BAILE Y COCHINO…
Por Horacio Cárdenas Zardoni.-

Una de las frases más claridosas pronunciadas por César El Tlacuache Garizurieta, y adoptadas como reglas de hierro dorado por el sistema político mexicano, es aquella de “la ignominia antes que la renuncia”, expresión que sería jocosa, de hecho lo es, de no ser por las implicaciones que trae consigo relativas a la autoimagen del individuo, en este caso del servidor público, pues El Tlacuache siempre escribió y opinó sobre el trabajo de gobierno.
De hecho, y en términos caricaturescos más cargados a la iniciativa privada, encontramos una frase, reflejo de una actitud y un concepto existencial muy parecida a aquella del periodiquero tuxpeño, en la sentencia de Boogie El Aceitoso, genial caricatura de El Negro Fontanarosa, de que “ningún trabajo es demasiado vil para un mercenario”, sobre todo cuando el citado mercenario se empeña en conservar el empleo y su pequeño o gran espacio en la nómina de que se trate.
El primer punto de vista se refiere a quienes trabajan en el gobierno, el segundo para quienes laboran para alguna empresa o patrón, y sin embargo el énfasis es el mismo, hay que hacer cualquier cosa, cualquiera, con tal de mantener el estatus que tienen, que igual puede ser excelente al grado de merecer el sacrificio que se exija, o bastante modesto, pero ya ve como somos de cobardes a veces los seres humanos, que nos aferramos al proverbial clavo ardiendo.
De las tantas cosas ignominiosas que se le pueden pedir a una persona, es que pida perdón, porque los humanos también tenemos nuestro orgulloso corazoncito y sin importar qué tan cristianos manifestemos ser, de dientes para afuera, eso de pedir perdón, es algo que a todos nos cuesta, y tanto es así, que hasta se ha vuelto una expresión de soberbia eso de decirle a un enemigo: pues te perdonará dios, pero lo que es yo, yo no te perdono. Así podemos llegar a ser, más rencorosos que el mismísimo creador ante el que van y se arrodillan en la misa, confesando sus culpas y pidiendo perdón por los pecados, pero que uno haga lo mismo con el que nos hizo el feo alguna vez, eso desde luego que no.
Los únicos que medio han adoptado la práctica de pedir perdón, que no es de mucho extrañar, son los políticos católicos. Allí tiene al mismísimo Papa en turno, pidiendo perdón a los judíos por la traición que les jugaron en la Segunda Guerra Mundial, a los indígenas a los que masacraron durante la conquista, a una que otra víctima del Santo Oficio de la Preservación de la Fe, pero tampoco se crean que a todos, porque al Cura Hidalgo y creo que hasta a José María Morelos les habían levantado la excomunión, pero eso no es perdón, lo mismo aunque por otras razones, a Galileo Galilei y a Giordano Bruno, ambos asados a fuego lento en plazas públicas por sus ideas científicas, calificadas de herejías, ya pueden entrar al cielo, pero no se les pidió perdón, faltaba más.
Hay casos en los que algunos gobiernos han armado un tinglado para pedir perdón por crímenes de lesa humanidad, pero entre tanta floritura, termina por perderse el sentido del supuesto arrepentimiento. En algún momento Alemania se condolió de lo que les había hecho a los judíos, de hecho uno de los primeros museos de la memoria está precisamente en Alemania, pero este país no le ha pedido perdón a los polacos, rusos, franceses y demás naciones que invadió y pueblos que intentó aniquilar junto con etnias o grupos. A esos no se les pide perdón, porque aun el arrepentimiento debe tener límite, si no al rato cualquiera se trepa a las barbas, y eso no le conviene a nadie.
Hay perdones que se han exigido y siguen sin obtener más respuesta que un silencio furioso, es el caso de China que ha pedido reiteradamente a Japón que se disculpe por los crímenes de guerra cometidos contra su pueblo, y no, los orgullosos japoneses, si por ellos fuera, volverían a invadir China, y de pedir perdón nada. De estos casos hay muchos, pero bueno, aquellas naciones tienen menos práctica en humillarse hipócritamente que la que tenemos los occidentales.
Ahora que en Coahuila se armó una ceremonia para pedir perdón por lo ocurrido en el norteño municipio de Allende en el año 2011, se conjuntan circunstancias que hacen menos dolorosa la humillación, y por lo mismo, menos efectiva de lo que debería ser.
Lo hemos dicho muchas veces junto con bastantes periodistas que se hacen eco de los reclamos de la población, lo que ocurrió en Allende y que presumiblemente costó la vida de más de trescientas personas, fue una omisión en la actuación de los distintos niveles de gobierno. Ni la federación, ni el gobierno estatal, ni el municipal, se atrevieron o se interesaron en parar lo que se reportaba desde el primer momento como una masacre. Habiendo soldados en la zona, policías federales, ministeriales, municipales, todo el mundo prefirió hacer como si no estuviera pasando nada, lo cual no debería quedar solo en que pidieran perdón los funcionarios responsables de la fuerza pública, sino ser procesados por fallar en el cumplimiento de su deber.
Que vayan a Allende la secretaria de gobernación Olga Sánchez Cordero, que acuda el gobernador Miguel Riquelme, es simbólico… pero no es suficiente. Tan sencillo como que ¿qué les puede doler si ninguno de ellos gobernaba en ese momento, y lo que sí tenían el poder, todavía andan por allí?, Felipe Calderón era presidente de la República, Jorge Torres López era gobernador, y bueno, él está en el bote pendiente de extradición, pero eso es por el pedestre delito de lavado de dinero, no por lo que dejó de hacer respecto a la masacre de Allende, de la cual según reportan las crónicas, estaba bastante cerca, en una fiestecita en Piedras Negras cuando le avisaron lo que sucedía, prefirió literalmente volar, que hacer frente a la situación con toda la fuerza del estado a su disposición.
Para el caso, también deberían pedir perdón todos aquellos que estuvieron a cargo de las investigaciones, y a lo que se dedicaron durante su responsabilidad, fue a entorpecerlas, a ocultar datos que pudieran resultar políticamente incorrectos, mientras que la pista se desvanecía.
El colmo de la desfachatez fue cuando dijeron que muchos de los perpetradores de la masacre, o ya estaban muertos o estaban presos en Estados Unidos… total, nada había que hacer ya, según ellos.
En fin, la ceremonia del jueves, un pedir perdón por algo que ellos en lo particular no hicieron, se acepta como mera cortesía, pero lo que falta ahora es la acción, que ahora sí le entren a investigar, a detener, a procesar a los criminales, como mínima restitución de la dignidad de una masacre que ni siquiera reconocen.
Y bueno, ya que este es el sexenio de los abrazos y no balazos, de pedir perdón y hacer como que hacen justicia, ¿Por qué no se pasan por Pasta de Conchos, pero no a pedir perdón, sino con una pala cada quien para excavar los primeros dos metros en busca de los cuerpos de los mineros allí sepultados?, tampoco sirve de nada ese perdón, pero por lo menos que les salgan callos en las manos, y que además les duelan mucho.

REUNIDOS LOS PRINCIPALES VIOLADORES A DERECHOS HUMANOS, QUE FARSA. HASTA EL RECIÉN
NOMBRADO OMBUDSMAN AMIGO DE RIQUELME Y COFIÑO, NO TIENEN PERDÓN DE DIOS TODO CON TAL DE SEGUIR CONSERVANDO SU PODER. POBRES POLÍTICOS, YA LES LLEGARA SU HORA.