Baile y Cochino.-
Escribe: Horacio Cárdenas Zardoni.-

Dicen los clásicos que las casualidades no existen, y en política, todavía menos. México está viviendo uno de los momentos más bizarros que podamos recordar, en materia de eso que han dado en llamar pomadosamente los fifís intelectualoides, la gobernanza, lo que anteriormente los entendidos y los bisoños llamaban genéricamente el sistema, y más en confianza, la grilla o la polaca. De ver tanto merengue en la rex pública se escuchan lastimeras voces pidiendo la resurrección de Jesús Reyes Heroles, el viejo, no para que nos explique lo que en apariencia no tiene ni pies ni cabeza, sino para que ponga orden en este desastre.
Los hechos no se van sucediendo, se van amontonando, llevando las buenas noticias de un instante a convertirse en las pésimas del momento siguiente, llevando de la más exaltada euforia a la más tenebrosa depresión a gente que, en otros tiempos se sentía desencantada de la vida y del amor, pero que en la Cuarta Transformación había visto lo que esta misma promocionaba candorosamente, un rayito de esperanza, pero fuera de que este rayito nos fulmine de un golpe, nomás no vemos que alumbre para nada el proverbial oscuro túnel.
Las buenas noticias para el pueblo bueno y sabio, pero que luego de tantas afrentas lo que quiere es que corra sangre de corrupto, comenzaron con la aprehensión de Alonso Ancira Elizondo en su refugio mediterráneo de Palma de Mallorca, eso por un lado, y la orden de aprehensión girada por la Fiscalía General de la República contra Emilio Lozoya, uno de los consentidos del sexenio pasado, quienes se sirvieron con la cuchara grande el sexenio pasado. Si claro, no faltó el aderezo de los amparos otorgados inicialmente a Lozoya, pero como la Fiscalía en un destello de colmillo había puesto candados al mismo, el interfecto ni pagó la fianza, ni se presentó a declarar, ni nada de nada, actitud que el juez interpretó como desacato, y sobre, ahora sí, donde lo encuentren, le dan el tratamiento super special de la justicia a la mexicana.
Las cosas sonaron todavía mejor cuando el abogado de Lozoya, un tal Javier Coello Trejo, que fue subprocurador de la PGR, dejó ir que su defendido no hizo nada sin el conocimiento de quien era su jefe y amigo, Enrique Peña Nieto, a quien no dudaría en citar. Las cosas pintaban de lo mejor, pero todavía podían superarse: el gobierno de los Estados Unidos dio a conocer que investigaba al expresidente de México por presuntamente haber recibido sobornos para autorizar la compra fraudulenta de una planta de fertilizantes por parte de PEMEX, parecía que la pinza comenzaba a cerrarse, pero…
Pero en su conferencia de prensa mañanera el presidente de la República reiteró lo que ya había dicho todavía antes de asumir el poder: que él no iba a perseguir a los expresidentes por corrupción, él que había ganado la elección precisamente con ese mandato ciudadano, castigar a los que habían convertido al país en un negocio personal, decía que era momento de unidad y reconciliación, de borrón y cuenta nueva, total nada, o sí, más de lo mismo, en espera de que quien lo suceda en el cargo en el año 2024, o antes si en la consulta de revocación de mandato no le dan un patín en blanda sea la parte, lo perdone igual.
Andrés Manuel reiteró pues que no va a haber persecución, a menos que… el pueblo bueno decida que se haga una consulta, y que una vez que esta se realice, sea el pueblo el que mandate que vayan sobre los corruptos de sexenios idos. En esto pueden irse meses o años, preciosos, porque ya sabe cómo es la justicia en México, como si fuera un pomito de yogur, tiene fecha de caducidad. No importa que mate, viole, traicione, perjudique al pueblo, robe a la nación, el tiempo que todo lo cura, sana sana colita de rana, sin necesidad que haya tenido que pasar un minuto en la cárcel, vamos, sin que un juez haya girado una orden de aprehensión o un agente de la ministerial le haya tocado con el pétalo de su puño.
Y no hablamos por hablar, al momento de teclear estas líneas nos enteramos que la Fiscalía Especializada en Delitos Electorales, la tristemente inútil FEPADE, recién emitió su dictamen de que la acusación de que Odebrecht había invertido dinero ilícito en la campaña de Enrique Peña Nieto, quedaba sin efecto pues el término de prescripción del delito… había prescrito. No sé porque nos sorprendemos, las cosas no podían ser de otro modo, durante todo el sexenio anterior no iban a hacer nada contra el presidente, por más evidencia de culpabilidad que hubiera, pues todavía dejaron correr seis meses más, para terminar diciendo que no, el tiempo se había terminado para hacer nada contra Peña ni contra la empresa compradora de presidentes en toda América Latina. Al menos por eso, por lo de la FEPADE convertida en FEDE y por la cobarde caludicación de López Obrador, el copetón puede dormir tranquilo.
Pero hay un Dios, dicen que dicen por allí, y seguramente este reside en Chihuahua, donde por las razones que usted guste y mande, odios personales, ambición política, gusto por los reflectores, por puro egoísmo o llevarle la contra al mundo entero, el gobierno promovió una controversia constitucional ante la Suprema Corte de Justicia de la Nación, para poder llevar a juicio, juzgar y sentenciar a Enrique Peña Nieto, acusándolo de que durante su gestión como presidente intervino ilegalmente en las elecciones en varios estados, entre ellos, por supuesto Chihuahua. De por sí el estado vecino había ganado la atención política del país con la detención y proceso de Alejandro Gutiérrez Gutiérrez, coneja originaria de Saltillo, Coahuila, quien habría operado la transferencia ilegal de recursos públicos hacia la campaña del PRI a la gubernatura, ahora van sobre Enrique Peña Nieto.
Sólo imagine la escena: unos agentes, unos veinte o treinta, acudiendo a detener al expresidente a su domicilio, en el país, en España, o donde sea, lo esposan y lo trepan en una julia y luego en un avión de línea (por aquello de la austeridad republicana) de preferencia de Viva Aerobús, y van y lo hacen tocar el piano, antes de pasarlo a su celda, una cercana a la de La Coneja Gutiérrez, quien con gusto volvería al penal Aquiles Serdán, con tal de poder decirle dos o tres frescas a quien siente que lo abandonó en lo peor de su proceso, que por cierto todavía no acaba.
Ante la actitud blandengue de un presupuesto que es todo abrazos y besitos, de una FEPADE cobarde y vendida, ante un poder judicial que solo ve para su santo, allí está Chihuahua sacando cara por la justicia mexicana, al grado que llegó a enfrentar con policías estatales a los federales que mandaban para llevarse a México a Alejandro Gutiérrez. Que a lo mejor igual no pasa nada, pero ahorita, aparte de lo que hagan los Estados Unidos, aquí en México solo Chihuahua juega por México… ¡me estás oyendo Peje!

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