fbpx

El absurdo operar de los sicarios

Baile y Cochino.-

Escribe: Horacio Cárdenas.-

coahuila-policia

De cuando, como todos los de nuestra generación, nos leímos aunque fuera los pies de foto, o íntegros los libros del Reader’s Digest sobre la Segunda Guerra Mundial, nos comenzó a llamar la atención la relación que existe, o debería existir entre los objetivos militares que los ejércitos y las naciones pretendían alcanzar, y los recursos económicos, materiales y humanos que estaban dispuestos a comprometer para alcanzarlos.

En una foto de la campaña de la entonces URSS, aparecía una columna de pesadísimos tanques norteamericanos detenida en un puente, y aparece un general del ejército soviético dando la orden de que sus soldados tiraran el tanque al río, para que los demás pudieran continuar el avance. ¿Cuánto costaba, a precios de aquellos tiempos un tanque Sherman nuevecito? lo que usted quiera, pero en el esfuerzo global de la guerra, tirar sus cincuenta toneladas de acero más su armamento y municiones era un sacrificio mínimo, si lo que se pretendía era llegar lo más pronto posible a sonarle a los nazis.
Esto nos recuerda otra escena parecida, en los días finales de la guerra de Vietnam, los helicópteros norteamericanos estaban terminando de evacuar al personal de la embajada en Saigón, hicieron muchos viajes entre el techo del edificio y la pista de un portaaviones, y en el momento en el que algún gran jefe dijo hasta aquí, en ese instante los que se quedaron, se quedaron. La escena que nos llamó la atención fue como el personal del portaaviones empujaba los gigantescos helicópteros de transporte para tirarlos al mar. Esas máquinas hubieran servido todavía muchos años, sobre todo en países como el nuestro que los comprábamos usados, pero no, enteritos, al océano con tal de no irlos cargando hasta Estados Unidos de regreso. Así se las gastan.
La frase misma “carne de cañón” casi que no necesita explicación, si acaso una breve descripción, tomada también del libro del Reader’s Digest, en la misma campaña de Rusia: los cosacos tenían fama desde siempre de ser muy valientes, tal vez demasiado valientes para su propio bien. Así las cosas, y todavía cuando los alemanes iban ganando terreno, la caballería cosaca se lanzaba a todo galope contra los tanques Panzer, cuyas tripulaciones no tenían ningún empacho en disparar sus cañones a quemarropa, ni que decir que la gran mayoría de los integrantes de aquellos escuadrones de caballería… no sobrevivió, ni siquiera logró acercarse lo suficiente a los tanques, que para acabarla, iban protegidos por infantería. Pero con uno que pasara… porque esos cosacos medio locos y muy salvajes aventaban una triste granada por las mirillas, neutralizando el poderoso armatoste, se sacrificaban decenas o cientos, pero con que uno pasara, ya valía la pena lo de la carne de cañón.
Todo esto viene a cuento porque de un par de meses a esta parte se han venido sucediendo ataques a sedes policíacas en distintos municipios de Coahuila, en ataques a los que no les encontramos demasiado sentido, vamos, no nos queda claro a nosotros, y conste que no somos criminólogos ni nada por el estilo, ¿Cuál es el objetivo táctico o estratégico de balacear con armas automáticas, obvio de alto poder, los muros y las ventanas de las oficinas de la Fiscalía, de la policía municipal de aquí o de allá?
Va de anécdota: el sargento Esparza, chofer y escolta de un alto jefe policíaco, se quejaba amargamente de que desde que su compañero con el que completaba el horario de doce por doce horas, se había desertado, su patrón le cargaba la mano, teniendo que cubrir 18 y hasta 24 horas continuas de servicio. No faltó quien le dijera que no exagerara, que él podía perfectamente dormirse el tiempo que quisiera en la patrulla, a lo que el sargento contestó: todo el mundo sabe que es una patrulla aunque no traiga insignias, cualquiera le echa desde balazos hasta basura, o le ponchan una llanta, así que hay que estar despierto para espantarse las moscas, y sí, las horas se pasan aburridas, pero esas y no otras son las reglas del juego que aceptaron jugar. Hasta aquí el cuento.
Regresando a lo que pasa en Coahuila, el policía que está de servicio, en las instalaciones, de clavo, patrullando, sabe a lo que se expone, sea novato o curtido, por el solo hecho de estar de turno, o incluso fuera de él, sabe que está expuesto a que lo señalen, a que lo saluden, a que lo balaceen, a que lo quieran levantar, a lo que sea. De allí nuestra hipótesis, de que: si los del grupo criminal que anda dando lata en distintas partes de Coahuila, quiere espantar a los policías, acobardarlos o bajarles la moral, andan de lo más perdidos. Ningún policía de servicio está rezando porque no ocurra nada en lo que le falta para entregar el turno, están para atender lo que sea, y en ese lo que sea, entra precisamente el repeler cualquier agresión a su persona, su vehículo o las instalaciones, faltaba más que se asustaran porque es hora de ponerse a trabajar, se escondieran abajo del escritorio y desde allí escribieran su renuncia.
Sin llevar las cuentas al dedillo, los ataques a sedes y patrullas policiacas, le han salido mucho más caras a los delincuentes que a las corporaciones atacadas, y en cuanto a que la moral haya salido afectada, nos atrevemos a decir que al contrario, los policías, los mandos y el gobierno están más encorajinados que asustados. De los incidentes en Ramos Arizpe, Nueva Rosita, Sabinas, Piedras Negras, Acuña, Monclova y algún otro que se nos escape, la contabilidad de los muertos y heridos es muy superior para los atacantes que para los policías, a los que sí, no digo que no se espanten, pero es más fácil que les salga úlcera por el enojo que otra cosa cualquiera.
La cuestión aquí es que el grupo criminal de referencia está errando sus objetivos, en vez de consolidar un grupo fuerte de sicarios, le está demostrando a cada uno de ellos, de los que quedan vivos, que si acaso cuentan para algo es como carne de cañón, literalmente los están mandando al matadero… y los están matando, el otro objetivo, el de intimidar a la fuerza pública, no está funcionando, como si dijéramos, les está saliendo el tiro por la culata, pues al verse atacados recurrentemente están respondiendo con mayor efectividad que la que hubieran tenido si los hubieran dejado en paz.
En fin, mentalidad de delincuentes, a los que no les están saliendo las cosas, ni de lejos, como se las platicaron o las vieron en una película.

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Powered by WordPress.com. Tema: Baskerville 2 por Anders Noren.

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: