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Dos visiones del mando

BAILE Y COCHINO.-

Por Horacio Cárdenas.-

BALACERASS1

La noticia se filtró, como se filtran tantas otras donde hay más de una parte interesadas, corrían los primeros días del año 1994, el país debería estar brincando de felicidad luego que gracias a las diligentes gestiones del presidente del momento Carlos Salinas de Gortari, se había firmado el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, pero no, como nunca falta quien eche a perder la mejor de las fiestas, el país estaba todo azorrilldo y temeroso, ¿la razón? en la sierra de Chiapas se había levantado en armas el Ejército Zapatista de Liberación Nacional, que aunque pregonaba una revolución pacífica, lo cierto es que mucha gente recordaba entonces los más tristes años de la guerrilla en México, en que la violencia campeaba y el estado respondía en igual moneda.

La noticia de la que le platicamos es que algún alto mando militar del tiempo, enviado a coordinar las acciones contra el EZLN supuestamente mandó decir a la Secretaría de la Defensa Nacional que tenía ubicados los campamentos de los zapatistas, y que solamente esperaba la orden para arrasarlos desde el aire, para proceder luego a eliminar o capturar a los que encontraran todavía vivos.

La orden de la presidencia fue precisa y contundente: no hagan nada, y nada se hizo. 25 años después allí sigue el Ejército Zapatista, sin pena ni gloria. Los militares todavía recuerdan con disciplinado rencor que no se les permitió cumplir con su misión, una que primero se les encomendó y luego se les retiró, dejándolos en calidad de observadores, cuando mucho.

Aquí en Saltillo, en la época no muy lejana en la que según cuentan, el gobierno protegía abiertamente a uno de los cárteles del crimen organizado y el narcotráfico, los cuerpos policiacos estatales a los que les habían matado a varios elementos y herido a más, luego de tremenda corretiza por calles y bulevares de la otrora bucólica capital de Coahuila, habían cercado por allá por el rumbo de Rancho de Peña a una célula criminal entre cuyos integrantes se presume estaba el “jefe de la plaza”.

El curtido comandante de la acción, cuentan que solicitó autorización a sus superiores para tomar a sangre y fuego la casa de seguridad donde estaban parapetados, ¿Cuál no sería su sorpresa cuando recibe una llamada en su celular de alguien en la jerarquía a quien no le puede decir que no?, la orden: retirarse de inmediato, así nada más. Luego se especuló mucho sobre esto, pero ese dejar pasar la oportunidad de atrapar a uno de los delincuentes más buscados y resolver de un plomazo, perdón un plumazo el grave problema de inseguridad que tenía aterrorizados a los saltillenses, es algo que los que se enteraron, no perdonan.

Eso como antecedente. Ahora a lo de ahorita, en un acto que pudo ser decisivo para demostrarle a todos los delincuentes activos y criminales en potencia de qué madera está hecho en régimen en materia de seguridad pública, al Ejército Mexicano se le obligó a doblar las manos ante una banda delincuencial disfrazada de autodefensas, pero dijéramos eso fue todo, se dobló la ley, se cedió en toda la línea ante quienes la estaban violando a sabiendas. El comunicado de la Secretaría de la Defensa no tiene desperdicio: “con la finalidad de no provocar una desgracia, los soldados entregaron su armamento, se temía la opción de que ingresara un mayor número de efectivos militares para rescatar a sus compañeros, sin embargo se optó por devolver el armamento que se había asegurado con el fin de evitar dañar a la población civil y preservar la vida de los soldados…” cualquiera puede leer entre líneas la furia de los altos mandos de la SEDENA al tener que devolver un armamento que es de uso exclusivo de las fuerzas armadas, y que apueste lo que quiera, será usado en su contra mañana, la próxima semana, cuando sea, porque para eso lo tienen en su poder estos cuates, que habían secuestrado a soldados, vale decir, a servidores públicos representantes del gobierno federal, que tan solo por esto, alcanzarían penas de siglos de prisión, pero no, se opta por llevarla fácil, en un hecho que marca desde ya la moral castrense y su respeto a la investidura presidencial, porque la experiencia dice que así no se hacen las cosas.

¿Y mientras tanto qué pasa en Coahuila?, ¿las corporaciones policiacas, el gobierno del estado trata a los criminales como se ordena al Ejército tratar a aquellos con los que se topa?, en los hechos y en el discurso, acá no se andan por las ramas, tomado textual de la nota aparecida en El Demócrata el día 27, ante el ataque de presuntos integrantes del Cartel del Noreste a las instalaciones policiacas de Monclova, el gobernador Miguel Ángel Riquelme Solís sentenció que la lucha contra la delincuencia organizada es permanente, y que su gobierno atacará a todo aquel que atente contra la paz y la tranquilidad de los coahuilenses, aunque un poco fuerte, por lo que en general se omite de los discursos políticos, el gobernador prometió reprimir a los delincuentes allí y cada vez donde se les ocurra poner a prueba las instituciones, como han venido haciendo las últimas semanas en diversos puntos de la entidad.

Cuando los delincuentes han emboscado, porque eso es lo que han hecho, a personal policiaco, estos no han huido, han respondido con toda su capacidad de fuego, hasta en tanto llegan refuerzos que les dan el tratamiento recetado por la autoridad estatal. Allí donde han ido a tirar cadáveres, o donde han atacado instalaciones policiacas, la Fiscalía General ha demostrado una eficiencia y una velocidad que no puede ser calificada de otra manera que inusual, han capturado a varios, no a todos los perpetradores, pero su record es encomiable.

Vale decir que en los eventos que se han sucedido en Coahuila, se ha contado con el apoyo de fuerzas federales, además del que brinda o el Ejército o la Marina, que no se han andado con que si sí o si no, a los balazos han respondido con balazos, y es que, dicho con todas sus letras, estos criminales no dan oportunidad de darles los abrazos prescritos por el régimen.

La cuestión aquí es si al Ejército que se le impidió intervenir para prevenir el accidente que costó la vida a un centenar de huachicoleros en el Estado de Hidalgo, o ahora que se le obligó a rendir armamento decomisado en Michoacán, ¿se podrá seguir contando con ellos a la hora de los constantes incidentes con las bandas del crimen organizado?, sería lamentable que contando con su presencia en la zona, con su armamento, preparación y decisión, se les deje como monos de palo mientras los que se la rifan son los policías estatales y los municipales.

En los rollos siempre se habla de coordinación entre las fuerzas de los tres niveles, pero en las últimas fechas la más fuerte de todas es la que está fallando, y no porque lo quieran, sino porque les ordenan no intervenir, no se nos ocurre una peor forma de acudir a un enfrentamiento con delincuentes, que llegar con orden de no intervenir.

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