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En el Congreso del Estado… ¡manda la sirvienta!

PLATA: HAY PATRONES Y PATRONES

Por Horacio Cárdenas.-

auditor

Ah que las sirvientas, no podemos vivir sin ellas, pero vivir con ellas también es un martirio. En casa de mi tía la señora del aseo, la sirvienta para decirlo por su nombre y sin ninguna connotación peyorativa, es llamada por todos, a sus espaldas y en su presencia, la alegría del hogar, y es que no solo allí sino en todas las casas donde pueden darse el lujo, porque creen que lo valen, de pagar por hacer las cosas que ellos no quieren hacer, nomás suena el timbre, literalmente dan gracias a dios, seguido de un suspiro de alivio y hasta de unas sonrisas de felicidad, todo eso antes de tomar su actitud de patronas como de película mexicana de los años cincuenta.

Todo el mundo conoce casos, en algunos pocos o no tan pocos, incluso han sido víctimas de uno que podríamos llamar el Síndrome de Estocolmo, pero de la calle de Estocolmo, consistente en volverse dependiente el ama de casa y para el caso toda la familia, de la fámula.

Ojo, no es como dicen los saltilleros de toda la vida, que contrataban una sirvienta que se convertía en la “nana” de los niños, que los criaba de todo a todo por el mismo boleto de limpiar, cocinar y lo que hiciera falta, volviéndose efectivamente en alguien indispensable, en “parte de la familia”, porque como es sabido de todos, y más aquí, con la gente del aseo se da una relación perversa de odio amor, que encuentra su más decantada manifestación en las largas, larguísimas conversaciones que les dedican las señoras durante sus meriendas, sus jugadas de los martes, sus chales de cada tarde, a las andanzas de la muchacha del servicio.

Pero si la cosa no estuviera suficientes mal, cuando la relación entre la patrona y la sirvienta se regía por las leyes del mercado, “me voy porque allá me pagan más”, ahora que la Organización Internacional del Trabajo y el Congreso de la Cuarta Transformación haciéndose eco de aquella, resulta que hay que darles sueldo mínimo de 300 pesos, seguro social, vacaciones pagadas y quien sabe cuántas cosas más, la cuestión del servicio doméstico se ha tensado todavía más de lo que estaba.

Esta larga introducción de lo que duele en tantas cosas de clase media y de allí para arriba, viene a cuento porque en el Congreso del Estado de Coahuila se ha venido dando una situación semejante a la descrita y que pudiera equipararse con aquella frase de los patos tirándole a las escopetas, o lo que decíamos del síndrome de la calle de Estocolmo, resulta que el poder legislativo, verbigracia uno de los tres poderes que gobiernan el estado libre, soberano e independiente,  se ha convertido en un auténtico rehén de su empleada doméstica, que no es otra que la Auditoría Superior del Estado, señora que hace lo que le viene en gana con sus patrones los diputados, en una situación que es una verdadera vergüenza y sienta un precedente de lo más lastimoso.

Yo no sé si es porque no saben hacer cuentas o si sabiendo, no les gusta hacerlas, el caso es que las señoras y  los señores diputados le hacen las cruces a tener que revisar las cuentas de todo aquel que gasta, así sea un centavo partido por el centro suave de recursos públicos, a lo largo, ancho y denso del territorio coahuilense. Es una vergüenza que, como si se tratara de trapear todo el piso, de lavar los escusados, de limpiar los vidrios, de hacer la comida y dejar la comida hecha, y en general todo lo que hay que hacer en una casa cualquiera, así los diputados le saquen la vuelta a la función de verificar y sancionar el correcto gasto de los recursos públicos por cada una de las dependencias, ayuntamientos y organismos que disponen de ello.

De allí la comparación, así como a la sirvienta la tratan, de dientes para afuera, como la ya citada alegría del hogar, así con la auditoría superior, a la que le pasan su incompetencia, su falta de resultados, su manejo discrecional de los datos, y lo que es quizá peor que todo lo demás, que se ponga sus moños, y se le trepe a las faldas y a las corbatas a diputadas y diputados.

Imagínese la escena de una telenovela, allí está la familia en conciliábulo, para hacerlo más realista, piense en la Familia Peluche, allí está en papá peluche, la mamá peluche, la niña rara y los demás, discutiendo quien le va a decir a la sirvienta que no ha limpiado bien el baño, que la comida le quedó fea, que se la pasa viendo la televisión en vez de barrer, que no cumple su turno completo, lo que sea que haya de quejas, todo entre secreteos para que aquella no escuche, y tratando de aventar a aquel o aquella, para que sea quien le ponga el cascabel a la fámula.

Pues así están los diputados coahuilenses, unos defienden a la mucama, perdón a la Auditoría Superior del Estado en la persona del auditor superior Armando Plata Sandoval, quieren que siga teniendo la casa sucia, la comida la deje cruda, ande de chismosa con las vecinas hablando mal de sus patrones, y que al final del día no haya podido dar por concluida ni una sola de las tareas que le encomendaron cuando llegó por la mañana, y están los otros diputados, los que exigen que agarre sus chivas y se vaya por un tubo y sin indemnización, pues todavía no es obligatorio indemnizar a las sirvientas.

A tal grado ha llegado el temor de los diputados, vale la pena recordar, los representantes del pueblo coahuilense y hasta de las minorías políticas, de que ni siquiera pueden tomarse la libertad de hablar con su empleado doméstico. Tienen meses, sí meses, discutiendo si se le “exhorta” a comparecer ante el pleno de la legislatura, y nomás no se ponen de acuerdo. Además hasta donde tenemos entendido hay o había una comisión de vigilancia de la auditoría superior, comisión integrada por diputados, quienes en cumplimiento de su función, por la que además cobran aparte, tendrán que tener casi casi un cordón umbilical conectado permanentemente con el auditor Plata, conexión mediante la cual debería transitar toda la información de ida y de venida, la requerida por los diputados, no solo los comisionados sino cualesquiera otros o todos, y las correspondientes respuestas con carácter de inmediato, pero ah, no, cuando mucho el nivel de la discusión de la familia peluche, perdón de la actual legislatura, está en si la comparecencia es ante el pleno, o ante una comisión, acá en lo oscurito, sin que nadie se entere de nada, digo, y para que tampoco haya sentimiento de nadie, no se vaya a ir la fámula, que al fin, la casa puede seguir patas arriba, o los coahuilenses sin ser informados de la realidad de lo que se hizo con el dinero que era para solucionar sus necesidades y financiar los proyectos de desarrollo futuro. Triste caso, allí lo tiene para echar el chal con sus cuates, en el Congreso del Estado la que manda es la sirvienta.

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