Baile y cochino.-
Escribe: Horacio Cárdenas Zardoni.-

Lo comentamos en este mismo democrático espacio: en materia de seguridad pública nos iba a salir más caro el caldo que las albóndigas, sin que nadie nos garantizara que la carne de la albóndiga fuera orgánica, sin hormonas, sin pesticidas, de vacas contentas, como las que se tragan los funcionarios de la Cuarta Transformación en los restoranes de las dependencias públicas con cargo al erario.
La nueva ley de la Guardia Nacional previene que ya las cosas no son como en los tiempos neoliberales, que se mandaba la policía federal o la tropa, y el gobierno de la República se hacía cargo de los gastos, menos claro, lo que solidariamente quisiera cada gobierno estatal o municipal entrarle con su cuerno, no, gracias a las reformas más capitalistas que se hallan visto en mucho tiempo, ahora la que quiera azul celeste, que le cueste, que puesto en términos de la administración pública: entidad federativa o municipio que requiera del apoyo de las fuerzas federales, tendrá que cubrir íntegros los gastos de su estancia, hospedaje, alimentación, combustible, más todo lo que la Secretaría de Seguridad Pública o el mando de la Guardia Nacional tenga a bien facturar, uno debe de recibirlo, y pagarlo agradecido ¿O no vienen en calidad de héroes a repartir abrazos en vez de balazos?
Pues bien, esa disposición legal es para acá con la raza de bronce, léase los estados federados, porque para con “entidades superiores”, la cosa cambia. Dentro del gran plan, lo que algunos han denominado la gran rendición del gobierno de Andrés Manuel López Obrador ante la persona de Donald Trump, no necesariamente ante el gobierno norteamericano, ya parece que le van a pasar factura al Departamento de Tesoro de los Estados Unidos por el sostenimiento de seis mil hombres, desplegados en campaña a lo largo de la frontera sur de nuestro país.
Seis mil hombres… ¿A cuánto equivale en términos militares, a un par de brigadas, a una división?, aquí la pregunta es importante porque viene otra todavía más relevante ¿Qué no existía presencia militar en la región, en cantidad y calidad suficiente para realizar las tareas que le fueran encomendadas, entre ellas, el resguardo de las fronteras, hasta donde sabemos, una de las tres misiones del Ejército Mexicano?
Desde nuestro muy modesto punto de vista y dejando constancia de que nos reprobaron en el examen de ingreso al Heroico Colegio Militar, si en una región dada hay personal y material suficiente ¿Qué caso tiene movilizar otras unidades desde otros sitios, unidades que en teoría ya tienen asignadas funciones?, son cosas de relaciones públicas nos queremos imaginar, no de estrategia militar o paramilitar; anda allá por los Washingtones el canciller Marcelo Ebrard comiendo cacahuates de gorra, porque no hay dinero ni para sus viáticos, y quieren movilizar una fuerza enorme, que por necesidad va a costar un ojo de la cara.
Pero claro, la situación está aparentemente clara, quieren mandar una unidad nuevecita, filosóficamente formada, es un decir, en la ideología de la cuarta transformación, en vez de utilizar las tropas regulares, que sí, tendrán la mística de décadas del ejército mexicano, pero de lo que se trata es de decirle a Trump que están mandando lo más granadito a resolver el problema que le quita el sueño, y tanto es así, que así se estaría cerrando la pinza, pues por allí ya se soltó el borrego de que el Comando Sur desplegó más tropas, todavía más, en Centroamérica. Entre las fuerzas federales mexicanas y las norteamericanas… terminarán acorralando a los migrantes centroamericanos, a los que les quedará poca opción que tirarse al mar, bueno siempre pueden elegir si se avientan al Pacífico o al Caribe, para que no digan que no se les dejan alternativas.
Mientras eso ocurre en la mesa de negociaciones, que no es lo mismo que decir que ya salieron los primeros aviones de transporte de personal para llevar a la Guardia Nacional a su lucha en la selva contra los invasores centroamericanos, nos enteramos que desde hace cuatro o más meses permanecen acantonadas ¿Así se dice?, fuerzas federales en la capital de Coahuila, y están acantonadas porque a pesar de tener a su disposición suficientes unidades ligeras de transporte, a nadie se les ha ocurrido aprovisionarlas de combustible para que puedan salir de patrullaje o a realizar operativos. Cuando los ha habido recientemente, estos han corrido a cargo de la Secretaría de Marina, que llega con todos sus pertrechos, y a los federales ni un hueso les tira nadie.
Cuando llegó esta fuerza por allá por abril, la gente lo vio con buenos ojos, se tranquilizaron de que por fin llegaba gente preparada y habilitada para lo que fuera, oh sorpresa, allí están, dicen que cien hombres, aburriéndose en el hotel allá en el entronque a Derramadero, porque el todo poderoso secretario de Hacienda también le pasó la trasquiladora al presupuesto de operaciones de la Policía Federal. Y si están confiados que ya les va a llegar, déjenme enfriarles gachamente el entusiasmo que todavía pudiera quedarles: toda la lana que hay en el rubro de seguridad… se va a ir a la frontera sur, el gobierno de México tiene muchos migrantes que echar al otro lado del Suchiate.
Pero dejándonos de barrabasadas. Hasta donde se dio a conocer, la Guardia Nacional se integró sí de personal civil que levantó la mano diciendo quiero ser, pero a la antigüita, se echó mano de personal del ejército, quizá por desconocimiento o porque todo les vale, vieron en la orgánica de la SEDENA tantas brigadas de policía militar, y dijeron estas nos sirven. En nuestros tiempos no existía un Arma de policía militar, eran brigadas de infantería dedicadas a esa función y con ese nombre, policía militar, fuera de eso eran pura pata de perro. Pero fíjese que curioso, lo mismo hizo en su momento Enrique Peña Nieto para formar la Policía Federal, tomar brigadas enteras del ejército para destinarlas a tareas de vigilancia y patrullaje.
A lo que vamos: son soldados de origen, vestidos unos de azul, los federales, de gris los de la Guardia, pero finalmente juanes. Si esa y no otra es la realidad ¿Por qué no dejar a los soldados de verde, que para rematar, están allá destacamentados, hacer lo que les toca, en vez de estar moviendo azules y grises por todo el país a un costo millonario, que para acabarla, nadie va a pagar como no sea el gobierno federal, del dinero que es de nuestros impuestos, dinero que además está escasísimo como nunca antes en estos tiempos de austeridad? En la Cuarta Transformación los errores se corrigen con errores, pero disciplinadamente, nadie dice nada.

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