocurren, le tocarán las loas y la lluvia de confeti. Se supone, queremos suponer, que la asignación de las becas se realizó en función del levantamiento de un censo de necesidades de apoyo económico entre los estudiantes de las veintitantas instituciones educativas de nivel superior que operan en la Región Sureste de Coahuila, grupo poblacional al que están originalmente dirigidas las becas Benito Juárez.

Desde hace meses los diversos medios de comunicación se hicieron eco de las inquietudes de la gente, sobre todo de aquellos quienes habían estado recibiendo alguna clase de apoyo de entre los programas que tenía el gobierno federal todavía en los gaviotescos tiempos en que disque era presidente de la República Enrique Peña Nieto, acostumbrados como estaban a recibir una lanita o varias lanitas con una periodicidad mensual, y con ese dinero irla pasando, pues claro que estaban preocupados por “la continuidad” de esos programas, o por la publicación de las “reglas de operación”, que así se llama en castellano burocratil, la manera en la que funcionan los programas públicos cada año, habiéndose convertido desde hace mucho tiempo en una especie de manual para el cumplimiento de requisitos, y así poder quedar inscritos. En ausencia de estos mecanismos conocidos al dedillo, había que encontrarle la hebra a la nueva madeja, y bien pronto descubrieron que era a través de los famosos censos.

Lo fácil hubiera sido que de los papeles y bases de datos electrónicas que encontraron en la muerta y sepultada Secretaría de Desarrollo Social, en base a eso hubieran delimitado la población objetivo, pero no, ante la sospecha de corrupción, decidieron comenzar desde cero, y específicamente para el programa de las becas para estudios de nivel superior, en la mente del superdelegado o de alguno de sus selectísimos colaboradores, decidieron que, en justicia, todo debería ser para la Narro, bueno, para los alumnos que estudian las carreras que se imparten en la Universidad Autónoma Agraria Antonio Narro, porque al rector no le sueltan ni para que pague los salarios caídos a los trabajadores después de la huelga.

¿En qué se basó Reyes y sus cuidadosos trabajadores sociales, sociólogos, economistas, en fin las lumbreras de su equipo para determinar que los alumnos de la Narro merecían el 80% de las becas Benito Juárez, esas que se hicieron famosas porque unos batos a cual más de vaquetones se exhibieron en redes sociales y medios de comunicación destinándolas a la compra de beberecua y a meterse en congales de la peor reputación?, esta es una pregunta que amerita una respuesta muy puntual.

Nada más para que se dé una idea de lo sesgado de la decisión en la asignación de los apoyos de 4,800 pesos, que se van para 1,135 buitres, que constituyen el 80% de la primera entrega de becas: cada alumno de la Narro cuesta alrededor de diez veces lo que cuesta un estudiante de las otras universidades públicas que operan en Coahuila. Ojo, no que les den el dinero a los muchachos, aunque algo hay de eso, sino que el indicador del costo por alumno, es para la universidad agraria desproporcionadamente alto por comparación con estudiantes de universidades públicas, universidades tecnológicas, politécnicas, institutos tecnológicos y otras modalidades de educación terminal. Si solo fuera por este indicador, a los buitres no les hubiera tocado ni una sola beca, pero claro ¿Quién de entre los cráneos de la superdelegación se pone a revisar datos estadísticos e información financiera, no solo de cada institución, sino del conjunto del subsistema, punto y aparte de las necesidades particulares y la situación personal de cada alumno inscrito, y aunque es cierto que no todos los alumnos tienen derecho al comedor de la Narro o al internado, o que no hacen uso del transporte, todos estos gastos inciden en que la universidad sea una de las más costosas de sostener para el gobierno federal.

Y no es que digamos, no, a la Narro no le den, al contrario, denle todo lo que consideren que merecen sus estudiantes, pero que no discriminen. Eso que le dan a los buitres lo merecen por igual los lobos, los burros pardos, los alumnos de todas las instituciones educativas. Que también, cuidado, no es lo mismo merecer que necesitar. El hecho de haber llegado a una universidad es por sí mismo meritorio, pero hay familias y hay estudiantes que tienen la capacidad de sostener sus estudios sin requerir apoyo del gobierno, que bien podría ir para otro estudiante menos afortunado. ¿Pero se imagina lo que ocurriría si a todos los jóvenes les dieran el apoyo económico, en un esquema tan simplista como el de las pensiones a las personas de la tercera edad?, simplemente no habrá dinero que alcance, y bueno, si a esas vamos, ¿para qué exponerse a que los alumnos hagan la clase de loqueras que suelen hacer las personas en esa edad, como se mostró en los videos virales, comprando chupe y tirándose a la flojera?, ese apoyo mejor debía darse en especie: pagar la inscripción en las instituciones, garantizar el acceso a alimentos en comedores universitarios o un espacio en una casa de asistencia, vales para compra de libros, para transportarse hacia y de regreso a la escuela, opciones las hay, pero eso de entregar dinero en efectivo… de veras hay que creer que el pueblo además de bueno, es listo, y las evidencias no son muy firmes de esto, que digamos.

En fin, Reyes, con su jugada de las becas “Benito Juárez” ya se echó a los buitres en la bolsa, no vaya a resultarle a él y al gobierno que representa, que lo que están criando son cuervos que terminen arrancándoles los ojos.

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