De Torreón a Lerdo… Y de Salinas a López Obrador

BAILE Y COCHINO…

Por Horacio Cárdenas.-

metrobus

Para la gente que ya peina canas, o se lustra las calvas, no le será difícil recordar aquel comercial, bueno, aquel anuncio propagandístico de la época de Carlos Salinas de Gortari, en que unos niños platicaban sobre lo felices que estaban, pues ahora cuando iban al colegio, ya no se llenaban los zapatos de polvo en temporada de secas y de lodo cuando llovía, pues el gobierno les había construido calle y banquetas en sus otrora meros arroyos. Difícil no recordar la publicidad oficial, pues la repetían machaconamente hasta el embrutecimiento, como medida para que el programa consentido del régimen, el mismo que debía servir de plataforma para la continuidad del grupo en el poder, y tanto que el responsable del tal programa de Solidaridad, desde la Secretaría de Desarrollo Social, fue designado candidato del PRI a la presidencia.

Pero más recordado es el anuncio de referencia porque fue ampliamente criticado por politólogos, sociólogos y sobre todo por economistas, pues la estrategia gubernamental de aquel malhadado sexenio era eminentemente asistencialista, pero no fomentaba el empleo, de manera que sí, a lo mejor contribuían mediante dádivas y limosnas a la solución de los problemas inmediatos, en vez de posibilitar que la población estuviera en condiciones de resolver esos sus problemas, mediante la aplicación de su propio dinero, su inteligencia y su esfuerzo, aunque claro, a nadie escapaba que la intención de fondo del entuerto Solidaridad era esencialmente electorera, de hecho de aquella época viene la palabrita.

Haciendo burla del mensaje publicitario, los críticos decían “sí, ya tienes banqueta para que no te ensucies los zapatos, ¿pero a dónde vas tan elegante si no estudias y no trabajas?, mejor vuelve a meterte en tu casa a esperar que llegue otro representante del gobierno a ver qué más te da, una beca, una despensa, una limosna a cambio de la credencial de elector. La gente que se oponía al programa Nacional de Solidaridad tenía una visión muy idílica del pueblo mexicano, quienes se supone lo único que realmente querrían del gobierno es una oportunidad de ganarse la vida decorosamente, que las “gentilezas” de los programas federales solo las aceptaban porque no les quedaba otra opción, pero si la tuvieran…

Pero para que vea que es cierto eso de que quienes no conocen la historia corren el riesgo de repetirla, o por el contrario, por no conocer otras posibilidades, buscan el regreso precisamente de eso en lo que se formaron. Periódicamente aparece en los periódicos impresos e invade las redes sociales una fotografía en la que aparece Andrés Manuel López Obrador, entonces un jovencito, pero ya un valioso activo del sistema político, junto a quien en ese momento regía los destinos de la nación, Carlos Salinas de Gortari, de quienes muchos sospechan que no pasó a retiro al terminar su sexenio, sino que siguió mangoneando, específicamente la política priísta, cuando el PRI todavía gobernó.

Para bien o para mal, claro que existió un vínculo entre Salinas, el odiado, el vilipendiado, el bautizado como innombrable, y el luchador social por excelencia, López Obrador. Punto y aparte de todos los puntos de contacto o desencuentro que pudo haber antes y después, se reconocen dos posibles: la relación superior subordinado, y no menos importante, la de mentor discípulo, y en esto podemos encontrar un hilo para explicar lo que está pasando en la Cuarta Transformación, que en nuestra opinión, se parece mucho a las anteriores transformaciones, coincidiendo en pretender cambiar pero solo en apariencia, para que todo siga igual.

Lo ocurrido en Durango el fin de semana en un evento multitudinario presidido por, valga la redundancia, el presidente de la República, se puede interpretar como un acto eminentemente populista, no muy diferente de la manera de hacer las cosas en el sexenio de Carlos Salinas, y no porque a este le encantaran los actos de masas, pero sí mangonearlas. Eso de supuestamente empoderar, otra palabrita de moda, al pueblo de la región lagunera de Durango, para que allí mismo, delante del gobernador del estado José Rosas Aispuro, tomaran la decisión de cancelar el proyecto de transporte suburbano conocido como Metrobús, y con el dinero que había presupuestado para esta obra, resolver problemas de agua potable, que por lo demás, es gravísimo en la zona. Muchos han acusado a la administración de Andrés Manuel de ser un gobierno de ocurrencias, sería interesante saber si el presidente llegó al evento ya con la idea de darle cran al Metrobús, o le nació en ese instante preguntar como la masa, ni que decir conformada por puros morenistas de hueso marrón, ¿Qué prefieren Metrobús o agua?, recordando guardadas las proporciones a un tal Poncio Pilatos que a la hora que pregunta si la brosa judía quería a Jesús, esta contestó que les entregara al buenazo de Barrabás, ni más, ni menos.

El caso es que, La Laguna se queda sin Metrobús como proyecto interregional, lo que ya se hizo en Coahuila bueno y santo, solo faltaba que lo quisieran inundar como al Aeropuerto de Texcoco, y la parte de Durango, a la goma. Al caño se fueron planes, proyectos ejecutivos, inversión inicial, todo, ah pero como eso es lo que el pueblo bueno y sabio de  La Laguna quiere, pues eso es lo que tendrá.

No es que el Metrobús fuera la gran idea, pero era una idea, que daría servicio y aliviaría tráfico, contaminación, llegadas tarde al trabajo, inseguridad y otros más, y lo más importante, contribuiría a la mejor integración de la región. Pero no, los morenistas que fueron al mitín donde se hizo la consulta a mano alzada, seguro ellos no sufren para llegar al trabajo o a la escuela, a ellos les llega su beca nini, depositándoles el dinero en una tarjeta, por eso pueden darse el lujo de decidir sobre el tránsito de cientos de miles de personas que se tienen que desplazar para sus actividades cotidianas, y para las que el Metrobús era un alivio y una sensible mejora sobre la situación actual.

Nos acordamos de aquella estrofa del corrido De Torreón a Lerdo:

(Vámonos pa’ Durango)

Bonito Gómez Palacio, Región de Durango

detrás del Río Nazas

cuando el vergel lagunero

donde se vive despacio

y al ver las muchachas

hay que quitarse el sombrero

Pero qué esbelta mujer

la que pasea por Torreón

por la Avenida Morelos y la Calzada Colón

se mecen igual las palmas

al ritmo de mi canción

Que gracias a la ocurrencia presidencial seguirá como hace un siglo, muy populista pero ajeno a las necesidades de la vida moderna.

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